Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Fin de la transición que nunca se inició

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Transitar del modelo de la revolución corrupta, desmontar su estructura legal y su aberrante modelo de gasto y deuda, fue la expectativa que se fabricó luego de la consulta popular de febrero de 2018. A esta altura del partido esa expectativa es un mal recuerdo. Feneció en el tiempo y la inmediatez. El intento de hacerla, en algunos temas, que fue lo que llevó a un acuerdo legislativo inédito, se diluyó en medio de la dispersión de votos en la Asamblea, la falta de soporte político más amplio, el boicot de la izquierda tirapiedras y de la derecha corporativa, y la ausencia de agenda de la sociedad civil.

Se han producido cambios, sin duda. Se eliminó la reelección, se integró una Corte Constitucional de gran nivel, se fumigó al Consejo de la Judicatura, se desbarató la Supercom. Pero persiste la estructura política, de tramitología, los mismos defectos en las finanzas fiscales que no se han logrado resolver. Siguen intactas normas y políticas públicas que impiden condiciones propicias para estimular la inversión privada. Y no obstante que se dictó una ley creando más estímulos tributarios, no aumentó inversión productiva en volúmenes que empujen crecimiento de la economía.

Abandonar el modelo rentista-populista habría sido un indicador de que en realidad se produjo una transición. En octubre se intentó un paso en ese sentido. Eliminar subsidios a los combustibles debió ser una decisión en torno a la que debió producirse un gran acuerdo de sectores políticos y empresariales, si hubiera racionalidad y responsabilidad. Por el contrario, y no obstante que algunos sectores políticos y algunos empresariales, asumiendo los costos, coincidieron en reconocer la necesidad de la medida, otros levantaron las banderas de la violencia, del bloqueo y del populismo para negarse a apoyar la eliminación de los subsidios, mientras los contrabandistas aplauden que la fuente corrupta de su riqueza fue defendida, incluso por ecologistas.

En el frustrado proyecto de ley, llamado de «crecimiento económico» que fue combatido con virulencia por socialcristianos y correístas y que fue negado, se proponían cambios estructurales. Corregir los defectos del proyecto habría sido lo responsable. Las mismas fuerzas políticas aliadas de ocasión que bloquearon la eliminación de subsidios, se volvieron a aliar para negar cualquier iniciativa legislativa, envalentonadas por la debilidad del gobierno.

Es obvio que con la mafia correísta no se podía contar para sumarse a un consenso, necesario para una transición. Lo que espanta y asquea, es que no fue esa sola fuerza corrupta la que impidió la transición en la estructura del gasto fiscal. Se sumaron, en forma activa, sectores de la izquierda y la derecha y, en forma pasiva, dirigentes empresariales que con la misma agenda política han sido incapaces de entender las realidades y las salidas posibles, no teóricas ni electorales. Simplificaron todo a la consigna de «no impuestos» y renunciaron a mostrar talento en discutir las opciones luego de que, igualmente por consignas, se impidió la reducción de gasto en subsidios.

Para no sepultar la esperanza de cambiar, en algo, lo creado en diez años de la revolución corrupta, el gobierno y el movimiento CREO, lograron un acuerdo legislativo para coadyuvar a soluciones coyunturales y cambios estructurales. Ese inusual apoyo político fue bien evaluado por agentes económicos externos y criticado por la mentalidad cantonal. Las calificadoras de riesgo mejoraron la apreciación sobre la posibilidad de transitar, desde el estatismo y el control político del sector financiero, hacia romper candados que afectan competitividad. La expectativa de la eficacia de este acuerdo se estrelló contra agendas electoreras y minúsculas de personajes políticos de toda talla: desde aspirantes a la presidencia a pinches asambleístas que trafican con sus votos.

Superar la crisis económica , la caída del empleo, el ínfimo crecimiento de la economía y la evidente iliquidez fiscal -herencia de un nefasto proyecto político al que hay que sepultar-, requiere de un acuerdo político y social más amplio y sostenido, que, con lucidez y responsabilidad, reconozca la dimensión de esa crisis. Y que reconozca que de ella no se sale sino con severos ajustes para acomodarla a las condiciones de restricción. El fin del acuerdo entre el gobierno y CREO, que incrementó la incredulidad sobre el futuro de la economía, es una mala noticia. Acuerdo que fracasa porque en la Asamblea se juntan una ralea de pocas luces y fuertes ansias, por manejos politiqueros para controlar las instituciones y por la falta de perspectiva de la sociedad civil. Quedan nonatos cambios a la legislación laboral, reforma financiera y cambios en leyes que regulan la educación superior.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

5 Comments

  1. Excelente análisis Doctor.

    Por favor, insistir en que se debe recolectar las firmas de apoyo por parte de todos los ecuatorianos, para nominarle al señor del circo de la Física lerdín Moreno al premio Nobel de Física y Premio Nobel de la Paz, y a su compadre, el saurio Gadafi el premio Nobel de Economía, URGENTE

    se lo merecen…, «C O RR U P C I Ó N PALABRA SAGRADA, AVANZAMOS C O RR U P C I Ó N »

    PROHIBIDO OLVIDAR: LA C O RR U P C I Ó N YA ES DE TODOS.

  2. Siendo objetivo y totalmente justo, a quien el «soberano (de m…)» escogió para gobernar el País y hacer tareas legislativas fue a la mafia 35 modelo siglo XXI, por tanto démonos por bien servidos si este régimen implemento y logro algunos cambios y modeló sus cuatro pilches años de supervivencia.

  3. Efectivamente , el acuerdo de gobernabilidad gestado en la Asamblea , se termina por las apetencias y exigencias personales de algunos actores políticos de «baja ralea » ; así como también por el ningún compromiso del Gobierno de luchar contra la corrupción , y tampoco haber tomado medidas serias y radicales , para terminar con la herencia correísta en las altas esferas de la función publica .

  4. Desde que asumió el poder el morenismo, ya sabíamos en lo que acabaría, en entregar un país con mayores traumas en todos los campos «porque las cosas se parecen a su dueño» , pretender evaluar las alegorías del plan toda una vida es perder el tiempo, cuando no se ha realizado transformaciones de ningún tipo, sino miren el abandono del campo y su agricultura, el país está lleno de trabajadores ambulantes y con temor de salir porque con la famosa ley de movilización todo el país fue tomado por extranjeros más pobres que los ecuatorianos y lo peor, cada vez el país despierta con novedades de la corrupción, lo cual desgasta nuestras fuerzas de ecuatorianos aún más cuando la gran mayoría somos honestos y sencillos, no tenemos colección de cartones que signifiquen títulos por doquier sino aquellos que prueban un conocimiento académico, para tener un empleo, no tenemos honris causa para empapelar el baño pero si unos valores dados por la familia para saber que es el bien y que es el mal. Este gobierno está muy lejos de quedar en la historia, y la asamblea de mediocres ojalá nunca más se repita porque de esos hay bastantes en la AP, en el correismo, y morenismo, que solo fueron famosos por los diezmos que cobraban a sus trabajadores. Hacer investigación académica de estos gobiernos nefastos es perder el tiempo porque nada bueno encontraremos para continuar, creo que el próximo gobierno tiene que cambiar todo, tiene que revisar todo, especialmente a los empleados públicos de las altas esferas evaluarlo para saber que resultados presenta en los 14 años de las décadas pérdidas, y ojalá se vayan de vacaciones a México todos los que no sirven.

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