Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El valor de la vida y la economía

en Columnistas/Influencers4P por

Desde la segunda guerra mundial, los cimientos económicos y sociales del mundo entero y sus interrelaciones, no se habían afectado en las inconmensurables magnitudes provocadas por el coronavirus. Se han paralizado los flujos de comercio, turismo e inversiones. Las empresas cierran, las bolsas de valores colapsan, el precio del petróleo se desploma, el comercio mundial se paraliza, el desempleo y la pobreza aumentan. Las pérdidas económicas son cuantiosas y el paisaje del mundo recrea  ciudades fantasma solo imaginables en la ciencia ficción.

El Ecuador, luego de la fiebre española de hace más de cien años, no había sido obligado a refugiarse en la cuarentena, como la idónea protección de los embates del coronavirus. Esta forzada reclusión en defensa de la salud y la vida, ha desnudado en su máxima expresión la fragilidad de la condición humana. Cuarentena de nuestras conciencias que invoca a profundas reflexiones sobre la existencia humana y el valor de la vida y su intrínseca relación con la economía.

Paradójicamente, para proteger nuestras vidas, no solo hemos paralizado la economía sino la hemos deteriorado. Además, hemos fracturado las relaciones de convivencia social, pues, también debemos estar lejos de los otros. El Ecuador y el mundo tendrán una dimensión diferente luego de la abrupta irrupción de este cisne negro. El otro  Ecuador debe reconfigurarse con la exigente reconversión de nuestras conductas y actitudes. El Ecuador del futuro debe ser consecuencia de repensar nuestras existencias en las profundas soledades de un enclaustramiento infringido para preservar la salud y la vida.

El coronavirus, de forma cruel, ha evidenciado una humanidad decadente, frágil, indefensa, empeñada en destruir su propia existencia y los valores consustanciales a la apreciación de la vida y los fundamentos económicos, que deben hacer placentera cada etapa de la vida de las personas en su cortísimo tránsito en la infinita historia de la humanidad.

Una buena economía es el factor fundamental, entre muchos otros, para que la existencia humana sea valorada y disfrutada en cada etapa de la transitoriedad de la vida. La alegría del nacimiento de una vida debe siempre florecer con las atenciones de una buena economía. En la continuidad de la existencia, la niñez y juventud siempre añoradas como venerada expresión de la vida, requieren de una buena economía para dotarles de estudios y capacidades que les preparen para los retos de los siguientes ciclos de la vida. Ciclos que requerirán de una economía sana y boyante para garantizar a cada individuo trabajos bien remunerados y oportunidades para emprender y progresar. Cuando el inevitable final de la vida traduce su sentencia en el cansino y decadente andar hacia su encuentro, una buena economía debe procurar un final de ciclo feliz. Mirar la extinción de una vida es estremecedor, doloroso, conmovedor.

Este voluntario confinamiento nos debe llevar a hurgar en lo más profundo de nuestras reflexiones, pues, la recomposición del tejido económico y social del Ecuador, ya deteriorado antes del coronavirus, jamás será posible sin la substancial reconfiguración de nuestras actitudes y comportamientos, sin la forja de elevados valores de convivencia social, sin las disciplinas y obligaciones inherentes a la consecución del bienestar familiar y colectivo, sin el cabal cumplimiento de las responsabilidades públicas y privadas inherentes a nuestra propia existencia.

Después de este cisne negro habrá nacido otra concepción del mundo y de nuestro Ecuador, al tiempo que exigirá otro individuo con elevado valores cívicos y personales, otro individuo comprometido con la honestidad de pensamiento y acción pública y privada, otro individuo solidario en el inmenso esfuerzo y sacrifico que demandará la consecución de una fructífera existencia en el contexto de la ardua construcción de una buena economía.

Algún momento habremos de vencer la batalla contra el coronavirus y retornará la alegría de vivir. Recuperaremos nuestras libertades que solo las valoramos cuando las perdemos. El alejamiento social deberá transformarse en un juntar de manos para recomponer la economía y el fisco, a fin de que se facilite nuestro diario vivir.

La otra realidad después de vencer la batalla contra el coronavirus, debe proscribir el retorno de la irracionalidad y de los viejos y nocivos comportamientos propios de la naturaleza humana. Pues está en nuestras conductas pronto olvidar las reflexiones y temores a los que nos conducen las catástrofes, para retornar luego a las negativas formas de convivencia. La otra realidad exigirá deponer prejuicios, dogmáticas conductas, mezquindades, indecentes y corruptos comportamientos. Debemos aceptar con humildad, la obligación de abandonar la perniciosa obsecuencia a falsos paradigmas y negaciones a las evidencias intrínsecas al desarrollo.

Una buena economía y sanas cuentas públicas son inherentes al valor de la vida. No se podrán lograr sin reformas impositivas, reducciones del gasto público, redefiniciones del endeudamiento público, flujos de dólares externos de los organismos multilaterales, impulso de las exportaciones, y varias reformas estructurales para reducir los riesgos y atraer inversiones internas y externas. Reformas articuladas en programas serios, sólidos, ordenados, sustentados técnicamente, alejados de la improvisación y respuestas emocionales  ante las urgencias propias de los duros momentos.

La imperativa sanidad económica y fiscal a tono con las exigencias de una vida digna, exige el estricto desapego a los intereses personales, políticos, gremiales, laborales y de todo género, casi siempre privilegiados ante el interés colectivo. Es la hora de la cívica unidad nacional que demanda iniciales sacrificios de todos en pro del futuro bienestar individual y colectivo. Es el momento de concebir la gestión del Estado en sus diversas instancias, como el altísimo honor de servir con abnegación a la sociedad a fin de procurar su bienestar. Nuestro existencial legado debe encarnar la obsesiva búsqueda de una buena economía y sostenibilidad fiscal como cimiento de la cabal valoración de nuestras vidas.

Jaime carrera es economista.

4 Comments

  1. Excelente escrito, ojalá existiesen más personas con reflexiones similares y sobre todo más personas con la capacidad de entenderlas.
    En este escrito se puede diferenciar como piensa y expresa su sentir una persona racional con propuestas sesudas, de los burdos discursos de los políticos que escuchamos a diario.
    Sin embargo resulta utópico dada la contaminación que existe en nuestra clase política, hoy vivimos la herencia de un modelo de engaño al cual viven aferrados cual garrapatas a fin de conservar sus espacios de poder un montón de personas que no gozan de la capacidad de entendimiento consciente.

  2. Si bien es cierto que desde la segunda mundial hasta la actualidad se han venido dando constantes cambios tanto en el ámbito social como económico. Actualmente nos encontramos frente a una crisis mundial del coronavirus razón por la cual grandes industrias se han obligado a paralizar sus actividades o en algunos casos cambiar su actividad económica.

    Hemos visto que en el Ecuador gran parte de la población se vio afectada por la cuarentena ya que un porcentaje considerable de las personas trabajan día a día, es decir que ellos dependen de sus ingresos diarios el cual se encuentra paralizado al no existir un comercio interno y externo es por eso que existe mucho desempleo siendo esto una situación preocupante para el país y el cuál autoridades encargadas deberían tomar cartas en el asunto y priorizar a la personas más vulnerables en esta situación.

    La única solución para la economía y el valor de la vida es que seamos consientes quedándonos en casa el tiempo que sea necesario priorizando nuestra vida ya que esto es algo muy importante, la vida no se puede recuperar en cambio la economía es algo pasajero que cuando termine esta crisis volverá a su estado normal.

  3. Por supuesto Economista Carrera , lo que Usted manifiesta es incuestionable; es risible el discurso lacrimógeno de esa gente de poco criterio, que con gritos lastimeros pontifican “ la vida antes que la economía” ,como si las dos cosas se pudieran disociar , son aquellas palabras irrelevantes , líricas y nada más, propias de esos politiqueros de tercera, que solo utilizan esos discursos desgastados para engatuzar incautos.

  4. Soberbio artículo economista ,tan real y bien explicado pero lamentablemente no creo sea escuchado ni por los supuestos”legisladores” peor por el pueblo!

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba