Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Oscar Vela entre cuatro paredes

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Así vivo en tiempos del coronavirus: 4P. prosigue la publicación de testimonios escritos por sus lectores. 

 

Óscar Vela
Escritor
Autor de «Yo soy el fuego», «Náufragos en tierra», «Desnuda oscuridad», «Ahora que cae la niebla», «Todo ese ayer». 

Los escritores estamos acostumbrados a vivir entre cuatro paredes. Allí, acompañados del silencio que resulta indispensable a la hora de construir una historia, pasamos buena parte de la vida borroneando textos, dibujando líneas de tiempo, imaginando rostros, fisonomías, gestos, defectos, características particulares o rasgos identificativos de nuestros personajes.
En ocasiones el aislamiento y el silencio nos aplasta hasta dejarnos vacíos, sin ideas, con la página en blanco o con los cuadernos plagados de tachaduras y símbolos inconexos. Pero de pronto, sin que nada o nadie nos lo advierta o nos prevenga, todo fluye otra vez, y entonces las palabras brotan como si se tratara de una avalancha, y de un modo u otro, se acomodan en su sitio hasta cobrar algún sentido y formar así un relato, un verso, un cuento, un ensayo o una novela.
Por supuesto, no es lo mismo encontrarse como ahora en un encierro forzado, con la opresión y el miedo por las noticias que vuelan de modo tan vertiginoso como el virus que nos ha obligado a quedarnos en casa, que permanecer por propia voluntad y en libertad en nuestro espacio preferido, una biblioteca, un estudio, una habitación o un simple sofá que nos reciba para leer, escribir o tomar una siesta.
Si queremos verlo todo desde el punto de vista del vaso medio lleno, estas circunstancias, tan extrañas para la mayoría de personas, pero tan familiares para quienes disfrutamos escribiendo o leyendo, nos permiten aprovechar el tiempo para nuestras actividades sin las presiones de la cotidianidad, como el trabajo paralelo que casi todos los escritores debemos hacer para sobrevivir, o las obligaciones diarias que nos mantienen también en esa vorágine de trámites, filas, tráfico, demoras, idas y venidas, sobresaltos, disgustos, molestias, en fin, todo aquello que hoy muchos ya estarán extrañando, porque a fin de cuentas, somos seres inevitablemente inconformes.
Pero si va usted por la vida mirándolo todo con el vaso medio vacío, y si a su pesimismo crónico se le suma además el hecho desgraciado de que no le gusta leer (lo que lamento mucho, sinceramente), y que por supuesto tampoco se le da bien escribir (le aseguro que no existen escritores que no sean buenos lectores), lamento decirle que entre sus cuatro paredes pronto se volverá usted un ser autómata, incapaz de reconectar sus neuronas sino solo para presionar los botones del control del televisor o de las teclas del computador o de su consola preferida, o quizás engordará hasta reventar, o terminará a lo mejor listo para salir de casa en un vehículo sin ventanas, envuelto en una sensual camisa de fuerza.
Por eso les dejo a los lectores estas recomendaciones para las larguísimas horas de ocio que tienen por delante: primero, evidentemente, lean algo, y mejor si tienen un libro a mano. Si no lo tienen es muy fácil conseguir con un teléfono celular o con el computador cientos de obras gratuitas, libres de derechos de autor, o si quieren y pueden hacer el gasto a los que intentamos vivir de esto, busquen obras contemporáneas en los portales de venta digital. Estos días, por ejemplo, he aprovechado para leer la novela ‘Los Errantes’ de la Nobel polaca, Olga Tokarczuk, que en tiempos de encierro resulta un reconfortante viaje entre espacios y tiempos tan amenos como diversos.
También comencé a leer la nueva novela del escritor italiano Paolo Giordano, titulada ‘Conquistar el Cielo’, una atrapante historia centrada en la vida de unos jóvenes en un pequeño pueblo de Apulia, en el sur de Italia. Me aguardan, además, listas en línea para todo este período de resguardo, ‘Sanguínea’ de la ecuatoriana Gabriela Ponce, ‘Glosa’ de Juan José Saer y la relectura de las extraordinarias biografías de Stefan Zweig. Y si luego de esas lecturas todavía sigo en casa, seguramente será porque la cosa va peor allá afuera.
Finalmente, si no le convencen los libros, debería intentar (re) conocer a esas personas que le rodean siempre, a las que han estado a su lado como seres espectrales y ahora -benditos sean los tiempos que vivimos- puede mirarles directamente a la cara, dirigirles unas palabras o intentar algún tipo de caricia sin la intromisión de la pantalla de su teléfono celular o por intermedio de las redes sociales. O puede volver, como en tiempos de nuestros padres, a destrabar las mandíbulas, aguzar el gaznate y conversar un rato, o podrían hacer juntos una sobremesa, o jugar a las barajas, reír a carcajadas contando chistes o hacer el ridículo jugando caras y gestos, párame la mano o interpretando personajes en ‘papelitos’…
Así, tal vez, usted también sobreviva entre cuatro paredes.»

4 Comments

  1. A fines del año pasado leí la obra «Ahora que cae la Niebla» de Oscar Vela, soy un lector consumado y esta obra me pareció excelente, felicitaciones a Oscar; el consejo que pone en el presente artículo, sobre leer libros es lo mejor, quién no lee no sabe lo que se pierde, leer es conocer el mundo, conocer personajes de la vida real o ficticios, en actos que siempre nos dan una lección de vida, la lectura pone a prueba los sentimientos de cada cual y nos hace vivir y vibrar con sensaciones hermosas, alegres y tristes.

  2. Agradezco a Oscar Vela por las sugerencias de libros para leer. Primero quisiera encontrar al menos una de sus obras en versión digital, a veces es difícil. Y mis deseos porque pronto retorne a sus actividades habituales.

  3. Excelente, la creación espontánea de este espacio para cualquier usuario consumidor de este portal. Voy a aprovechar de la nota que acabo de leer del escritor Oscar Vela, quien resalta en su nota, la importancia de la lectura, que como sabemos, en nuestro país es casi inexistente. Y la sugerencia es que los escritores o simplemente aquellas personas, lectores consuetudinarios, que leen este portal, inician con pequeñas recomendaciones de lectura para aquellos que leen muy poco o nada, pero que sí tienen acceso a este espacio, es decir, intentan incentivar, motivar, empujar, influir o simplemente convencer de que lean tal o cual libro, documental, biografía, revista o cualquier escrito que los lleve a iniciarse como lectores: paso a paso, de poco en poco. A ese “programa” lo podríamos llamar “Lectura para no lectores”. Estoy seguro que hay muchos “lectores profesionales” que tienen la aptitud y las herramientas pedagógicas para poder iniciar a algunos ecuatorianos en el hermoso terreno de la lectura.

  4. Asi es la vida de la intelectualidad, barajando la prensa, los libros clasicos, la web, el wattsahap, la computadora, el Beta, revistas, albunes, la tv, el telefono y las noticias de radio. Nos falta poder entrar en el campo de la discusion de la crfitica para digerir las ideas. Alli la gente necesitamos reunirnos tomarnos un cafe, una copa, para acordar compromisos de vida.

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