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¿Y si la cloroquina o la cascarilla son la salvación?

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Aunque aún no hay estudios ni evidencias científicamente contundentes ni así tampoco experiencias médicas hechas a gran escala, lo cierto es que desde hace varias días existe un inusitado interés en la prensa especializada, en la comunidad médica, en la industria farmacéutica y hasta en políticos como Donald Trump en una posible cura para el coronavirus o covid-19: la cloroquina.

Se trata de un fármaco usado desde los años 40 del siglo pasado para combatir la malaria y que es la versión sintética de la quinina, un elemento que se extrae de la corteza del árbol de la Cinchona, originario de los andes sudamericanos. La cinchona fue declarado como planta nacional del Ecuador desde 1936 y durante muchos años su corteza fue el principal producto de exportación del Ecuador por sus efectos para combatir la malaria y otras fiebres. También es el arbolito que se ve en el escudo del Perú.

La ola de interés por este fármaco ha llegado a niveles insospechados: en los EEUU ya hay escasez de cloroquina en todas sus versiones y grandes laboratorios han anunciado que pondrán en marcha la fabricación de decenas de millones de dosis.

La intervención del presidente de los EEUU, Donald Trump, en la que salió a decir que se trata de una medicina eficaz y que ya está aprobada por la FDA, lo cual no es cierto, ha provocado una ola especulativa que ha perjudicado a miles de pacientes de lupus y reumatismo en los EEUU que toman ese medicamento. El que Trump haya salido a promocionar la cloroquina se ha convertido en el disparador de una apasionada polémica política: la prensa alineada con el presidente pública cuanta buena noticia hay sobre este fármaco mientras que los medios críticos como el The New York Times han condenado que Trump haya salido a promocionar un medicamento que no ha sido probado y que incluso tiene efectos secundarios muy tóxicos. De hecho, en Nigeria se han presentado casos de intoxicación de personas que se han automedicado la cloroquina.

El inusitado interés por esta droga nació realmente, según una publicación de la revista Wired, en Twitter. Ahí, desde su cuenta un inversor de blockchain llamado James Todaro dijo que una medicina, con ya más de 85 años de existencia, llamada cloroquina es una posible cura para el coronavirus. Todaro puso el link a un documento médico del que él es coautor explicando la idea. Cuando el editor de la plataforma donde se publicó el documento dijo que el contenido había sido consultado con tres prestigiosas facultades de medicina: la de la Universidad de Stanford, la de Alabama y el colegio de medicina de Birmingham, la idea de usar este fármaco se viralizó en Twitter. A tal punto que una de las más grandes estrellas del Silicon Valley y dueño de Tesla, Elon Musk, decidió promocionar la idea en  su cuenta de Twitter con 36.5 millones de seguidores, donde también puso un link a un video donde un químico de EEUU explica cómo funciona la cloroquina. En poco tiempo, Donald Trump se sumó a la idea y la polémica explotó.

Incluso la súper rigurosa revista Science ha publicado estos días un artículo sobre el tema en uno de sus blogs titulado «Cloroquina, pasado y presente«. Ahí, su autor, Derek Lowe, si bien admite que todas las explicaciones sobre la posible acción del fármaco en el coronavirus tienen lógica y sentido, él teme que se trata de uno de esos entusiasmos que normalmente aparecen en circunstancias como éstas pero finalmente terminan en decepciones.

En realidad, lo de la cloroquina como cura para el coronavirus ya había sido documentado por un equipo de médicos de Taiwán y otro de Francia, aunque el número de pacientes en los que se había probado es muy reducido como para que sea aceptado como algo cierto. Sin embargo, el estudio hecho en Francia bajo la dirección del doctor Didier Raoult, de un prestigioso centro de investigacion de Marsella, es sin duda el que ha prendido la esperanza y ha disparado la expectativa.

De hecho ayer sábado 21 de marzo, el ministro de Salud de Francia, Olivier Véran, anunció que se ha ordenado replicar el estudio de Raoult pero a gran escala. Si todo va bien, ha dicho el ministro, en 15 días se podría tener las primeras conclusiones sobre el uso de la medicina. Según la publicación francesa L’internaute, el estudio se hará conjuntamente con el proyecto europeo Discovery y los protocolos serán fijados este martes.

El éxito del experimento de Raoult radica en sus notables resultados, aunque su mayor debilidad es el tamaño de la muestra: apenas 20 personas. Lo cierto es que durante seis días, Raoult inyectó  a una veintena de pacientes una dosis de 600 mg al día de Plaquenil, el nombre comercial del fármaco en Francia, con otra de zinc. A los 20 días, los pacientes que recibieron el Plaquenil y el zinc tenían apenas un 25% de infección mientras que los que no lo recibieron tenían un 90%, explicó el investigador el 18 de marzo al diario Le Monde. En realidad, la cloroquina actúa como un agente que rompe la estructura del virus y permite el ingreso del zinc que es el que lo mata, explica el estudio.

Raoult sostiene que su decisión de hacer el experimento se derivó de las experiencias positivas que había tenido este fármaco en pruebas hechas en China y Corea del Sur. «El hecho de ignorar lo que han dicho los chinos sobre la cloroquina es delirante», le dijo Rauolt a Le Monde. Según él, en China, Corea del Sur, Irán y Arabia Saudita el uso de la cloroquina es ya parte de los protocolos en los hospitales.

El uso de este fármaco, sin embargo, es criticado por quienes dicen que es altamente tóxico y que trae efectos secundarios que incluye la muerte. Raoult sostiene que esos efectos tóxicos ocurren en un 1% de los pacientes, muchos de los que, además, sufren otras patologías. Además que eso comparado con el inmenso bien que se podría obtener no tiene comparación.

La curioso de la mirada que el mundo está poniendo en la cloroquina o quinina como se llama el extracto químico de la corteza de la cinchona o cascarilla es que se trata de una medicina cuyo uso se remonta, al menos, a los años 1600 cuando la esposa del entonces virrey del Perú, Luis Jerónimo de Cabrera y Bobadilla, estaba por morir a causa de las fiebres palúdicas que sufría. Según la leyenda cuando ya se habían perdido todas las esperanzas, unos indígenas le dijeron que si se tomaba unas infusiones hechas con la corteza de un árbol que había en la zona de Loja, actual territorio ecuatoriano, podría salvarse, lo cual ocurrió. El árbol pasó a llamarse cinchona puesto que el virrey era el cuarto conde de Chinchón. Desde entonces se explotó la cascarilla en las zonas aledañas a Loja.

Dado que la malaria fue introducida a América por los europeos, los historiadores y científicos suponen que los indígenas utilizaban esta planta para otros tipos de fiebres y males. Lo cierto es que a partir del siglo 17 se popularizó el uso de la corteza de la cascarilla en Europa, pues hasta en Londres había malaria. Hasta el siglo 19 y entrado el 20, la cascarilla fue uno de los principales productos de exportación del Ecuador. En los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, se sintetizó el componente y desde entonces se lo fabrica de forma química como cloroquina.

No sería pues, la primera vez que el mundo le pone un ojo al árbol de la cinchona o a su componente químico. Los ingleses, para evitar la malaria durante su conquista de la India recurrieron a la quinina de una forma bastante más placentera: inventaron el gin tonic. Mezclaron el gin con el agua tónica que es profundamente amarga porque lleva más o menos 83 miligramos de quinina por litro. Así, tomando deliciosos gin tonic, los ingleses evitaron las fiebres de la malaria durante la conquista y colonia de la India a tal punto que Winston Churchill llegó a decir que el «gin tonic ha salvado más vidas de ingleses y mentes que todos los doctores del imperio».  Una dosis terapéutica de la quinina, sin embargo, es mucho más fuerte que la que hay en el agua tónica: de 500 a 1 000 miligramos.

La cloroquina, sin embargo, no es la única droga que se está experimentando para el coronavirus a partir de tratamientos aparentemente exitosos. Japón ha iniciado los estudios sobre una medicina llamada Favipiravir, un antiviral que se lo ha usado para la influenza. Diario El País publicó una nota que dice que el mundo tiene puesta la mirada en dos posibles remedios: la cloroquina y un antiviral desarrollado para el ébola y que no se lo usó porque su lanzamiento se produjo cuando esa peste ya había pasado.

Cualquier cura para el coronavirus, sin embargo, deberá someterse a las investigaciones científicas que, casi todos coinciden, no duran menos de 60 días.

Así que a esperar.

9 Comments

  1. Dejando de lado cualquier pensamiento negativo, temeroso, morboso y principalmente egoísta sobre el COVID 19, pongámonos a pensar que de positivo tiene todo lo que minuto a minuto sucede por causa del famoso «virus».

    El mundo en general, para este caso pensemos solamente en el sufrido y abusado Ecuador, país que desde hace mucho rato está llegando al límite mismo de su resistencia ante feroz maltrato de múltiples maneras.

    Seguramente muchos pensaron alguna vez que el país estaría mil veces mejor con un dictador al estilo Pinochet (duela a quien le duela), en resumen es necesario que aparezca alguien HONESTO, RESPONSABLE, FIRME, INTELIGENTE y principalmente muy DISCIPLINADO para rescatar al sufrido país de la anarquía y desgobierno.

    Los requisitos mencionados ni siquiera son difíciles de reunir, claro está en algún lugar del mundo donde exista gente con las mismas características aplicándolas como su propia filosofía de vida sin ninguna restricción, condición o excepción.

    Volviendo al famoso «virus» es verdaderamente increíble e inverosímil ser testigos de tantos individuos que sabiendo el peligro existente, solamente piensan en ELLOS y les vale un carajo el resto del mundo!… argumentando que tienen «derecho»… claro que el derecho de contagiarse y literalmente morir como consecuencia (referirse a Italia y España) es propio de cada uno.

    Infelizmente en este caso la indisciplina, arrogancia y egoísmo de esos inconscientes, en muchos casos se convierte en sentencia de muerte para cualquier persona que se atravesó en su camino (literalmente).

    Ojala la gente consiga entender que el mejor “anti-virus” existente en este momento se llama DISCIPLINA!!!… tan fácil como eso.

    PRESO correa PRESO!!! (correa=prófugo) nombre perfecto para el nauseabundo sicópata.

  2. Hace casi un año, un grupo de jóvenes emprendedores ecuatorianos, sacaron al mercado, una agua tónica, con extracto natural de árboles cultivados en Loja, y se llama Cinchona, lamentablemente no se encuentra en perchas de los supermercados, porque los trámites para aceptarlos han sido negados. [email protected] se produce en Cayambe Ecuador.
    Aclaro este no es un aviso publicitario, es solo información que podría servir.

    • Siempre he buscado un agua tonica que tenga extracto de quinina y solo hay una marca nacional que la contenga. El resto son marcas con sabor y aroma artificiales.

      Por ello me es dificil enteder porque no han calificado las cadenas una auténtica agua tónica para perchas, con cascarilla de Loja. Es simplemente absurdo que privilegien el sabor artificial a quinina de la auténtica cascarilla. Entre las tónicas importadas pasa lo mismo, sabor artificial a quinina.

  3. Ojo: los medicamentos mencionados no se deben usar sin autorización sanitaria. Los criterios son : no para todos (casos leves, gente joven y en buena salud). No sirven como profilaxis si no hay evidencia comprobada de contacto; p.ej tener un enfermo en casa. Es un médico quien en cada caso debe valorar beneficios vs riesgos.

  4. Desde que la epidemia en China empezó se manifestaron las posibilidades de varios medicamentos entre ellos la cloroquina. He seguido (soy médico) toda la evolución de esta y otras posibilidades. Hace tres semanas busque cloroquina y encontré su pariente cercano la hidroxicloroquina. Cada vez mas evidencia (sin la rigurosidad científica que se exige para otras situaciones) nos afirma que si es beneficioso este medicamento y mas si se asocia con otros.
    Como sucedió con el brote inicial de HIV la FDA autorizó uso de medicamentos, sin que cumplan todos los pasos previos investigativos. Ojalá funcione, ¡Consulte a su médico!

  5. De Loja así es efectivamente. Una planta originaria de esta noble ciudad. Así como lo es la chirimoya,el tomate de árbol, el babaco,el árbol de huilco y algunas otras bendiciones. Aunque hoy se produce intensivamente en muchas regiones del país y del mundo es muy grato para quienes conocen escuchar lo prodigiosa de esta tierra.

  6. Excelente artículo que en éstos momentos de angustia, hace tener esperanza que tanta falta nos hace! Saludos cordiales y a quedarse en casa!

  7. Una noticia muy alentadora, hay que esperar a que hayan investigaciones científicas más convincentes, tengo en casa una planta cascarilla o quina que traje de la Amazonía, la voy a cuidar. Si la mayoría de los fármacos son extraídos de plantas medicinales, no sería extraño que esté en nuestras manos la cura de esta pandemia. Gracias Martín, es una luz al final del túnel.

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