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Cuando las encuestas son peor que mono con gilette

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Divulgar encuestas sobre intención de voto requiere cumplir ciertos protocolos mínimos de rigurosidad. Esto ocurre en redes sociales por parte de usuarios, muchas veces anónimos, e influencers, que actúan por interés o pagados por políticos y partidos.  Y es que un mundo donde la información circula a gran velocidad y sin control de calidad, una encuesta puede provocar una cadena infinita de distorsiones de la realidad y conductas electorales insospechadas, porque las redes sociales fabrican estados de ánimo y certezas, muchas veces a partir de datos falsos o parcialmente verdaderos.

Más peligroso que la publicación indiscriminada de sondeos en redes sociales por usuarios comunes y corrientes, es la divulgación por parte de periodistas o medios de comunicación, con cierta credibilidad, que no las someten a filtros editoriales que garanticen su rigor científico. Ejemplos hay muchos no solo en el Ecuador: en el mundo se ha popularizado el uso de encuestas como arma proselitista o de propaganda.

En una columna publicada para el Nieman Lab, de la Universidad de Harvard, el sociólogo y profesor eméritus de la Universidad de Columbia, Herbert Gans sostiene que los medios que publican las encuestas sin precisar cómo y por quiénes fueron hechas crean la ilusión de una supuesta opinión pública que en la realidad no existe, pero que se posiciona y se legitima como tal. La mayor parte de las veces, las personas encuestadas contestan lo que se imaginan que el encuestador quiere escuchar, sostiene Gans en su columna. Además, los encuestadores jamás señalan si quienes respondieron habían pensado en la respuesta antes de ser consultados, ni si el encuestado había hablado con su familia o sus amigos sobre el tema que le consultaron. Es decir, que las respuestas son la mayor parte de las veces productos de un momento particular que no responde a un proceso de reflexión y toma de decisión. En definitiva, para Gans, las encuestas son muy poco fiables porque lo único que hacen es presentar una fotografía de un determinado momento y si los medios no advierten eso, van a producir un engaño colectivo.

La complejidad de las encuestas y su peligroso efecto, sobre todo cuando son electorales, ha motivado que los medios de comunicación más serios y rigurosos del mundo establezcan ciertos parámetros para publicarlas. El ejemplo de la BBC de Londres es quizá el más paradigmático por sus altas normas de calidad editorial. Según ese medio, es tan delicado publicar encuestas que, en su manual de estilo, establece que una nota o informe de ese medio jamás podrá comenzar con sus resultados. Para la BBC la encuesta solo sirve para sostener una tesis periodística o para reflejar una tendencia que opera en la sociedad. «El lenguaje de la nota debe reflejar que no se atribuye a la encuesta mayor credibilidad de la que realmente tiene. Por eso se debe decir que la encuesta sugiere o indica, pero nunca prueba o muestra».

Los guidelines o manual de estilo de la BBC, como muchos otros que ha consultado 4P, dicen que cuando se publique el resultado de una encuesta se debe registrar la metodología usada, la muestra demográfica que se usó, la organización que hizo la encuesta y la empresa o publicación que mandó a hacerla. «Todos los detalles relevantes, incluyendo las preguntas y el tamaño de las muestra debe ser publicados. También las fechas de las preguntas y los eventos que hayan sucedido luego de que se hicieron las preguntas a los encuestados».

La BBC asimismo establece que los resultados de una encuesta, sobre todo si son de intención de voto, deben ser registrados en el contexto de una tendencia, que consiste en el resultado de todas las encuestas mayores en un período determinado o, en su defecto, debe ser limitada al momento en que fue hecha: es decir que la audiencia sepa que solo es una fotografía de un determinado momento.

El The New York Times no es menos riguroso con el tema. En su manual de estilo sostiene que si se publica una encuesta, el diario debe incluir la muestra de la población que ha sido consultada y la metodología que ha sido utilizada. «Para que exista una representación de la población estadísticamente hablando, una encuesta debe basarse en una muestra representativa. Esto significa que que todos los segmentos de la población deben tener una oportunidad para ser seleccionada por los encuestadores». Además, The New York Times no divulga encuestas hechas en internet, por teléfono ni por correo electrónico porque considera que no todos los segmentos de la población tienen igual acceso a ese medio y porque, en la mayoría de las ocasiones, las personas que participan los hacen por iniciativa propia.

Publicar encuestas no es un tema trivial. Es normal y hasta lógico que quienes están interesados en aparecer liderando las intenciones de voto hagan circular encuestas que les favorece o que perjudican a su rival sin someterlas a los mínimos controles de calidad. Pero que medios de comunicación supuestamente serios publiquen encuestas de forma informal es una trampa no solo para sus audiencias que reciben una información parcial de lo que ocurre en la realidad sino para ellos mismos que verán su credibilidad lastimada.  Las encuestas puede ser altamente atractivas para las audiencias y en un mercado donde el clic cuenta para las estadísticas de los medios, publicarlas puede ser una tentación tan irresistible como perversa para la salud de la democracia.

En el Ecuador, la pérdida de credibilidad de las encuestas se agudizó luego de las últimas elecciones seccionales e incluso 4P publicó una nota en la que señalaba las razones por las que decidió dejar de publicarlas. En redes sociales hay una violenta guerra por conquistar la voluntad de los ciudadanos y de los electores, por eso, el ejercicio baladí de divulgar encuestas sin los protocolos mínimos de rigurosidad es más peligroso que mono con gilette.

Ecuador 2020, en estado ciego

7 Comments

  1. Es responsabilidad de los ciudadanos informarnos debidamente y emitir un voto razonado, sin dejarnos impresionar por las campañas mesiánicas y populistas.
    Los medios de comunicación, al margen de las pautas publicitarias, juegan un rol importante antes, durante y después de un proceso electoral.

  2. Totalmente de acuerdo , y lo mas lamentable , algunos medios de comunicación reproducen encuestas , seguramente manipuladas , que ponen en posiciones estelares a personajes que hicieron mucho daño al país , en años recientes o hace escasas semanas . En este delicado tema debería haber mucha mas seriedad y rigurosidad , como las mencionadas y aplicadas por la BBC y el NEW YORK TIMES .

  3. Ahora me divierte -ya no me enfada- ver todas las encuestas que salen por las redes sociales sobre quién es el candidato con más opción a ganar las elecciones presidenciales en el 2021. Y me sorprende que haya gente ingenua que se cree esos bodrios y se traga esas ruedas de molino. Seguramente los “genios” que publican estas encuestas piensan que “esto no lo entiende el pueblo, así que vamos a darles gato por liebre”.

    Lamentablemente, nuestra generación ha entregado el alma a los encuestadores y todas las pasiones que hoy nos conmueven se derivan de las estadísticas: para saber si somos felices, ahora se hacen encuestas.

    Bien dicen que las encuestas son como las morcillas: muy sabrosas hasta que uno sabe como las hacen.

    • Muy cierto lo que Ud. dice. Según las encuestas de Naciones Unidas, Ecuador es uno de los países más felices del mundo: puesto 50. En América del Sur, ocupamos el sexto lugar. Chile, el primero. Esa debe ser la causa por la que salieron, «los felices» (¿o infelices?: aun no nos dicen los encuestadores), a dar palo al que se cruce por su delante. Las encuestas están para leernos hasta el alma. Si no existieran no atináramos a interpreta el comportamiento humano y predecir el futuro. ¡Abra cadabra!

  4. Ninguna encuesta sirve, al menos para predecir la intención de voto, porque se parte del hecho erróneo de que extraer una muestra de un universo de posibles votantes puede proyectar un resultado global. El error es que lo que se esta midiendo es la «intención», es decir la voluntad de una persona que es tan cambiante y subjetiva que resulta muy difícil, por no decir imposible, predecirla.
    Otro problema es de donde se extrae la muestra. No es lo mismo sacarla de las zonas residenciales acomodadas de Cumbaya en Quito que las zonas marginales y populosas de Guayaquil. Al final puede haber tantos contrastes que los resultados puedan ser contradictorios.
    Por ultimo internet es un medio tan disperso y anónimo que es imposible sacar un pronostico fiable. En base a que, si no se conoce si el encuestado es hombre, mujer, adulto o adolescente. Cualquier cosa circula por internet, por eso no es un medio fiable.
    Yo creo que para que las encuestadoras sobrevivan a la naturaleza tan volátil de la intención del voto deberían concentrarse en resultados mas delimitados, por zonas mas controlables. Entregar resultados por barrios, por ejemplo.

    • Muy bien explicado, Martín.

      Solo una corrección: donde reza «Para que exista una representación de la población estadísticamente hablando, una encuesta debe basarse en una muestra probabilística.»

      Debe decir representativa en vez de «probabilística».

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