Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El dilema moral de 2020

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Con las nuevas reglas electorales, una vez que se reciba el veto, tendremos marcada la cancha para las elecciones del 2021: eso significa que el 2020 será un año electoral por excelencia. Desde su inicio seguramente los ecuatorianos empezaremos a sentir cómo el ambiente de elecciones va permeando y creciendo como espuma. Podemos afirmar que nos espera un año bien movido, en términos políticos, en medio de  una realidad económica difíci, y con problemas sociales complejos como el aumento del desempleo.

A todos nos tocará lidiar con campañas y precampañas políticas en medio de un ambiente de fragmentación social que no está superada y, peor aún, amenazados por el fantasma de la corrupción que, disfrazado de movimiento político, querrá volver a recuperar su espacio y terminarse de llevar lo que no alcanzó. Esto si los  actores políticos y los ciudadanos no actuamos con inteligencia y patriotismo.

Salvar al Ecuador de repetir la historia de desmantelamiento de la democracia, que empezó hace un poco más de una década, debería ser una tarea para ejecutar en el 2020. Si la lucidez logra arraigarse en el imaginario ciudadano y político, quizás se puedan sentar las bases para llegar a un 2021 que, en lo electoral, nos ofrezca esperanza en lugar de desazón.

Desde ya se avisora un gran dilema moral que tendremos que afrontar todos en este año electoral que viene. Porque, desde distintos sectores, tanto los ciudadanos como los actores políticos, así como los gubernamentales, deberán  escoger entre continuar con la comodidad del statu quo o afrontar el 2020  con una clara intención de cambio: en actitud, en responsabilidad ciudadana y tolerancia, pero también exigentes ante los movimientos y partidos que se vayan a postular.

Tratando de hacer un resumen de los dilemas morales que todos afrontaremos podríamos decir que:

  • Los movimientos y partidos políticos, deberán decidir si quedarse en su área de confort o plantearse nuevos retos si quieren conseguir votos: siempre podrán repetir cromos en sus candidaturas, buscar candidatos en la televisión o en la cancha o, por el contrario, fortalecer sus filas con perfiles profesionales y buenos liderazgos que generen confianza en los ciudadanos.
    Pero también, con un fondo partidario más amplio, en el 2020 deberán escoger entre la opacidad de ocultar los aportes para la campaña o transparentar sus cuentas de forma apropiada, marcando una ruta para el ejercicio la política con transparencia.
  • Con listas cerradas los ciudadanos tenemos nuestro propio dilema: podremos volver a ir a sufragar buscando rostros conocidos o podemos escoger informarnos más, enterarnos de los planes de trabajo que plantean los movimientos y, sobre todo, medir a los candidatos por sus propuestas apegadas a valores democráticos; darnos el tiempo para forzar a los partidos a presentarnos candidatos idóneos. Para eso, se requiere tomar una decisión que no es fácil, que involucra participar desde la ciudadanía vacunándonos contra el populismo con información.
  • La institucionalidad electoral también tendrá su dilema: garantizar elecciones transparentes y equitativas pondrá a las autoridades electorales ante el gran desafío de continuar con el fraccionamiento interno o actuar en pro del bien mayor que es la democracia, actuando en derecho y equidad. Deberán escoger entre repetir los errores de años anteriores o tomar la transparencia como símbolo de su trabajo. En ese empeño, la reglamentación de las reformas aprobadas, va a significar un esfuerzo que todos esperamos que produzca resultados que estén a la altura de las necesidades de las elecciones del 2021.

Queda claro que el 2020 viene cargado de expectativas, pero sobre todo de tareas para todos. La aprobación de las reformas electorales no son la solución a los problemas por sí mismas. Su implementación plantea un dilema moral a todos, porque significa romper con viejas prácticas y escoger nuevos caminos para tener elecciones confiables, equitativas y transparentes.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

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