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Auctoritas y potestas: lo que necesita un candidato

en Columnistas/Influencers4P por

En tiempos pre electorales, las expectativas sobre las características ideales que un candidato debe tener empiezan a ocupar un papel importante en las discusiones ciudadanas. Ya se habla de las cualidades que los ecuatorianos quisiéramos ver en los próximos aspirantes a ocupar cargos de votación popular. En este naciente debate, surge una cualidad que es quizás la más buscada y, al mismo tiempo, la más rara de encontrar: el liderazgo genuino y propositivo, ése que logra influir, motivar e inspirar a los ciudadanos, al punto que logre movilizarlos detrás de su visión.

Construir liderazgo político de cara al 2021 será una tarea bien compleja porque, aunque muchos crean lo contrario, el liderazgo no está supeditado únicamente a la buena asesoría comunicacional que se consigan los que piensan postularse y, peor, a la carísima propaganda que pueden pautar: depende de cuánta legitimidad logran levantar alrededor de su nombre y cuán confiables van a ser vistos de parte de la ciudadanía, con base en sus actos pasados y presentes, idoneidad profesional y a su paso por la militancia política o no.

Si para el análisis tomamos los datos que nos ofrece el latino barómetro y pensamos que el ejercicio de la política no logra recomponerse y sigue siendo mal visto por parte de los ciudadanos, podemos concluir que para el 2021, forjar candidatos con liderazgo del bueno, se puede poner cuesta arriba. Pero, al mismo tiempo, si se logran interpretar adecuadamente estos mismos datos, podría abrirse una ventana de oportunidad.

En efecto, dada las circunstancias que estamos viviendo -ex vicepresidente preso, Ex vicepresidenta prontuariada, ex Presidente prófugo, asesores legales presos, arroces coloridos y caldos de corrupción- la idoneidad y legitimación social para los postulantes del 2021 se torna en el objetivo número uno a conseguir. Hay que pensar que en tiempos en que la sola formación académica ya no es suficiente, tendrán que probarnos que son capaces de administrar el erario público con transparencia, capacidad para gobernar en reconciliación y consenso y, sobre todo, demostrar sensibilidad ante la modernidad en su más amplio sentido.

Si vemos estas características bajo la lupa de la doctrina, diríamos que los próximos candidatos, para desarrollar sus dotes de liderazgo, deberán por fuerza ostentar y demostrar, y quién sabe construir, aquellas cualidades que ya en la antigua Roma se conocieron con el nombre de auctoritas y potestas.

Desarrollar auctoritas significa, para un candidato, que deberá procurar ser visto con la suficiente capacidad moral para dirigir y orientar la sociedad ecuatoriana, de modo que pueda construir un vínculo entre su persona y la comunidad al ser identificado con valores más que con títulos académicos o poder económico. Si logra aquello, entonces diremos que tenemos un líder a quien confiar la conducción de nuestro querido país.

Por otro lado, para que un candidato transmita potestas, debería ser visto con la capacidad de proponer políticas públicas y normas, pero sobre todo de hacerlas cumplir: es decir, esa capacidad de garantizar a los ciudadanos orden, pero siempre en justicia y en derecho.

En la coyuntura actual, de jóvenes y redes sociales, los candidatos con mayores posibilidades en una elección, serán quienes logren combinar estas dos características milenarias: deberán demostrarnos a todos que son personas que llegado el momento, podrán aplicar el poder que se les otorgará en las urnas con autoridad moral, equidad y transparencia -auctoritas- y, en esa lógica, lo más difícil será transmitir esas cualidades apropiadamente. Sobre todo tomando en cuenta que luego de tantos años de malas prácticas políticas, de corrupción y baja adhesión a la democracia por parte de la ciudadanía, deberán demostrar que pueden luchar con firmeza contra la corrupción y, al mismo tiempo, levantar los ánimos en la población transmitiendo un mensaje de resiliencia y de equidad -potestas-.

Si aterrizamos las nuevas condiciones conceptuales y políticas del mundo contemporáneo, en el contexto de la realidad ecuatoriana, nociones como las de auctoritas y potestas, cobran gran vigencia, porque dada nuestra coyuntura y las complejidades de los temas que se deberán resolver en el 2021, los desafíos que van a tener los candidatos se decantan por varios aspectos: no solo será el plan de trabajo, en donde deberán marcar claridad de objetivos, sino que deberán ganarse el respaldo ciudadano por su trayectoria y altura moral.

Por lo tanto, el liderazgo ideal que los ecuatorianos necesitamos, sin duda es aquél que demuestre un equilibro sano en el ejercicio de estas dos características, un ser que combine además del reconocimiento colectivo de su capacidad y honestidad, el porte para construir democracia e institucionalidad. Con esta reflexión, señores candidatos, a ponerse a hacer el deber.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

1 Comment

  1. Excelente su artículo, señorita Ruth Hidalgo. Realmente esas son las cualidades que todo candidato debería tener, características que todo ecuatoriano que haya vivido las experiencias políticas de las tres últimas décadas, anhela que posean los que pretenden llegar al poder, no para servirse de él sino para servir al pueblo.
    Lamentablemente vamos de utopía en utopía y la triste y amarga realidad es que cada presidente ha sido peor que el que se fue…como ejemplo más reciente, es el caso de quien ejerció el cargo por más de diez años…y vea usted cómo quedó el Ecuador, hecho jirones.
    Para que el candidato tenga los dones que muy bien señala usted, se requiere que tengamos como tal a un extraterrestre o a una persona que no sea ecuatoriana, para que al no tener ningún compromiso con nadie, pueda enderezar este entuerto que es el Ecuador. Pero, tendría que hacerse una nueva constitución para que permita que los extraterrestres y extranjeros puedan ser candidatos.
    En resumen: no existe un solo candidato que reúna estos adornos personales capaz de que pueda sacar del laberinto en que se encuentra el país; porque nadie está vacunado contra las tentaciones a robar y a la atornillarse al poder.

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