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Comercio y crecimiento = Prosperidad

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A través de la historia la generación de riqueza ha sido, es y será sinónimo de prosperidad de los pueblos. Según Alvin y Heide Toffler, los humanos empezamos como cazadores nómadas, matando y forrajeando para subsistir. Luego surgieron los rebaños con la domesticación y caza de animales. Sin embargo, el humano sólo sobrevivía. Emergieron las primeras formas de riqueza cuando la humanidad comenzó a producir excedentes económicos.

Se dice que el primer sistema de acumulación de riqueza surgió hace diez milenios, cuando se plantó la primera semilla en algún lugar cercano a las montañas de Karakadag, en la actual Turquía. Con la aparición de la agricultura el campesino generó excedentes por encima de sus necesidades de subsistencia.

En la constante evolución de las sociedades para crear riqueza, surgió a finales del siglo XVII la industrialización. Le revolución industrial se construyó sobre principios básicos como la estandarización, la especialización, la sincronización, la centralización y maximización de la producción en escala. Emerge la globalización de las economías y el comercio con el surgimiento de las empresas multinacionales, la reducción de los costes del transporte y de las telecomunicaciones. Se expanden los teléfonos inteligentes, los ordenadores personales, los satélites, la fibra óptica, internet. Los avances tecnológicos y la conectividad otorgan a las personas el poder de competir a escala global.

En las últimas décadas el comercio mundial y la creación de riqueza adquieren nuevas formas y exigencias de competitividad al vertiginoso ritmo de los avances tecnológicos. Las transformaciones e innovaciones asociadas a la quinta revolución industrial son impresionantes. El iPhone, los big data, Facebook, Android, internet de las cosas, la producción de chips para procesadores más rápidos, la inteligencia artificial, la robótica, los sensores e infinidad de innovaciones tecnológicas, han transformado y globalizado las interrelaciones entre individuos y empresas. Los flujos globales del comercio, el crédito, los capitales, las redes sociales y la conectividad entretejen los mercados, los medios de comunicación, las empresas, los bancos centrales y, en general, la acción de los países.

Hacia finales de los años 70s y luego de la caída del muro de Berlín, varios países sepultaron las ataduras que a través del Estado asfixiaban las capacidades productivas e introdujeron reformas orientadas a las exportaciones y al libre mercado. Se liberaron los mercados financieros e hicieron ajustes monetarios, se facilitó la inversión extranjera directa, se redujeron subsidios y protecciones arancelarias, y aprobaron leyes laborables más flexibles.

Thomas Friedman al afirmar que la Tierra es Plana, cita a China como el ejemplo emblemático de la contemporánea evolución hacia el comercio y la creación de riqueza. Deng Xiaoping declaró que “hacerse rico es digno de gloria” y abrió al mundo a la economía china. Para desacreditar a quienes cuestionaban el tránsito de China hacia los mercados libres, afirmó que lo que contaba era el empleo y los ingresos, no la ideología. Deng se cargó con una sola frase décadas de ideología comunista: “Da igual que el gato sea negro o blanco… Lo único que cuenta es que atrape ratones”. En 1991, el ministro de economía de la India, Manmohan Sing impulsó a su país un poco más hacia el comercio, a las inversiones y a la competencia internacionales.

En los últimos casi cincuenta años, el Ecuador ha escrito su propia y particular historia, como se podrá inferir, reñida con la secular evolución de la humanidad hacia el progreso. Desde los años 80s hasta hoy, siempre la balanza comercial no petrolera fue negativa, saldos rojos que tuvieron su máxima expresión en 2010 con -7.609 millones de dólares. El salvataje de estos saldos rojos siempre estuvo a cargo de la balanza comercial petrolera, a su vez, siempre positiva.  El país apenas exportó en 2019 $22.330 millones, de los cuales el petróleo aportó $8.680 millones. El resto de exportaciones fue de los productos de siempre: banano, camarón, cacao, flores y otros menores primarios, además de $4.506 millones de productos industrializados. El Ecuador exporta una ínfima parte de los 25.3 billones de exportaciones mundiales de bienes y servicios. Chile con una población similar exporta más de $70.000 millones, y Dinamarca con apenas 5.6 millones de habitantes exporta al año $100.000 millones.

En el contexto del precedente relato histórico que debe llamar a profundas reflexiones, las expectativas de -en un incierto futuro- suscribir un acuerdo de comercio con los EE UU son alentadoras. Más, cuando los acuerdos comerciales llevan inherentes los imperativos de producir mejor, asimilar tecnologías, mejorar en productividad y competitividad, flexibilizar los mercados laborales, insertarse en el comercio electrónico y la automatización. Estos acuerdos, asociados al comercio de bienes y servicios, pueden atraer importantes flujos de inversiones externas. Sin embargo, el camino por recorrer demandará reformas estructurales para mantener una economía sana y orden fiscal con un riesgo país bajo, instituciones democráticas sólidas, un Estado y gobiernos eficientes, mejores infraestructuras, una justicia respetable y un país con capacidades de permanente innovación a tono con la evolución tecnológica y de la economía mundial.

Como se manifiesta en el libro del citado autor, es irrefutable el hecho de que unos mercados abiertos y competitivos son el único vehículo sostenible para sacar de la pobreza a una nación, porque son lo único que garantiza que lleguen al país ideas y tecnologías novedosas y prácticas mejores, y que el sector privado (y hasta el público) tenga el incentivo de la competitividad y flexibilidad necesarias para adoptar esas ideas novedosas y transformarlas en empleo y productos. Como concluyen David Dollar y Art Kray, el crecimiento económico y el comercio siguen siendo el mejor programa antipobreza del mundo.

Los países no solo salen de la pobreza con buenas políticas fiscales y monetarias, también deben crear las condiciones de gobernabilidad, paz y confianza para hacer negocios, crear empresas, obtener capitales, y hacer que toda la sociedad sea competitiva con el mundo exterior. Sobre toda las cosas, el Ecuador progresará cuando comprenda que es bueno crear riqueza y distribuirla adecuadamente. Una cita de Friedman luce pertinente. “Un amigo musulmán del sur de Asia me contó un día esta historia: su familia india musulmana se separó en 1948. La mitad fue a Paquistán y la otra se quedó en Mumbai. Un día, cuando el ya no era un niño, preguntó a su padre por qué daba la impresión de que a la mitad india de la familia las cosas les iban mejor que a la mitad paquistaní. Y su padre le dijo: hijo, cuando un musulmán se cría en la India y ve a un hombre que vive en una mansión enorme a lo alto de una colina, dice: Padre, un día yo seré como ese hombre. Pero cuando un musulmán se cría en Pakistán y ve a un hombre que vive en una enorme mansión a lo alto de una colina dice: Padre, un día mataré a ese hombre”. Cabe siempre recordar que los populismos matan la riqueza y el progreso, y el octubre negro de 2019 tuvo las mismas consecuencias.

Jaime Carrera es economista.

2 Comments

  1. Muy buen resumen. Muy buen economista. Me gustaria su opinión sobre los ingredientes para una sana, sustentable y eficiente industrialización. No pido recetas, pero si la buena orientación de un conocedor del pais y su realidad. Sugiero empezar por el capital.

  2. Sesgado y poco actual, además no tomando en cuenta que estamos viviendo al borde del colapso climático global, gracias al crecimiento, el comercio transnacional y la acumulación de riquezas. Como siempre, se ignora por completo premiadas obras tan importantes, como las de Acemoglu y Robinson, Amartya Sen, Stieglitz, Piketty, etcétera…

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