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Pensar en los pobres: ¿como los populistas?

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La carretera se pinta de pobreza. Fluyen de las alturas los pobres de los pobres. Las víctimas de la izquierda populista. Extienden las manos en procura de paliar su drama. Y los dolidos, inspirados por las fechas, consuelan sus conciencias arrojando algo material.

El Papa piensa en los pobres. Por ellos reza en un fastuoso altar, pidiendo a su dios que les conceda el privilegio de gozar, pasados sus días, del paraíso de leche y miel. Que les compense por el reino que les ha prometido, habida cuenta que un rico no puede entrar ni por el ojo de una aguja. Pero, en realidad, para construir el reino de este mundo, en el que un pobre no tenga su fatal destino de continuar pobre, el Papa, que piensa en los pobres,  nada propone, aparte de sermonear sobre la ética de la pobreza y la inmoralidad de la riqueza. En su homilía, Francisco se abstrae de las bases de la Doctrina Social de la Iglesia. Debería releer la Encíclica Quadragésimo Anno en la que Pio XI estimula a los ricos a invertir.

El político piensa en los pobres. Regala caramelos y galletas en una funda impresa con su rostro. El pobre sirve para la exaltación de la humillante compasión politiquera. El populismo distribuye engaño, para ofrecer redistribuir riqueza. Ofende la necesidad con el anuncio de expropiar la riqueza para que el Estado, magnánimo, arroje el maná. El socialista quiere más impuestos, no propone cómo aumentar riqueza. Al fin de  cuentas, el socialismo distribuye miseria. Elimina la desigualdad y todos terminan hambrientos, excepto los de la nomenklatura del partido. Pero aseguran que piensan en los pobres.

Los dirigentes indígenas piensan en los pobres, pero no son pobres: tienen tractorcito, tienen tierra, son propietarios, viajan en avioneta privada. Queman, destruyen la propiedad privada, atacan a otros propietarios en nombre de los pobres que siguen siéndolo, a pesar de tanto vandalismo.

Las evidencia muestra que el sistema capitalista, más o menos libre o intervenido, ha provocado una sostenida caída de la pobreza, reducción de las desigualdad y movilidad social. Mientras mayores niveles de libertad, mejores son los resultados de generación de empleo y reducción de la pobreza.

Él, apenas terminó la escuela y, sin formación pero con iniciativa, optó por un cargo administrativo menor de salario mínimo. Aprendió el oficio, añadió otras actividades e ingresos. Sus hijos, frutos de la movilidad social, son profesionales universitarios. Si la economía ofreciera oportunidades, ellos no ganarán un sueldo bajo. Ella, artesana que empezó laborando con lo que el resto desperdiciaba. Tenacidad, esfuerzo e iniciativa le llevaron, veinte años más tarde, a facturar millones. Sus hijas, profesionales, gerencian el emporio y esperan que los políticos no obstaculicen su emprendimiento.

Pensar en los pobres no es fomentar el pobrismo o santificar la pobreza. Hay una mezcla entre ideologismo, resentimiento social y electorerismo en atribuir que hay pobres porque hay ricos y proponer desplumarlos para reducir el número de pobres. Pensar en reducir la pobreza no pasa por asistencialismo ni postular lo que llaman política social como solución. Un mínimo de objetividad y la conclusión sería que esa atávica visión clientelar no soluciona la pobreza. De allí que el gran movilizador de debate, acuerdos y políticas públicas, debe ser la reducción de la pobreza, creando empleo. Pero no usando el engaño de que es el Estado el que lo crea, sino reconociendo y, nuevamente la evidencia muestra, que la inversión privada en comercio, en industria, en agricultura es la que garantiza la sostenibilidad de la oferta de empleo en el largo plazo. El Papa debería reivindicar un principio básico de su Doctrina Social, el del Estado subsidario; esto es, que haga lo que los particulares no pueden y ser consecuente con ese principio estimulando la creación de riqueza, la promoción de la inversión. Todo esto para lograr el fin moral de dignificar al ser humano con un trabajo, para que se produzca el efecto virtuoso de movilidad social.

Sin embargo, parece difícil que las élites asuman este debate en estos términos. La fuerza de la cultura populista, entre la mayoría de políticos y de electores, se impone sobre la necesidad de debatir y concordar sobre cómo hacer más libre la economía, cómo crear un ambiente amigable para la inversión. Esto pasa por aplaudir el éxito y la riqueza y no estigmatizarla, y entender que el empleo, la eficiencia y la productividad son las bases sobre las que que construirá una economía próspera. El gran reto electoral es persuadir a los ciudadanos en este sentido.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

4 Comments

  1. Los pobres , gente con escasas posibilidades de superarse , viviendo el día a día de una forma denigrante , usados como carnada por muchos políticos para así ganar el voto ,ganar el simple apogeo popular . Cuando la verdadera y única ayuda que necesitan ellos es una motivación , el brindarles empleo , algo en lo que puedan superarse y no estancarse en el circulo de la pobreza , ya sea un pequeño oficio que emprendan , o comenzar desde abajo pero dignamente como cualquier ciudadano normal sin denigrarlo sino ayudándolo a crecer.

  2. Que bueno que alguien cercano a la política y a la religión hable sin tapujos y sin cálculos malsanos sobre riqueza y pobreza. El mundo entero se cuestiona el como hacer para minimizar las grandes diferencias existentes entre los ricos y los pobres. Humildemente creo que el primer ingrediente es no pensar en términos de envidia sino de generosidad de espíritu. Por cierto que, lo que si está plenamente comprobado es que los populismos camuflados en supuestos progresismos de izquierdas es lo que hay que evitar, como primer paso, en la búsqueda de los múltiples senderos que se deberían transitar para encontrar una mayor equidad entre todos.
    Ya en términos prácticos, considero que se deben minimizar las acciones estatales, apoyándose en las tecnologías existentes y abrir espacios para que todos los “locos” del mundo aporten en esa inmensa misión.

  3. Empleo si, en lo inmediato, más educación en el mediano plazo. Educación como fuente de valores y conocimientos en pro de fortalecer confianza personal, libertad de pensamiento y creatividad de nuevas visiones que marquen caminos y acciones de erradicación de la pobreza. Se añade salud, sin la cual no existe vida.

    ¿Con qué plata, qué dinero, si todo servicio público gratuito que debe entregar el Estado cuesta? Con el único que dispone: tributos más eficacia y eficiencia del gasto.

    ¿En qué contexto? De solidaria paz y respeto, de objetivos sociales, económicos, ambientales claros y honestamente concebidos en pro del bien común. De actores sociales comprometidos con el empleo, la educación, la salud del prójimo.

  4. De acuerdo, pero el abanico de propuestas debe considerar también en qué se hace con las personas que no pueden hacer lo que sus 2 ejemplos indican sobre cómo dos personas rompieron con trabajo y esfuerzo la pobreza. Ahí justamente entra el estado de bienestar que debe otorgar gratuitamente salud, educación, seguridad y apoyar a esas personas brindando igualdad de oportunidades. Para lograr esto todos debemos aportar con dinero a través de tributos o mecanismos de redistribución de la riqueza, subsidios. Debemos aportar proporcionalmente de acuerdo a la riqueza de cada uno empresas o ciudadanos.

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