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Radio Pichincha: el gran error del gobierno y de Pabón

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El gobierno se compró otro lío al extinguir el título habilitante de Radio Pichincha Universal. En los hechos, eso significa sacarla del aire. Arcotel procedió a analizar el programa “En la oreja”, difundido el 3 de octubre de 2019. En él comprobaron que había, en pleno estado de excepción, incitación a la paralización del servicio público de transporte y otros delitos. La medida, no obstante, es extrema y permite al correísmo victimizarse y convertirse -ahora sí- en defensores de “la lucha por la libertad, de cualquier tipo”. Durante la década autoritaria, esa radio y algunos de sus periodistas fueron activistas contra los críticos del correísmo y torres repetidoras de su aparato de propaganda.

Resolución de Arcotel sobre Radio Pichincha Universal

Ahí está el problema. Los demócratas (incluidos 4Pelagatos) han rechazado la decisión de Arcotel. Ningún gobierno puede, en efecto, hacer depender la existencia de un medio de comunicación de sus contenidos editoriales. Pero eso no agota el debate ni justifica las acciones investigadas por Arcotel. Por el contrario: muestra las aberraciones que se pueden cometer desde el ámbito público con los bienes públicos y el vacío legal que hay para sancionarlas.

Pichincha Universal es una radio de la Prefectura de Pichincha. Es, por ende, una radio pública. Es decir, no pertenece al partido o movimiento que, en forma temporal, administra la Prefectura. Pues bien: Paola Pabón la ha convertido en el reducto mediático del correísmo. Allí emplea a activistas y ex funcionarios que, al igual que Freddy Ehlers en el pasado, se quitan y se ponen el traje de periodista según la conveniencia del momento. La radio no cumple, ni remotamente, los protocolos mínimos de lo que se entiende por un medio público. Y, claro, no hay una Ley de Medios Públicos que regule su actividad.

Así, el caso de Radio Pichincha Universal es lo más parecido a un bulto de anzuelos. Pabón y su equipo creen ser los dueños de la radio y la ponen al servicio de su tarea política. Hablan de derechos y los extienden hasta para llamar a la sedición. Confunden sus proclamas con la libertad de expresión. Y defienden la visión política unívoca -la de ellos- cuando la radio por ser pública, tendría que albergar todas las sensibilidades y dar cabida a todas las tendencias políticas.

Paola Pabón y sus seguidores correístas no son los dueños de ese bien público. No pueden usarlo en sus estrategias políticas. No pueden prohibir el acceso de otras líneas de pensamiento a esa radio. Pero están tan acostumbrados a usar los medios a su favor (para eso crearon la Ley de Comunicación y la Supercom) que les parece obvio invocar las reglas de la democracia para burlar los deberes a los que, como funcionarios públicos están obligados por ser administradores de un medio de comunicación público.

Este es el segundo capítulo del debate: ¿usan la radio para promover la democracia? ¿O a nombre de la democracia, utilizan Radio Pichincha Universal para restituir un régimen que cerró radios y televisoras pequeñas, multó, persiguió hasta la asfixia medios y periodistas? ¿La democracia es para Pabón y los suyos un bien público superior o solamente una herramienta para victimizarse y reclamar impunidad ante flagrantes delitos cometidos en la que cree ser su radio? Porque si la democracia es un bien superior, la Prefecta  debió ser la primera en pedir sanciones para aquellos que, según Arcotel, infringieron la ley.

El gobierno de Lenin Moreno se equivocó porque cerró un medio usando mecanismos creados por el correísmo. No impulsó la Ley de Medios Públicos ante la cual se verían, en forma palmaria, las absurdas atribuciones que se dio la prefecta Pabón en Radio Pichincha Universal. Y el gobierno no impulsó esa ley sencillamente porque se encuentra en la misma circunstancia que Paola Pabón: usando bienes públicos a su conveniencia e incumpliendo con su palabra de devolver los canales incautados a la sociedad. Correa inició esa concentración de medios de comunicación que puso al servicio de su aparato de propaganda. Ese ejemplo cundió y fue seguido por el gobierno Moreno y también por Paola Pabón. Esos dos errores no hacen un acierto. Luchar por la libertad de expresión no es defender esperpentos político-mediáticos como el que pretendió hacer la correísta Pabón en Pichincha Universal. Ni defender el castigo que le impuso Arcotel. Pichincha Universal no es la radio pública que debería ser y cerrarla no es la mejor muestra de una buena política pública.

Foto: Diario El Universo.

9 Comments

  1. El dicho dice piensa mal y acertaras¡, Moreno esta cerrando la radio y favoreciendo a la Pavón ahora tendrá tema para ir a la CDH , para hacerse la victima, y para formar una tribuna que le permita aglutinar a los correistas, a favor de que se reabra el medio público. Moreno al tomar estas decisiones esta favoreciendo al correismo, será que la Johana Pesantes le asesora solo así se explica la toma de esta decisión absurda.

  2. Se ve claramente que quienes comentan a favor del cierre de Radio Pichincha no han escuchado el contenido de «La Oreja», ahí se da cabida a TODOS los q quieren hablar y hasta INVITAN a personajes que son anti correistas a muerte: Geovany Atarihuana, Yaku Perez y muchos otros. Entonces… ¿De qué parcialidad hablan?.

    • Más allá de la censura q merece repudio por el mensaje de que seguimos en lo mismo, está la realidad q para los correistas a ultranza todo lo publicó q ellos llegan a administrar lo toman como apéndice de su propiedad al servicio de su voluntad. En cualquier caso es más de los mismo

  3. Muy bien cerrada esta radio, así el corrupto Correa pierde un medio público pagado por el pueblo, si quiere promocionarse o defenderse que lo haga con el dinero que saqueó al país. El cierre es ilegal pero se les agradece mucho.

  4. Es verdad que ningún gobierno debe aplicar censura a ningún medio. Pero este caso es particular: es un medio público desde donde el correísmo incita a la sedición y el sabotaje.

    Es un absurdo anteponer el derecho a la libre expresión con los deberes del Estado en luchar contra actos conspirativos.

    A Pabón y sus secuaces no hay que verlos como actores políticos ejerciendo su derecho a difundir su ideología. Ellos forman parte del brazo político-mediático de una estrategia internacional para usurpar el poder en nuestros países por medios violentos.

    A esa gentuza hay que verlos como lo que son: mercenarios y terroristas. Y cualquier gobierno hace bien en cerrar sus medios. Ninguna persona racional se quejaría que se eliminen los canales de difusión de Isis, Al Qaeda o las Farc.

  5. Si la radio Pichincha Universal es un bien público y se utiliza como herramienta de un partido político para incitar al relajo en contra del propio Estado, que en definitiva es la ciudadanía quien sufrió las consecuencias, está bien que se la saque del aire; así recibirán unas gotitas de su propia medicina «en la oreja» (y ojalá que no les salga por la otra) a ver si revisan un poco de lo que se entiende por libertad de expresión.

  6. Por un lado me alegro que les hayan dado de baja. Quitémonos esa mascara de la «objetividad» y reconozcamos que se oyó maravilloso saber que le dieron un gancho duro al correismo. Que si quieren victimizarse, que lo hagan, que defiendan la libertad de expresión si quieren, todos sabemos que ese es cuento chino, quien les cree excepto ellos y sus borregos que ya no son muchos. Y si van a la CIDH, que vayan. Lo importante, después de todo, es que sientan el malestar de ser perseguido y censurado. Que sientan el mal que ellos infringían a diario mientras fueron poder.
    Lo que dice Hernandez es verdad. No hay una legislación de medios públicos porque este gobierno se ha beneficiado claramente de la influencia mediática que posee en los canales incautados. Ningún gobierno va a regalar esa herramienta, sea quien sea, porque es poderosa y tiene influencia. Lo ridículo es que esta financiada con nuestro dinero, por eso son medios públicos. Así que, a pesar del escenario desfavorable, creo que en esta coyuntura la ciudadanía debe organizarse, ejercer presión y lograr de una vez por todas que esos medios se vendan y pasen a manos privadas. Un estado no puede tener medios de comunicación, tal vez si hiciese un uso educativo o si realmente estuviesen al servicio de la ciudadanía se justificaría su existencia, pero en latinoamerica ese no es el caso. Un medio publico esta al servicio del partido de gobierno, es botín para pagar favores politicos y hasta es utilizado para ejercer control social en las audiencias.
    Así que hay que insistir desde el activismo ciudadano. Hay que presionar y organizarse para que los medios públicos desaparezcan de una vez por todas.

  7. Esto es más de lo mismo, abuso de poder de grupos circunstanciales que han causado mucho daño al país, se apropian de los bienes públicos para tener un aparato de propaganda al servicio de sus intereses políticos. En el mes de octubre el pueblo sufrió tremenda agresión permitida por estas autoridades seccionales, en mi caso tenía que transitar por la autopista Rumiñahui y el peaje fue cerrado, esos dizque «servidores» se mostraron agresivos con la comunidad impedida de circular porque la autoridad provincial utilizó todos los recursos para caotizar y destruir Quito. Detestable accionar.

  8. Desgraciadamente la politica en todos los espacios, Lenin y sus áulicos manejan a palo de ciego. Los asesores en política comunicacional, al menos, deben leer los artículos de 4 Pelagatos.

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