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Razones imperativas para el crecimiento económico

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Las profundas inconformidades sociales manifestadas en varios países de América Latina efectuadas a fines del año 2019, además de las graves heridas abiertas en las sociedades, reflejaron que aún resta un largo camino por recorrer en la búsqueda de la fórmula para consolidar y sostener altas tasas de crecimiento económico que, a su vez, sea más equitativo y contribuya a reducir los niveles de desigualdad y pobreza.

Historiadores, intelectuales, economistas, a través de la historia han tratado de encontrar las razones del subdesarrollo de la generalidad de países de la región. Se han hurgado la raíces culturales, las costumbres, las instituciones y muchas otras razones. El Instituto Alemán BRIQ ha tratado de encontrar en ciertas actitudes de las sociedades, las razones que dificultan alcanzar el crecimiento económico. En ese empeño, mediante encuestas en alrededor de 70 países en el mundo ha definido la paciencia, la inclinación al riesgo, la recompensa, el castigo, el altruismo y la confianza, como los comportamientos de las sociedades que pueden influir en la búsqueda del crecimiento económico. Para medir el grado de incidencia de estos factores en el crecimiento, los califica en un rango entre -1 a 1.

Así, México es un país en donde la recompensa y el altruismo no son sus mejores atributos, que sí tiene Brasil. Venezuela es proclive a asumir riesgos con las consecuencias de su actual situación. Colombia no es demasiado paciente. La mayoría de países de la región son impacientes. En ninguno se combina la cautela con la paciencia, parámetros que se podría inferir como necesarios para la estabilidad económica.

La confianza es una actitud escasa en la región, en cambio, es notable la inclinación al premio. Ninguno de los países valora el castigo. Con excepción de México y Nicaragua, en Latinoamérica prima la recompensa y la permisividad. Si bien las actitudes definidas en las encuestas del citado instituto, no pueden mirarse como absolutamente objetivas en sus impactos sobre el crecimiento económico y su inclusividad, no cabe duda que las preferencias y actitudes de las sociedades sí conducen los recursos de un país en una u otra dirección. Por ejemplo, existe una relación positiva entre al aumento del PIB per cápita con la paciencia.

Hoy, el Ecuador vive una profunda crisis económica y social. Con la costosa revuelta del octubre negro de 2019, se hicieron visibles las grietas expresadas en la debilidad de las instituciones, en la fragilidad de la gobernabilidad democrática e inconsciencia de la realidad económica y fiscal. Ante este contexto, las actitudes citadas por el Instituto Alemán pueden coadyuvar a encontrar los caminos y acuerdos que urgen articularse para conducir al Ecuador en el sendero del desarrollo.

Paciencia: Enfrentar los sacrificios que demanda el ordenamiento de las cuentas públicas y de la economía, preservar la estabilidad macroecómica y el proceso de impulsar el crecimiento económico con inclusión social es lento y laborioso, y exige un alto grado de paciencia colectiva. Por el contrario, la impaciencia que es caldo de cultivo para los populismos que venden resultados mesiánicos, sólo profundiza los desajustes económicos y fiscales y la pobreza.

Inclinación al riesgo: Las actitudes colectivas adversas a reducir el déficit público y a las reformas para consolidar una buena economía, reflejan los comportamientos sociales y políticos que, consciente o inconscientemente, alimentan los riesgos de no preservar la dolarización, de no pagar la deuda pública, de profundizar los desajustes que vuelven más costosos los arreglos económicos y fiscales y profundizan el desempleo y la pobreza.

Castigo: Una sociedad que no castiga con severidad la corrupción en el uso de los fondos públicos y en la correcta aplicación de la justicia, que no juzga con severidad las indisciplinas sociales y en la conducción de los Estados, que es indolente a la destrucción del patrimonio nacional, que poco le importa la violación de los contratos, difícilmente podrá impulsar el crecimiento de la economía y su correcta distribución a las capas menos favorecidas.

Altruismo: El elevado crecimiento de la economía y reducción de las desigualdades sociales exige sobre todas las cosas un sentido de patria, de identidad nacional. Una buena economía requiere del sacrificio de todos, pensar en el país y en el bienestar de los pobres y de toda la sociedad, requiere de renunciamientos de intereses personales y de otro género en pro del progreso de la nación.

Confianza: La confianza en las diversas aristas de la interacción de las sociedades, es esencial para alcanzar el desarrollo económico. Confianza para atraer inversiones. Confianza en la justicia. Confianza en las instituciones democráticas. Confianza que debe generar la gestión de los gobiernos. Confianza en la gestión económica y fiscal. Confianza en el cumplimiento de los contratos. Confianza entre la relación de las personas. Confianza en la solidez del sistema financiero. Confianza en la relación entre las empresas y las personas. Destruyen la confianza para alcanzar el progreso las fracturas sociales que devienen de cultivar el odio entre ricos y pobres, entre empresarios y trabajadores, entre los que más tienen y menos tienen, entre la gestión del Estado y la sociedad.

El citado estudio concluye que cada punto extra de paciencia en una escala de tres posiciones (-1,0,+1) reduce en cinco puntos el coeficiente de gini. Hay que tener una gran paciencia para sostener un elevado crecimiento y redistribuirlo. En cambio, el riesgo de destruir la economía y el fisco con políticas populistas aumenta las desigualdades y la pobreza. El castigo de los malos manejos económicos y de la corrupción en la justicia y en el manejo de los fondos públicos, así como el altruismo y la confianza, contribuyen a construir una sociedad más equilibrada.

El camino para alcanzar el desarrollo del país nos plantea importantes sacrificios y disciplinas en el largo plazo. Este es un año marcado por las elecciones de 2021, las negativas lecciones del pasado debe recordarse para no ser repetidas.

Jaime Carrera es economista.

2 Comments

  1. Además de las características que Ud. muy bien describe, creo que hay una que es muy importante a tener en cuenta: la educación, que no consiste solamente en acudir a un aula sino también en el nivel de conciencia ciudadana que se adquiere, del rol que debe cumplir el individuo en la sociedad. De ahí que el sector de escasos bienes de la nuestra cree que es el «papá Estado» el que debe darle todo; que los recursos caen del cielo; alimenta resentimientos en contra del de mayores posibilidades. Cuando conocen que un político ha robado al Estado, llegan al absurdo de decir: «Está bien, pues; no ha sido tonto». No sabe que los recursos salen de los impuestos que todos pagamos al fisco, incluso al comprar un alimento procesado. Mucha gente no lee ni la prensa, por lo tanto no se informa de lo que sucede en el país. Sus entretenimientos son el fútbol y las novelas de Tv. Este medio ignaro es propicio para que el «político» despilfarrador y saqueador haga de las suyas y, en consecuencia, el país se debatirá siempre en la pobreza. Para salir del subdesarrollo necesitamos líderes auténticos, altruistas, con visión de patria y que ojalá, alguna vez, los ciudadanos sepamos escoger.

  2. Ahora bien, es el crecimiento que lleva al mejoramiento de estas calidades, o hay que mejorar las calidades para tener crecimiento? Y para qué entonces tener mayor crecimiento si no para mejorar estas calidades, porque ya son requisitos? Sabemos desde décadas que el crecimiento económico es solo medio para otros objetivos, pero no fin en sí mismo.

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