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Cañizares: me impresiona, ante el riesgo, la falta de obediencia

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Así vivo en tiempos del coronavirus: 4P. prosigue la publicación de testimonios escritos por sus lectores. 

 

Ana María Cañizares
Corresponsal de CNN en Ecuador

«En mi casa hemos reforzado las normas de higiene y limpieza. El alcohol es ahora nuestro compañero más ferviente. Vivo con mi mamá y juntas sobrellevamos estos días. Ella se preocupa cuando debo viajar, salir a realizar coberturas, entrevistas o hacer trabajo de producción para tener en vivo a algún funcionario o experto para mi cadena.
Tengo un área dispuesta para mi propia sala de redacción, donde limpiamos frecuentemente junto a mi camarógrafo los equipos, cables, micrófonos, computadoras, mesas, sillas, pantallas: todo lo que forma parte de nuestros insumos de trabajo. Usamos guantes para manipular cosas sobre todo cuando estamos en la calle. Poco a poco hemos tomado estas medidas.
En el edificio donde vivo en el primer piso también está mi abuela de 80 años, quien el año pasado luchó contra una neumonía que casi le produce la muerte.  Este año tuvo una recaída hace dos meses, pero volvió a casa y sus pulmones siguen luchando como un hierro. Ella usa un traqueostomo que la mantiene con vida para respirar. Ella es parte del grupo más vulnerable en estas circunstancias. No la veo desde hace varios días, evito bajar a visitarla.
La preocupación también nos golpea a ratos con mi mamá y mi papá cuando vemos que las cifras de casos de coronavirus aumentan en España:  mi hermano menor vive en Madrid donde estudia la universidad desde el año pasado. Él está recluido en la casa y nos dice que no nos preocupemos. Sabe que esto no pasará tan pronto en ese país y que la Comunidad de Madrid es la más golpeada. Tratamos de hablar constantemente con él, dándole ánimos para que esta crisis pueda ser también una oportunidad para valorar otras cosas de la vida.
La cobertura informativa en mi caso no ha parado durante la crisis por el coronavirus. Si bien las circunstancias han cambiado, no he dejado de salir a la calle a cubrir las historias y hechos alrededor de la pandemia.
Tras la confirmación de los primeros casos de coronavirus en Guayas, por ejemplo, nos movilizamos junto a mi camarógrafo a Guayaquil para conocer cómo la gente estaba modificando su rutina. Viajamos en el sistema de la Metrovía para entender la dinámica del transporte más grande de la ciudad y cómo estaba la percepción de la gente en un lugar de alto contacto físico.
También trabajamos en historias humanas desde Guayaquil: por ejemplo, cómo un ingeniero químico empezó a producir más gel con alcohol, jabón y otros artículos de limpieza para venderlos a precios módicos, o de qué manera la comunidad china en Guayaquil enfrentaba la baja en sus negocios y las noticias de muertes en el país asiático.
Creo que el periodismo tiene la responsabilidad de informar sobre las historias transversales a una pandemia. Acercarnos a la gente y a su nueva normalidad. Los hogares están viviendo algo sin precedentes que ni nuestros padres o abuelos han atravesado.
Continuamente estoy pendiente de la información oficial, de llamar a las fuentes a confirmar datos o hechos, de redactar las actualizaciones de cifras o de medidas de restricción nuevas para enviar a mis colegas en Estados Unidos que siguen trabajando muy duro para mantener a la audiencia de mi cadena informada y sobre todo consciente de la dimensión de lo que estamos viviendo.
Las cadenas informativas del gobierno son demasiadas en un día y hay información que a veces no logra ser precisa en ese desborde de datos y opiniones.
Insisto en que las noticias no paran y el periodismo tampoco. Hay muchos héroes anónimos alrededor de la emergencia a los que el periodismo debe visibilizar. Gente que está poniendo su conocimiento pero también su corazón para contener los contagios.
Por lo que he visto en mi trabajo y por lo que vivo día a día en mi casa con los míos, creo que aún en Ecuador falta más solidaridad, más racionalidad y más disciplina en estos momentos. Una de las cosas que más me impresionan es la falta de obediencia ante una situación que pone en riesgo la vida tuya y de los que amas».

2 Comments

  1. Esperemos que esta experiencia dolorosa conmueva las fibras de los ecuatorianos, haga que nos reconozcamos como pueblo, nos permita entender que más allá de las diferencias esta el bien común. Probablemente, si hoy, como sociedad no curamos nuestras heridas, no somos lo suficientemente capaces de entender que el futuro es de todos en libertad y pluralismo nunca lo vamos a hacer y buscaremos una vez más un redentor que aprovechará la extrema vulnerabilidad con lo que terminaremos este doloroso proceso. Ojo, no hace mucho un oportunista aprovechó el desencanto social, la desesperanza einstauró diez años de demagogia. De esto dias más dias menos saldremos, debemos estar pendientes del discurso de quienes buscaran aprovechar la sensibilidad, el desamparo y el desconcierto en que como sociedad quedaremos.

  2. Esta pandemia claramente nos muestra que la gran mayoría de los seres humanos desgraciadamente mediante diferentes fuentes de «educación», llámense familia, escuela y gobernantes ha desarrollado casi a la perfección EGOÍSMO, INDISCIPLINA, INDIFERENCIA, HIPOCRESÍA, CINISMO, MEGALOMANÍA, MITOMANÍA, ENVIDIA, LUJURIA, PREPOTENCIA, por mencionar algunas de las «cualidades» propias del «siglo XXI»

    Hacía falta algo que de una vez por todas ponga en ORDEN a todos para que no se olviden nunca más que el ser humano es solo eso, PASAJERO y obligado a vivir respetando normas y valores esenciales de convivencia en PAZ y ARMONÍA.

    PRESO correa PRESO!!! (por lo menos unos 8 añitos para este nauseabundo sicópata)

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