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Candidato oficialista mata la transición  

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Hace varios meses en Carondelet se dejó de lado la idea de constituirse en un gobierno de transición. Al final, pudo más el apetito electoral de corto plazo, la necesidad de posicionamiento político de algunos funcionarios y la ausencia de visión y liderazgo del Jefe de Estado. Como resultado de dicha decisión, no sólo se enrarece aún más el aciago escenario electoral del 2021 sino también la posibilidad de que se asuman con firmeza las urgentes medidas económicas que el país requiere para salir del atolladero fiscal en el que se encuentra. En definitiva, por donde se vea, una candidatura oficialista a la presidencia de la república termina jugando en contra de todo y de todos. No obstante, los operadores del gobierno continúan obstinados en la construcción de una propuesta electoral que aparezca como una opción centrista, apartada del movimiento Alianza País y al mismo tiempo distanciada incluso del propio Presidente Moreno.

En el plano económico, quizás el más importante de la coyuntura nacional, la candidatura oficialista dificulta la posibilidad de que se asuman decisiones necesarias aunque con un costo electoral. Allí está una de las razones por las que la reforma laboral, por ejemplo, cada día se ve más distante y con pocas opciones de que llegue a materializarse. Algo similar sucede con la idea de la focalización del subsidio a la gasolina, la reducción del tamaño del Estado o las grandes transformaciones en el sector de los hidrocarburos. Todas son decisiones que entrañan una posible pérdida de apoyo electoral y eso va a contramano de las aspiraciones electorales que se barajan en Carondelet. Así de simple: pensar en un candidato presidencial auspiciado por el gobierno es el punto de cierre a cualquier reforma importante en el modelo económico que gobernó al país durante una década.

En el plano político, la intención de posicionar al gobierno como una opción para las presidenciables del 2021 no sólo es inviable en términos de éxito electoral sino que dificulta los acuerdos de corto plazo con diferentes agrupaciones partidistas. Dado que el oficialismo ya no actúa como mediador de la política –que era su rol cuando se asumía como mandato de transición- sino que ha migrado hacia la posición de un competidor por el poder político, los distintos actores y sectores empiezan a ver con reserva cualquier tipo de acercamiento. Ahí se explica por qué las críticas al gobierno por decisiones controversiales, como la relacionada a Radio Pichincha Universal, arrecian indistintamente desde todos los sectores políticos. Ahí se explica también por qué la ministra de gobierno y ahora el vicepresidente son el objetivo a atacar desde diferentes frentes de la oposición.

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En una coyuntura de crisis como la que heredó el Presidente Moreno, posicionarse como un gobierno de transición no sólo era una decisión que propiciaba mayor libertad para asumir decisiones económicas difíciles sino que ayudaba también a que la gobernabilidad en el corto plazo sea más fluida. Sin embargo, al optar por ser parte activa de la competencia electoral del 2021, el gobierno enfrenta mayores dificultades para relacionarse con el resto de actores políticos a la par de mantener intacta la incertidumbre entre los agentes económicos nacionales e internacionales. Si bien para algunos funcionarios gubernamentales terciar en el próximo proceso electoral puede ser la mejor opción, para el país y su futuro no es la salida más óptima ni eficiente. Si quiere trascender, el gobierno debe estar consciente de que tener un candidato presidencial nacido de su seno atenta mortalmente a cualquier posibilidad real de generar la tan demandada transición económica y política.

Santiago Basabe es académico de la Flacso.

2 Comments

  1. Muy acertado análisis. Las apetencias electorales de los actores políticos cercanos al gobierno, dejan en segundo plano las posibilidades de tomar decisiones gubernamentales trascendentes para el país. La consecuencia será la fragmentación de las tendencias políticas y una papeleta presidencial totalmente dispersa, lo cual terminará beneficiando a los politiqueros afines al nefasto correísmo. No aprendemos, y luego nos quejamos por tener los gobernantes que tenemos. Una lástima.

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