Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Por qué oscila Ecuador entre un mesías y el desencanto?

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¿Cómo se explica esta inclinación que tiene el país por lanzarse al vacío, arriesgándolo todo? Ese es, precisamente, el principal temor que se puede abrigar en este momento: que tras el desencanto producido por el correísmo, el país, para encarar el chuchaqui, vuelva a apostar por cualquier aventura.

¿Por qué fluctúa Ecuador entre esta búsqueda incesante de un redentor, de un líder providencial, y el desengaño que produce la comprobación de haber apostado mal? Rodrigo Tenorio, doctor de psicología clínica, habla de un país que, por una lado, busca un mesías y, por otro, rinde culto a la tanatofilia, o atracción hacia la muerte.

Velasco Ibarra, Abdalá Bucaram, Rafael Correa… responden, en grados y por motivos diferentes, a ese esquema. Velasco Ibarra cumplió cinco veces con esa función de tobogán. Abdalá Bucaram también es un caso paradigmático. Él no propuso al electorado votar por alguien racional u ortodoxo: los invitó a votar por un loco. El loco que ama. Y lo logró. El electorado votó por alguien que, lejos de ofrecer alguna seguridad, extremó la opción al punto de encarnar, así fuese en forma retórica y simbólica, la figura de aquel que ha perdido la razón. El país se puso en sus manos. Y se defraudó pocos meses después.

También se puso en las manos de Rafael Correa. Y el ex presidente extendió las sábanas hasta donde el país, que estaba cansado de la inestabilidad sobre todo política, lo dejó. ¿Régimen hiperpresidencialista? Sin problema. ¿Deseo de meter las manos en la Justicia? Obtuvo permiso. ¿Voluntad de perennizarse? Sin dudarlo. El romance duró hasta que hubo dinero. El país le creyó con las manos cruzadas y los ojos cerrados. Y apenas descubrió que ni era el genio económico ni el hombre de manos limpias que proclamaba, el país se instaló en el desconsuelo. No porque lo extrañe (aunque tiene una base de voto duro) sino por la desilusión de haber sido burlado.

Ecuador oscila entre esos enamoramientos repentinos y esos duelos que atormentan. No hay, no ha habido, espacio para la construcción de políticas públicas que escapen a esas dinámicas extremas. No existe la continuidad necesaria para pensar en una administración pública relativamente inmune a los vaivenes políticos. El resultado de esto es lo que hay: un país sin brújula y sin norte. Un país incapaz de acordar las bases mínimas de su destino común, de su futuro inmediato. Un país donde 6 de cada 10 ciudadanos en edad de trabajar no tiene un trabajo normal. Un país sin élites conscientes de serlo, responsables y consecuentes con el rol ejemplar que debe ser el suyo. Un país donde muchos jóvenes sueñan con irse y otros, los más desfavorecidos, creen que no tendrán futuro.

El diagnóstico no cambia. Pero tampoco la forma de encarar soluciones pragmáticas y sostenibles. Por eso, tras el romance con Alianza País, el desengaño ha vuelto a parquear el país en la desesperanza. Y el desamparo. Eso fue octubre: la percepción física, psicológica y politica de estar librado a la voluntad de los nuevos Atilas. Si se suma desesperanza, desamparo, falta de empleo, sensación de inseguridad, miedo ante el mundo de certezas que se derrumba (porque lo propio del mundo contemporáneo es ser complejo, no unívoco)… Ecuador puede estar preparándose, otra vez, para dar un salto a lo desconocido.

Todo se presta: ausencia total de liderazgo por parte del presidente Moreno y de su gobierno. Bloqueo político y social. Fragmentación considerable en el campo político. Ausencia en la esfera pública de las elites y de la Academia. Unos medios de comunicación que algunos quieren políticamente correctos sin percatarse de que eso los convierte en meros notarios de desgracias anunciadas.

Sin liderazgo, sin norte, desesperanzada, padeciendo por la falta de trabajo y librada a la desazón y al miedo: así luce la sociedad que está en vísperas de una campaña electoral que muestra que la sociedad política nada ha aprendido. Y repetirá uno de los factores que muestra su inmadurez: una larga lista de candidatos a la presidencia de la República. No han aprendido que todos pueden ser birlados por la aparición, otra vez, de un outsider. Ellos no aprenden y país, instalado en un tobogán, entre el mesías y el desengaño, ama las sensaciones fuertes.

Foto: 4P.

9 Comments

  1. Oscar Arias, en uno de sus brillantes discursos decia que una democracia fuerte y estable era el resultado de partidos, igual, fuertes y estables, una escuela de lideres; desgraciadamente en este pais solo tenemos maquinarias electoreras, con su respectivo dueño, un caudillo que hace y deshace a su gusto de esa maquinaria. Llegan al poder y se comportan como piratas o corsarios, el pais es su botín y pueden disponer de su botín como les da la gana. No hay lideres, por eso, siempre buscamos un redentor, un Mesias con o sin uniforme. Por desgracia, nuestra politica es una noria, se repiten los mismos fantasmas, una suerte de maldición.

  2. No estoy totalmente de acuerdo. Antes de Correa el país iba camino a una democracia liberal y una economía social de mercado. Esto lo demuestro en un libro mío que espero pronto salga a la luz. Correa y sus secuaces «nos robaron el amanecer». Claro que no era un camino claro ni contundente, quizás era débil y por eso ganó Correa. Pero, estoy convencido que regresaremos al camino correcto, talvez será «despacito» pero un elefante se come también a trocitos y saldremos adelante. Hasta he sugerido una apuesta, que en 10 años estaremos mejor que ahora, y no será por la política, sino por el afán de mejorar que lleva dentro todo individuo. Y esto hace que los ecuatorianos tengamos un emprendedor dentro.

  3. Mientras la clase política tenga en sus filas, gente no calificada, gente que se aprovecha de un puesto para llevarse todo, gente que no responde al momento que vive el país “estancamiento, recesión y contracción económica”, para tomar decisiones y solo se acomode en los puestos de la función ejecutiva (Presidente, vicepresidente), asambleístas. Los ecuatorianos tendremos una fanesca en la cabeza, y votaremos por el que más grita, porque el que ofrece camisetas y gorras, por payasos y aprendices, y seguiremos la ruta del desastre.
    No existe madurez para reflexionar el voto, y perdemos fácilmente la memoria, y otra vez escuchamos que si se han hecho carreteras aunque ahora no sirven, que si se hicieron escuelas del milenio aunque ahora no funcionen, que si se hicieron obras como el aromo aunque estas se hayan hecho pensando en el aterrizaje de la droga. Que si se han coimado a empresas pero que a la final cumplieron con obras, que regresen. Y las instancias que deben poner en orden en este desorden del país, como el SRI, el IESS, la Justicia, la Contraloría, CNE, no toman cartas en los asuntos de “dineros robados” y no les meten a la cárcel a todos estos “ladrones” que vinieron a robarse todo, porque la patria fue de ellos y con propaganda encantaron a los de la cola y sanduches.
    Y Como los que se dejan encantar son más analfabetos, migrantes con cédulas ecuatorianas, muertos que figuran en los padrones electorales, y un conteo sucio de las elecciones, seguimos con esta clase de representantes que se especializan en el lleve…

  4. Dejen de buscar la quinta pata al gato.
    Mientras en el país exista un electorado mayoritariamente inculto y carente de sentido común, seguirán eligiendo a locos, charlatanes y ladrones.

    • Pensamiento correcto, sin electores pensantes no podremos aspirar a mejorar la elección correcta.
      El voto no debería ser obligatorio .

      • Totalmente de acuerdo! Sólo el voto voluntario, responsable y pensante salvará al Ecuador. De lo contrario, de seguir como hasta hoy, ir a votar será para la mayoría tan solo cumplir una obligación.

  5. Creo que los ecuatorianos o somos masoquistas o nos gusta jugar a la «ruleta rusa». En el caso que Ud. analiza, del «Loco que ama», el «slogan» que corría en su campaña era el de «o de una vez se jode o de una vez se compone» el país con tal personaje. En el caso de Correa, hay que destacar su habilidad para conquistar al público pues, al inicio, le apoyaron hasta intelectuales de prestigio. Se decía que era un PhD por lo que su administración sería «toecnica y científica» y con vocación de servicio a las clases sociales más necesitadas. Y la correa que agitaba, en sus recorridos, sobre su cabeza hacía pensar que va a «fuetear» a los corruptos. Y ese apoyo de los intelectuales se dio inclusive después de que ya se vio sus primeras acciones prepotentes como la sustitución de los diputados legítimamente elegidos con los «diputados de los manteles» (que nos costó plata). Por lo mismo, a lo mejor, no podríamos decir que vayamos de fracaso en fracaso por falta de educación. Inclusive en la actualidad, en Pichincha, donde se estima que su gente es «leída», pusieron autoridades correístas, relegando a candidatos de mayor capacidad. Entonces, creo que a nuestra gente lo que le falta es conciencia de patria; ¿cómo alcanzarla? ¡No sé! Pero la labor que los periodistas responsables como los de 4-P realizan con este fin, es loable. No desmayen.

  6. A que viene la opinión de un psicólogo clínico al hablar de una supuesta ‘mentalidad del país’???? Preguntarle o citar a un sociólogo o a un historiador. Su artículo en general no deja de ser interesante, pero le resta seriedad a su opinión el intentar ser incendiario sacando analogías de la chistera.

  7. Habría una alternativa. La conformación de una coalición política que se proponga en 30 años mantener una dolarización bien manejada, el libre mercado, la apertura comercial, el equilibrio fiscal y macro-económico, la seguridad jurídica, por medio de un PLAN NACIONAL DE DESARROLLO ECONÓMICO Y PRODUCTIVO, con vigencia de largo plazo, conformando un gabinete ministerial calificado, del cual salgan los candidatos presidenciales de manera secuencial, durante la vigencia de la coalición, como un partido político integrado, que haga campañas para cumplir el reto del largo plazo, adjudicándose el favor de los electores por sus resultados demostrados en la evaluación de objetivos cada cuatro años. El centro derecha del País, demostrando que lo que dicen puede hacerse realidad.

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