Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Hasta cuándo la Secretaría Anticorrupción?

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Pocos días atrás renunció la secretaria anticorrupción del gobierno. Al igual que sus antecesores, la ex funcionaria se fue del cargo sin que buena parte de la ciudadanía conozca cuáles eran sus tareas específicas, el alcance de su gestión y, en definitiva, el lugar que ocupa esa dependencia dentro de la organización burocrática de la presidencia de la República. En medio de la incertidumbre que genera definir qué es y para qué sirve dicha estructura de poder, lo único que queda claro es que el problema de fondo no está en la persona que ha dejado el cargo recientemente sino en la institución como tal. Por tanto, la discusión pública gira en torno a dilucidar si es necesario mantener la secretaría anticorrupción o si, por el contrario, ha llegado la hora de que desaparezca, como muchas otras instituciones estatales ineficientes.

Aunque en el plano normativo se pueden señalar muchas razones que justificarían la existencia de una estructura estatal orientada a dictar una política pública que evite y combata la corrupción, la impresión que queda ante la opinión ciudadana es que, en las actuales condiciones, la secretaría anticorrupción sirve para pagar favores políticos y, en alguna medida, para reivindicar la posición de los gobiernos en una coyuntura específica. Basta revisar quienes han ocupado ese cargo desde su creación, el 21 de febrero de 2007, para concluir que en ese espacio se apuntalan carreras políticas y/o se fraguan estrategias para visibilizar los temas que le interesan al Jefe de Estado de turno. De hecho, dado que la secretaría anticorrupción es una institución adscrita a la presidencia de la República, resulta poco creíble que sus titulares sean personas ajenas al intercambio y la negociación política.

A las razones citadas se suman otras no menos relevantes y que, en conjunto, ponen en duda la utilidad práctica de la secretaría anticorrupción. En primer lugar, existen ya instancias públicas que realizan una labor similar, aunque desde perspectivas distintas. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social es una de ellas. El Poder Judicial y la Contraloría General del Estado, son otras. En segundo lugar, financiar una institución pública como ésta, en momentos de austeridad fiscal, resulta contradictorio frente al discurso del gobierno en el sentido de que el país debe comprometerse a tomar medidas de ajuste. Aunque desde el oficialismo se podrá argumentar que la carga burocrática de la secretaría anticorrupción es menor, poco se conoce públicamente. Paradójicamente, en la pestaña “transparencia” de la página web de esa institución no es posible hallar una descripción de sus funcionarios y mucho menos de sus  remuneraciones.

Si a las razones citadas se suma que la actividad de la secretaría anticorrupción ha pasado de gobierno a gobierno prácticamente desapercibida, quedan pocos argumentos para mantener una instancia burocrática que no sirve sino a los fines políticos ya mencionados. Tan irrelevante ha sido la gestión de esa estructura de poder como irrelevante ha sido el desempeño de la comisión de expertos internacionales anticorrupción constituida bajo su paraguas institucional. Tanto es así que, al término de sus funciones, el pasado 13 de noviembre de 2019, la mentada comisión no había analizado ningún caso de alto impacto. En su desesperación por justificar dicha decisión política, el gobierno no tuvo otra alternativa que otorgar noventa días de prórroga a los comisionados. Así, más allá de la rimbombante presentación pública de los expertos internacionales, en la que el rol estelar estuvo a cargo de la secretaría anticorrupción, la ciudadanía no ha visto prácticamente ningún resultado específico hasta la fecha.

***

Desde su surgimiento en 2007, la secretaría anticorrupción ha servido para muchas cosas, menos para sus fines institucionales. Por ello, nada justifica su existencia, al menos como una dependencia de la presidencia de la república. Si los gobiernos quieren efectivamente enfrentar a la corrupción, la vía no es la generación de más burocracia. Por el contrario, la alternativa está en el apoyo a organizaciones sociales, como la Comisión Nacional Anticorrupción, o al periodismo de investigación que han sido los que, en realidad, han denunciado los innumerables casos de mal uso de recursos públicos en el país. A la par, fortalecer la independencia judicial y proveer recursos para la constante formación de jueces y fiscales, son los mejores medios mediante los cuales los gobiernos pueden apoyar genuinamente el combate a la corrupción y a los corruptos. Instituciones como la secretaría anticorrupción lo único que hacen es tomar el tema como una bandera política que termina vaciando de contenido la lucha ciudadana por mejorar la transparencia y los valores éticos de la sociedad.

Santiago Basabe es académico de la Flacso.

11 Comments

  1. No solo es causa de los últimos 10 años con el gobierno de turno a sido toda una vida, en nuestro país la corrupción a sido el ente de todos los males.

  2. Excelente análisis, Dr.

    Hasta cuando la corrupción? …Hasta la victoria siempre…

    No hay remedio para nuestro querido país… Sin presidente de la República,…(Moreno cómplice de la corrupción) , el anterior Tirano Gadafi gozando del dinero robado al pueblo ecuatoriano Gobierno… imposible salir de este mal….
    LA corrupción a v a n z a ….

  3. La creación de este engendro viene de una mentalidad ratonil y chueca como la de correa. Su objetivo es claro: el engendro, con el poder que le da el gobernante de turno, tiene acceso EN PRIMERA INSTANCIA a evidencias que demuestran latrocinios; latrocinios que los conoce, así mismo, en primera instancia el gobernante. De allí, entre gallos y media noche, se analiza si conviene o no hacer pública la denuncia. Como casi siempre, los corruptos eran y son panas de correa, todo quedó frío y no pasó absolutamente nada. En otras palabras: se crea el monstruo no para defender los caros intereses del país, sino como un mecanismo para proteger al gobernante corrupto. Y como la idea no es mala, moreno ha mantenido este engendro. Y, cuando por ahí sale una servidora que hasta donde se la vio actuar, lo hizo con decencia y honradez, como lo es la señora Ordóñez, que hizo denuncias muy serias, de repente y sin que ningún ecuatoriano lo esperara, renuncia al cargo.
    Llama la atención que contraloría nunca objeto la creación del engendro, A PESAR QUE SU GESTIÓN, AUNQUE SEA EN TEORÍA, IBA A COMBATIR LA CORRUPCIÓN; PUES EXISTEN NORMATIVAS QUE PROHIBEN ESTABLECER DUPLICACIONES DE FUNCIONES.
    Por consiguiente, el engendro debe desaparecer lo más pronto posible, pues representa un gasto inútil que golpea los bolsillos de los ecuatorianos.
    Ojalá el contralor Celi se preocupe de investigar, con las normativas en la mano, que el engendro es una creación de la mente ratonil y tramposa de correa, para que sirva de guardaespaldas a los gobernantes.

  4. Espero que se apliquen las medidas correctivas lo mas pronto posible con estas personas ya que es una institucion del estado a la cual se supone que estamos sujetos todos sin excepción también quisiera mencionar el mal manejo de fondos en instituciones como el IESS.
    Desde su creación en el año 2007 esta entidad no sido efectiva en la lucha contra la corrupción, y esto es un problema evidente ya que ninguna economía puede prosperar con corrupción desmedida pero nuestros dirigentes prefieren simplemente mirar hacia otro lado cuando se dice algo del tema.
    Cabe recalcar que si pusieran medidas mas fuertes tanto a participantes como cómplices implicados en delitos de corrupción se vería un cambio mas notable.

  5. La Secretaría Anti-corrupción es una institución pública que ha pasado desapercibida. Recientemente, para decir que ha hecho algo, da a conocer sobre los títulos falsos de seis médicos; ¿ y sobre los casos más sonados, inclusive dentro de este mismo gobierno, como es el de las medicinas en los hospitales del IESS? ¿Qué medidas habrá tomado? Si en verdad quieren perseguir a la corrupción, deben dar esta misión a un organismo independiente del gobierno, como el Dr. Basabe bien lo dice. Ahí está la Comisión Anti-corrupción haciendo su labor gratuita. Sólo escúchenle. Se conoce que hay 17 secretarías adscritas a la presidencia, con rango de ministerios, cuyas tareas se desconocen. Una creo que se llama de la Igualdad Intergeneracional, otra la Consejería Política Territorial. Y tienen representaciones en provincias. Además están los gobernadores y cada oficina con sus empleados, vehículos., etc. Inclusive habrá duplicación de funciones (¿Y si no hace nada la una oficina, la otra le ayuda?). Y sobre los presupuestos, ¿qué bolsillo aguanta este tren de gastos? Y estamos en crisis. Debe haber mayor seriedad en el manejo de los recursos del Estado: ¡austeridad, por favor!; los problemas no pueden ser pateados para adelante, para que afronte el próximo gobierno que, en realidad, quien pagará las consecuencias será el pueblo, como siempre. Y más tarde su solución será de mayor gravedad.

  6. Favor considerar estas ideas:
    El Contralor debe ser designado de una terna enviada por el candidato a presidente que quede en SEGUNDO lugar.
    El Fiscal debe escogerse entre nombres sugeridos por los jefes de la Policía, los jueces de la suprema y los gremios de coumnicación.

    • Falta el Presidente del Directorio del IESS que maneja FONDOS PRIVADOS. Quien Debe ser elegido entre los delegados al Directorio. MENOS EL DEL GOBIERNO DE TURNO

  7. ¿Hasta cuándo la Secretaría Anticorrupción ? Hasta cuándo seremos ingenuos ? Esto me huele mal. Creo que estamos igual o peor que hace 20 años. Ojala’me equivoque.

  8. La conformación de una verdadera Comisión de lucha contra la Corrupción , con asesoría internacional , y que fue compromiso del actual Gobierno , finalmente será una quimera ; y la cirugía mayor contra la el cáncer de la corrupción en el país , otra tomadura del pelo a los ecuatorianos .

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