Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

También esto pasará

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Así vivo en tiempos del coronavirus: 4P. prosigue la publicación de testimonios escritos por sus lectores. 

Silvia Buendía
Abogada, feminista, defensora de los derechos humanos LGBTI

A diferencia de otra gente, yo no llevo la cuenta de mis días sin salir. Creo que es porque me encanta estar en casa, amo leer, ver películas, escuchar música. Además, mi hogar es uno de mis sitios favoritos en el mundo. El problema ha sido lidiar con la angustia de lo que está afuera: lo exponencial de los contagios, lo precario de nuestro sistema de salud pública, la mezquindad de quienes ni siquiera durante una emergencia como esta dejan de joder, la poca empatía de gente que se dedica a difundir noticias falsas (los chats de los celulares se han convertido en auténticas herramientas de desinformación).
También me tiene abatida ver cómo ciertas personas hoy, ante el naufragio colectivo que vivimos, han cometido las peores equivocaciones que podían cometer. Y que lejos de rectificar, han persistido en el error y han hecho de su obstinación un argumento.
La preocupación no me ha permitido concentrarme lo suficiente para leer como acostumbro. He dejado algunos libros para después, luego de empantanarme en sus primeras páginas. Por suerte di con Amélie Nothomb que escribe divertidas novelas cortísimas con una prosa fluida, enérgica y provocadora. Se leen en dos patadas. Del Sabotaje Amoroso, pasé a Metafísica de los tubos y ya estoy en la Biografía del hambre. Gracias, Amélie Nothomb; por ser mi salvadora en estos momentos de bloqueo mental.
El cine también ha venido en mi auxilio. Con mi hijo y mi hija hemos ideado un cine foro familiar en el que cada noche uno de nosotros elige una película y luego la comentamos hasta el pleonasmo. Ya hemos visto Klaus, Ford versus Ferrari, Dead pool, Casablanca y Ciencia loca. Esta última, por si se han olvidado, es una película de adolescentes de los años ochenta dirigida por John Hughes. Película que ha envejecido muy mal, por cierto.
Mi marido es inquieto, nervioso, odia leer y solo le gustan las películas de acción. Como en estos momentos ni él mismo se soporta le ha dado por incordiarnos al resto. Descubrió unas latas de espuma que sobraron del carnaval y se la ha pasado persiguiéndonos por toda la casa para bañarnos en esa horrenda sustancia apestosa. Cuando le confisqué hasta la última lata de Carioca, encontró una pistola nerf –cuyas balas no duelen, pero fastidian- y nos disparó a todos; hasta a Arturito, nuestro perrito shih tzu. Lidiar con la desproporcionada intensidad lúdica de Carlos Lasso -sin acariciar la idea del divorcio- ha sido todo un reto. Por suerte, ya Karla Morales lo puso a confeccionar en su impresora 3D mascarillas para el sistema de salud, y ahora está dedicando su energía día y noche a este esfuerzo. Gracias, Karla Morales; mi hogar y el país entero tenemos una deuda impagable contigo.
La angustia también enferma. El no saber qué va a pasar con la pandemia, y, sobre todo, no saber cuánto nos va a costar en vidas humanas. Porque no todos podemos quedarnos en casa. Para eso se necesita tener los recursos para trabajar a distancia y una actividad laboral que nos lo permita. Pero quien diga que la cuarentena es un privilegio de clase no tiene toda la razón. En estos momentos, mientras las restricciones aplican para casi todo mundo, hay gente que tiene que seguir trabajando en primera línea. Y es gente que pertenece a todos los estratos económicos. Ese privilegio de quedarse en su casa con los suyos no lo tuvieron, por ejemplo, profesionales de la salud, autoridades o funcionarios públicos; quienes, más allá de su posición social, han salido cada día a luchar contra el virus covid 19 y algunos incluso ya están contagiados y muy enfermos.
En estos días viene a mi mente un cuento chino sobre un poderoso emperador que reunió a los más prominentes sabios de su reino y les pidió que buscaran una frase que sirviera para todas las situaciones posibles. Tras mucho pensarlo, los sabios le dijeron al emperador que la habían encontrado: “También esto pasará”. El dolor y la pena pasarán como pasa la euforia y la felicidad. La historia la leí hace poco en una novela de Milena Busquets que tiene por título, justamente, También esto pasará. Esta máxima se ha convertido en el mantra que me ayuda a vivir en estos días. Aunque, a veces también pienso que nunca pasará esto. Es decir, el virus eventualmente se aislará, se aplanará la curva de contagio, con los años vendrá una vacuna y se erradicará la enfermedad como sucedió con la polio o la viruela. Pero este episodio de la historia nos quedará para siempre en la memoria y es nuestro deber sacar de esta tragedia la mejor de las enseñanzas.

4 Comments

  1. Mi nombre es Fanny Tibán y yo pienso que en parte tiene muy buenas acotaciones porque hoy en día le a permitido expandirse desde la comunidad de su hogar que quiero decir que usted a podido leer libros que le han llamado la atención por uno o otro motivo y eso ya la hace una persona muy interesante porque adquirió mas conocimientos que le permitieron discernir de lo que pasa en nuestro entorno. por mi parte le felicito y le animo a que siga y no pare¡ es un buen ejemplo para jóvenes, niños y porque no otras personas adultas que pueden empezar y descubrir nuevos horizontes.¡ excelente día¡

  2. yo,yo,yo…siempre yo..afuera están los desempleados y los subempleados .Aquellos que trabajan a diario para comer diario .Esos son tan invisibles como el virus.

  3. Ejemplares reflexiones
    Siempre será importante para escritores y/o asiduos lectores varones conocer el pensamiento lúcido y visionario de una mujer como Silvia Buendía, quien junto a su corta familia, nos ha hecho conocer el interior de la misma, y hemos sonreido de lo que vienen afrontando en su obligado encierro en el transcurso diario de esta terrible pandemia originada por el Coronavirus. o Covid 19. Nadie en el mundo pudo advertir que llegaría esta enfermedad, quizá los cineastas que producen películas del futuro, luchando por el poder terrestre y extraterreste, presentando actores con disfraces estrafalarios y con decisiones imperativas. En fin, en lo que va del siglo XXI, nos ha tocado ser actores obligados de una enfermedad que ni los poderosos políticos, ni los acaudalados hombres de empresas y de inventos cibernéticos pudieron imaginar. Felizmente, hay seres humanos en el mundo que todavía luchan por la libertad, la igualdad y la fraternidad, que aunan esfuerzos para aliviar la carga de aquellos que todavía buscan, desesperadamente, un mendrugo de pan para sus hijos, ante la indiferencia de gobiernos y políticos que se empecinan por el poder para saciar sus mezquinos intereses de grupo. Sea esta oportunidad para que 4P entreviste a la Dra. Jeannete Zurita, médica microbióloga de la PUCE, en Quito, autora del libro «la belleza de lo minúsculo», con 30 años de experiencia en el campo científico, quien asegura que el 60% de la biomasa del planeta está compuesto de bacterias, virus, hongos y parásitos, y que no hay que temerles. Hasta tanto, debemos obligar a nuestros gobiernos apoyen al crecimiento de jóvenes científicos ecuatorianos que puedan ayudar a nuestras futuras generaciones.

    Francisco Medina Manrique
    Periodista – Guayaquil

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