Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El año de la peste

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Al mundo este año le cayó una peste y no cabe duda de que los ecuatorianos estamos viviendo tiempos inéditos; circunstancias que nos obligan a todos a cambiar totalmente nuestros hábitos, a guardarnos de nuestras actividades cotidianas y repensar nuestro diario vivir desde una lógica distinta: trabajar sin acudir a nuestros lugares de trabajo y ser disciplinados cumpliendo restricciones e instrucciones, para poder protegernos de la pandemia que nos ha llegado. Sin embargo, esta virosis mortal nos está mostrado los usos y costumbres de los ciudadanos en tiempos de crisis; formas de reaccionar y actuar, que deberían ponernos a pensar a todos y analizarlas desde la visión de lo que nos falta por construir como sociedad.

Quizá el reto más difícil para todos, a más de evitar contagiarnos con el virus, ha sido tratar de no dejarse contagiar por el pánico, y terminar emulando conductas y prácticas erráticas de otros: el nivel de acaparamiento de los víveres y provisiones que se vivió en supermercados y sitios de expendio de los bienes de primera necesidad ha sido histórico y ha dejado sin acceso a estos artículos a familias que también los requieren. Ni hablar de las mascarillas y desinfectantes que desaparecieron del mercado, poniendo en riesgo a quienes lo necesitan de urgencia como son los pacientes enfermos, algunos con enfermedades catastróficas.

Lección número uno: como sociedad tenemos pendiente desarrollar mayor solidaridad, pensar en el otro como alguien que también merece lo mismo que nosotros, que también es digno de poder guarecerse en momentos de dificultad; entender que como ciudadanos tenemos el deber moral de velar por el resto, aunque esto signifique tomar solo la funda de arroz que vamos a necesitar y no todas la de la percha….
Para la mayoría, cuarentena era una palabra de esas que solamente se leen en los libros o se ven en las películas; por lo tanto, vivirla se transforma en una experiencia casi surrealista. En medio de esa experiencia, las redes sociales y los medios de comunicación son la ventana más cercana que tenemos para conocer cómo está enfrentando el Ecuador y el mundo esta batalla. Todos hemos estado pendientes de las noticias por esas vías, sin embargo, en momentos claves nos encontramos sin saber qué hacer: completamente confundidos y desorientados por mensajes cruzados provenientes de la descoordinación entre las autoridades.

Lección número dos: el ego es mal consejero y la pesca a río revuelto no siempre funciona; en momentos de crisis actúa mejor la coordinación entre todos. Si bien la mayoría de nosotros está concentrada en sobrellevar el día a día en nuestras casas, también hay otra realidad de los que se encuentran en el limbo del tránsito entre países, sin poder regresar o bien salir hacia sus lugares de destino. Para ellos, aún no se conoce el plan de contingencia que se debería estar poniendo en práctica para asistir a esos compatriotas. Lo que conocemos son sus rostros angustiados mientras se refugian en los aeropuertos a la espera de una solución, y la decisión arbitraria, innecesaria y peligrosa de una autoridad local impidiendo el aterrizaje de un avión con 11 tripulantes.

Lección Número tres: crear situaciones extremas y arbitrarias para levantar perfil siempre es un arma de doble filo. La situación actual demanda el concurso de todos para poder superarla y debe ser vista desde las autoridades como una oportunidad para generar espacios coordinados y sensatos de acción, porque en estos momentos, los ecuatorianos no necesitamos ni héroes forjados ni perfiles electorales: queremos líderes humildes trabajando codo a codo por el bien común.
Y del lado de los ciudadanos, tal vez la quietud y el silencio que hoy nos hace compañía nos pueden estar sirviendo no solo para trabajar sino sobre todo para reflexionar y buscar sanarnos de otras pestes que, en la vida diaria, son peores y de difícil curación y que nos impiden ser buenos ciudadanos: virosis morales como el egoísmo, la intolerancia, la falta de empatía con los animales y el ambiente, la arrogancia y la soberbia de creernos mejores que el resto por que ostentamos un carguito o porque que tenemos plata. Este año de la peste con seguridad nos cambiará a todos.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

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