Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La tragedia conmovedora de Guayaquil en cinco de sus voces

en Conexiones4P/Elenfoque/Info por

Guayaquil está sufriendo y está de luto: no se sabe con precisión cuántos ciudadanos han muerto pero los guayaquileños sí saben que son centenares y que los infectados suman miles. 4P. dedica esta entrega especial a Guayaquil. No hay cifras: son cinco testimonios de cuatro guayaquileños (un médico, dos periodistas, un funcionario del municipio) y una venezolana que vive allí desde hace tres años. Sus palabras son conmovedoras. Léanlos a todos: perfilan un cuadro de Guayaquil que convoca a la unidad y a la solidaridad.

1. Así se vive en Guayaquil con Covid-19 

Rosa Torres Gorostiza

Editora General de diario Expreso

Jamás imaginé al Guayaquil que hoy veo atacado por la pandemia mundial del Covid-19. De la boyante ciudad comercial de 2,7 millones de habitantes, repleta de algarabía y de ánimo en cada uno de sus rincones, con calles y avenidas atestadas de vehículos y de muchedumbres galopantes, queda poco. El miedo al contagio y a la muerte recorren su territorio desde la orilla del río Guayas, en el este, hasta la del Estero Salado, en el oeste; y desde el Puerto Marítimo, en el sur, hasta sus límites en el norte con sus cantones vecinos, Durán, Samborondón y Daule. Y no es para menos: el Covid-19 lo ha cambiado todo. Hasta la vida dentro de casa.
La tranquilidad de la urbe Huancavilca, en la que vivo hace 40 años, empezó a trastocarse aquel viernes 28 de febrero de 2020 cuando se confirmó el primer caso positivo de coronavirus, a tan solo hora y media de distancia de aquí, en Babahoyo, en la provincia de Los Ríos. La víctima era una ecuatoriana de 71 años, procedente de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz (Madrid, España), que pasó el 14 de febrero por el aeropuerto de Guayaquil, sin la más mínima sospecha de que traía el Covid-19 en su cuerpo.
Aunque la migrante presentó síntomas dos días después y más tarde fue internada en una clínica de Guayaquil, catorce días tardó el país en saber que podía tener decenas de infectados en Babahoyo y Guayaquil. Los pequeños cercos epidemiológicos no atajaron el virus y ahora hay miles de contagiados, el 70,5 % en la provincia del Guayas. Y cientos de muertos. En cuestión de días se pasó de una inscripción diaria de entre 20 y 30 defunciones en el Registro Civil a tener 334 el 30 de marzo y 388 el 31 de marzo. Lo que ocurre en la capital económica del país es de terror y de desesperanza, por el colapso del sistema sanitario.
Hoy veo a un Guayaquil desértico en unos lugares y apiñado en otros, con familias agobiadas por el encierro. Veo a hombres y mujeres con la incertidumbre pintada en sus rostros, algunos llorosos, porque no tienen comida en la mesa, porque no logran asistencia médica en los hospitales, porque no existe la posibilidad de encontrar ni siquiera paracetamol, peor plaquinol en las farmacias, porque no pueden comprar mascarillas ni guantes, simplemente porque no hay. O porque no tienen dinero para hacerlo.
Por necesidad, salí dos veces la semana pasada a hacer compras. La primera vez, el jueves, a un supermercado. Partí de casa a las 06:30. En el camino, de más de media hora con casi la mitad del tráfico habitual, recogí a una amiga. Nos enfrascamos en mirar los negocios cerrados y en hablar de la propuesta que el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) tenía sobre la mesa para frenar los contagios en Guayaquil: un toque de queda de 24 horas, por tres días consecutivos. Aunque no había nada oficial, el solo hecho de que eso se estuviese discutiendo, sacó a muchos a la calle, al amanecer, en busca de víveres. Y con ello, de seguro se disparó aún más el contagio en todos los sectores.
Desde el carro vimos a decenas de personas encolumnadas afuera de los mercados y supermercados, farmacias y tiendas de barrio. Decidimos ir a uno de los más grandes, ubicado en el sector de Los Ceibos, en el norte de la ciudad, porque pensamos que podíamos comprar víveres más rápido. Nos equivocamos. A las siete, una hora antes de la apertura, la columna de personas enmascaradas y enguantadas ya tenía algo más de medio kilómetro. Casi llegaba al hospital del IESS del Norte, en donde aún desconocíamos que se estaban registrando muchas muertes por Covid-19.
La necesidad de abastecernos de víveres nos hizo quedarnos. Esperábamos salir antes de las diez, pero fue después de esa hora que alcanzamos la puerta de entrada, no sin antes estar primero en la acera, bajo el sol, y después en el parqueadero cubierto.
Los primeros compradores, a los que se dejaba entrar por grupos, calculo que más de doscientos, habían dejado semivacías las perchas de huevos, carnes, verduras, papas, ajo, cebolla, gengibre, pimiento, zanahorias, queso, leche… Por altoparlante se decía que no había escasez de producto y se pedía calma y no dejar los coches descuidados.
Mientras metía a mi carro de compras lo que encontraba, no vi a nadie que estuviese pendiente de marcas ni de precios como antes. Era un ir y venir de prisa, en silencio. Nunca antes había visto en las cajas hasta cuatro coches llenos de víveres de un mismo comprador. Más carros que personas. Pensé entonces en quienes viven del día, en los que no tienen tarjetas de crédito, en los que están en otros sectores de la ciudad haciendo colas en las tiendas de barrio, donde los productos escasean y la especulación campea.
A los otros compradores, a los utilizan el escaso transporte público, a los que adquieren pequeñas cantidades, los vimos más tarde en el suroeste de Guayaquil, por donde pasamos con destino al sur, para dejar algunos víveres. Allí estaba el otro Guayaquil, con más personas en las calles, muchas sin ningún tipo de protección en sus rostros, formando columnas afuera de los minicomercios, con menos de un metro de distancia, casi tocándose unos con otros.
No creo que exista despreocupación en ellos. Más bien vi deseos de sobreviviencia porque si no mueren de coronavirus seguro que mueren de hambre. De hecho, sus conversaciones diarias giran en torno a los muertos que no se recogen desde hace cuatro días, del dinero que no tienen para comprar alimentos, de las medicinas a las que no acceden por dos razones: porque no tienen dinero y porque tampoco tienen posibilidades de que alguien se las provea.
En los ojos que me miraron, cuando me detenía en los semáforos, vi más que preocupación: vi angustia, dolor, debilidad e indefensión ante una pandemia que no distingue clases sociales ni raza ni sexo.
Mientras unos se aventuran desprotegidos a la calle para conseguir comida, a pesar de que puedan contagiarse, otros salimos para comprar medicinas. Y esa fue la razón de mi segunda el sábado. Necesitaba fármacos para controlar la presión arterial de mi padre de 92 años y una crema para su artrosis. Intenté comprar mascarillas, guantes y paracetamol para niños y adultos. Otra vez a las colas de horas para escuchar siempre la misma palabra: «no hay». No hay paracematol, no hay azitromicina, no hay guantes, no hay mascarillas, no hay vitaminas C, no hay tensiómetros, no hay tanques de oxígenos, no hay mascarillas para inhalación. No hay lo que se necesita para defenderse del coronavirus.
¿Qué hay? Angustia, irritación, desesperación, hambre, encierro, dolor, muerte. Este es el Guayaquil de hoy, de comercios cerrados, de circulación restringida, que veo en los días cuando voy al trabajo, cuando me toca el turno presencial. Una ciudad desolada después de las 14:00, cuando empieza el toque de queda. Vi ese Guayaquil el domingo 28 de noviembre de 2010. Ese día se realizó el censo de población y vivienda. Uno de mis exjefes, José Hernández, me dijo en ese entonces: las fotos de este día hay que guardarlas porque no volverás a ver a la ciudad así hasta después de 10 años, cuando se haga el nuevo censo. Se equivocó. Comencé a ver al Guayaquil encerrado e inactivo desde el 16 de marzo, cuando el presidente decretó la restricción de vehículos y de personas. Y lo veo cada vez que retorno a casa en las tardes, algunas horas después del iniciado el toque de queda, a las 14:00. Y veo a la ciudad encerrada desde el balcón de mi casa en Mucho Lote 1 (sector Norte), cuando estoy en teletrabajo. Eso es lo que los habitantes de las demás ciudades del país deben evitar quedándose en casa, por la salud y la vida de sus familias, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo, por los habitantes de la ciudad, por el país. Quédate en casa para frenar al Covid-19.

2. No tengo la capacidad física de atender a todos los pacientes que me llaman

Eduardo Herdocia

Médico general

Soy médico general y junto con mi enamorada empezamos, hace algún tiempo, un proyecto de médicos a domicilio que estábamos desarrollando hasta que llegó esta pandemia y nos saturó por completo. He tenido que enviar a no menos de 200 pacientes a realizar una prueba de coronavirus pero únicamente ocho o diez de ellos han podido hacérsela. De ahí, a la gran mayoría de pacientes he tenido que hacerles exámenes de imágenes como radiografías o tomografías y, con otros colegas, las hemos diagnosticado como coronavirus. Todo estos casos no han sido contabilizados como pacientes de coronavirus.
Muchos de esos casos que tuvieron acceso a la prueba necesitan hospitalización. Hay un caso particular de un paciente mío de 71 años, quiteño, que vive aquí en Guayaquil solo. Estaba desaturando y, evidentemente, por la tomografía que pudimos hacer, él requería hospitalización y muy probablemente tener terapia intensiva de respiración. Fue al hospital de la Armada, en el sur, y solo consiguió que le dieran un cama porque oxígeno no tenían. Por eso lo enviaron a su casa con oxigenoterapia. Como él hay muchos más.
Tengo testimonios por whatsapp de muchos pacientes míos que me escriben mensajes desesperados durante todo el día y la madrugada. Simplemente no alcanzo a contestar todas las llamadas y los mensajes. Como médico joven que soy, no puedo imaginarme cómo serán los casos de los médicos de alto renombre y trayectoria. Siento una enorme impotencia al no poder atender y acudir a todos los llamados de pacientes que me llaman en búsqueda, en ciertos casos ni siquiera de atención sino de rescate. Tengo gente que me envían videos de sus abuelitos y de sus papás postrados en cama. Me envían audios diciéndome, doctor por dios deme una mano, mi papá, mi abuelito, mi hermano se está ahogando, se está muriendo. Muchos pacientes míos, mayores de edad en su mayoría, han fallecido en su casa y me ha tocado firmar sus partidas de defunción. Es terriblemente penoso ver cómo muchos pacientes ni siquiera llegan a recibir atención médica y fallecen sin haberla recibido. Es decir, sin haber podido acceder a una salud que se supone está garantizada constitucionalmente.
Si bien es cierto éste no es el momento para criticar sino para ser solidarios y ayudar, hay algo que no se puede dejar de decir: no estábamos preparados para una pandemia así. Justamente para dar fe de lo que estoy diciendo, mientras estoy dando este testimonio no he podido acudir a tres llamadas de un paciente al que simplemente ya no voy a poder auxiliar. Y no es por falta de ánimo ni de compromiso ni porque yo esté fallando al juramento hipocrático. Todo lo contrario: simplemente no tengo la capacidad física ni la energía para atender a todos los pacientes que me llaman.
Hay que anotar que las víctimas no sólo son los pacientes contagiados por coronavirus; hay una gran cantidad de personas con otros tipos de enfermedades que tampoco llegan a ser atendidos. Los sistemas de salud sencillamente están colapsados e incluso 50 médicos han fallecido por no poder ser atendidos propiamente.
Lo que me parece totalmente inaudito es que las estadísticas oficiales digan que solamente tenemos de 150 a 160 fallecidos en el país. Simplemente ya no puedo ni quiero considerar esos datos: son una burla, un chiste. No sé si es un secreto de Estado o esos muertos no han sido contabilizados, no sé qué razones puede haber para que el Estado esté ocultando las cifras. Quizá la falta de transparencia sea para no aterrar o para no generar más caos, pero no sé cuán contraproducente o cuánto daño podría hacer sacar los datos reales. De lo que veo en cada uno de los hospitales, mueren entre 40 y 50 pacientes diarios en Guayaquil y contagiados hay miles. El sistema está tan colapsado que hemos visto que el Municipio y las autoridades se han dedicado a recoger cadáveres en casas e incluso en las calles.
Cómo médico siento impotencia, lo repito mil veces. Hay falta de tratamiento, manejo irresponsable de las regulaciones y, sobre todo, manejo irresponsable en cuanto al diagnóstico. Siento mucha impotencia: ahora mismo estoy extenuado y quizá para este testimonio esté repitiendo las cosas sin darme cuenta.
El colapso que estamos sufriendo fue por una falta de medidas de contención de la pandemia, porque tampoco podemos tener sistemas de salud, ni aquí ni en ningún lugar del mundo, capaces de resistir a un virus de esta naturaleza para poder recibir a la cantidad de pacientes que están llegando. Obviamente tenemos falta de equipos pero el sistema ha colapsado sobre todo por la agresividad del virus, porque es un virus que termina asfixiando a los pacientes que requieren de una atención de altísimo grado de complejidad. En países ricos como EEUU, Italia o España, que tienen sistemas de salud muy desarrollados, también se ha producido un colapso parecido. No es prudente en este momento señalar de forma directa a un sistema sanitario que, para mi, no funciona; no porque no se haya podido contener el virus sino por un sinnúmero de otras causas que vienen arrastrándose de un gobierno de trece años.
No hay cómo dejar de decir que en el país han dejado de haber especialistas, como buenos intensivistas que es lo que se necesita ahora. La formación médica profesional tiene unas terribles limitaciones. El gobierno de Correa, que considero sigue en el poder, limitó mucho la especialización profesional y tenemos muchos médicos generales que tienen la experiencia de un especialista pero que nunca se titularon realmente. Por eso muchos de nosotros tenemos la obligación de salir del país a especializarnos en posgrados, porque en el país se abren muy pocos. Esa limitación profesional no solo ocurre en médicos sino en enfermeros, terapistas respiratorios y auxiliares de enfermería. Pero no hubiera habido sistema sanitario capaz de contener esto. Quizá con medidas complementarias como la construcción rápida de centros de aislamiento para ciertos pacientes porque no todos tienen que ser entubados en terapia intensiva; muchos de ellos tienen que ser tratados de forma temprana por personal médico especializado, pero no en su casa. En China lo hicieron al construir un hospital en dos semanas. También hay que decir la verdad: estamos llenos de grandes carcasas que no funcionan, auténticos elefantes blancos como hospitales que no sirven.
La muerte está disparando cerca: ya se han ido cinco personas muy cercanas y algunos pacientes míos. Es duro, emocionalmente es muy fuerte. Pero también pesa mucho el juramento que hicimos al doctorarnos. Para un médico joven como yo, ver cómo se están muriendo sus profesores, es una experiencia especialmente dolorosa. Eso nos coloca una gran responsabilidad sobre nuestros hombros porque sabemos que ahora nos toca a nosotros tratar de ser lo que ellos eran. La medicina es un conocimiento que se obtiene de los profesores y ver un listado de médicos renombrados y respetados que se han muerto por esta pandemia produce un dolor indescriptible.
¿Miedo? No. Voy a ser sincero: más que miedo lo que siento es consternación e impotencia por no alcanzar a atender todas las llamadas que nos hacen los enfermos. Sí tengo recelo con mi madre y toda mi familia al ser yo un foco de infección por estar tan expuesto a personas infectadas. No he tenido síntomas hasta ahora y me cuido mucho. No sabemos de forma certera cómo se comparte el virus y somos consciente de que nos podemos enfermar en cualquier momento.

3. El sistema sanitario de Guayaquil es un horror

Paloma Díaz

Profesora de Literatura

Domingo 05 de abril, día 23 de mi cuarentena en Guayaquil: acabo de leer que murió un amigo de un amigo. Con él ya van siete personas que sé que han muerto, y cuyas muertes significan para gente cercana a mí.
Guayaquil es mi ciudad de acogida desde hace poco más de tres años. Mi esposo y yo vinimos a buscarnos la vida, y tuvimos suerte en encontrarla. El chavismo nos robó más de diez años en los que debimos aprender a sobrevivir. Creíamos perdido ese tiempo, pero hemos constatado ahora, con la pandemia que azota al mundo, que aprendimos todas las herramientas necesarias para hacerle frente a la catástrofe. Y que, todavía, aun cuando así lo parezca, no hemos llegado a ella. Eso sí, tal parece que estamos cerca.
Desde el miércoles pasado me siento especialmente abrumada. El día anterior empezaron a circular videos espeluznantes de la pandemia en Guayaquil por las redes sociales: cadáveres en las calles, cadáveres en las casas durante cuatro días, gente incinerando a sus familiares porque no tienen modo de cubrir los gastos funerarios. Algunos eran ciertos; otros, fake news —los venezolanos conocemos de sobra los troles, así que no extraña—. Sin embargo, desde el miércoles mi celular no ha parado de sonar. Amigos y familiares que viven alrededor del mundo se han comunicado conmigo y con mi esposo, altamente preocupados. Mi abuelita me llamó desde Venezuela llorando, aterrorizada, y tuve que hacer un alto en mi trabajo (vía remota, afortunadamente) para hablar con ella y tranquilizarla, lo cual no es cosa fácil cuando uno mismo está intranquilo.
Al pan, pan y al vino, vino. Guayaquil tiene muchas bondades, pero su sistema sanitario es un horror. Desde mucho antes de que comenzara la propagación del virus, a mi esposo y a mí nos aterra enfermarnos acá. Cada vez que hemos ido al médico (tanto del servicio público como del privado) nos han dado diagnósticos equivocados. Y cuando supimos que empezaba una pandemia, entendimos que si llegaba acá sería insostenible. «Ningún Estado puede hacerle frente a una pandemia», repiten siempre quienes quieren explicar el desbordamiento de la situación. Y tienen razón. Pero si el sistema sanitario es inepto y por lo demás, inoperante, las consecuencias no podían ser distintas a las actuales.
La salubridad es lo que más me preocupa. Hace unos meses, creo que en octubre del año pasado, debí ir al laboratorio del IESS, en La Bahía, para que me sacaran la sangre. Llegué a las 5 de la mañana y ya había una cola más o menos larga entre los pasillos del mercado. Allí estuve poco más de cuatro horas y, si bien no habría nada remarcable para un venezolano que perder su tiempo haciendo colas, lo cierto es que sí hubo algo que me sobrepasó: un muchacho que trabaja en la limpieza de ese laboratorio salió con una bolsa enorme que indicaba ser para desechos humanos. Y goteaba. Goteaba mientras caminaba en paralelo a nuestra cola, dejando el rastro de sangre y haciéndonos convivir con ella mientras esperábamos a que nos sacaran la nuestra.
Si no es posible cubrir los protocolos mínimos de desechos humanos en un laboratorio de sanidad pública, ¿podemos esperar que se sigan los protocolos necesarios para hacerle frente a una pandemia? Yo no puedo evitar establecer relaciones y, a mi juicio, es eso justamente lo que está ocurriendo.
Pongo otro caso: vivo en un apartamento dentro de una de esas tantas casas que fueron remodeladas para acoger inquilinos. La ventana de mi cocina da a la escalera que lleva al apartamento del casero. Ellos, como el resto de los guayaquileños, están tomando todas las precauciones que consideran necesarias para protegerse. En consecuencia, cuando venían de hacer la compra, antes de entrar se quitaban guantes y mascarillas y los colgaban fuera de su casa, ¡en la reja de mi ventana! Es decir, para no contaminar sus espacios contaminaban los míos. Me pareció increíble que mis caseros no establecieran esa relación mínima, que en la medida en que se protegían nos ponían en riesgo a nosotros, así que tuve que hablar con ellos. Ya no pasa. Ellos cambiaron el protocolo y mi ventana permanece despejada.
Sobre el establecimiento de relaciones, más detalles: la única vez que he salido durante estos 23 días fue puntualmente para el supermercado, que me queda a tres cuadras. Cuando me faltaban dos cuadras para llegar me encontré la cola. La gente dejaba más de tres metros entre sí, lo cual me pareció bien. Muy nórdico, tal vez, pero bien. No obstante, una vez dentro del establecimiento, la gente se rozaba, se ponían unos al lado de los otros, se quitaban las mascarillas, olían los vegetales. ¿Qué sentido, entonces, tuvo la distancia previa?
Lo más grave, no obstante, no es que la gente no establezca relaciones, sino que no lo hagan los representantes del Estado. El miércoles, desde el gobierno regional de Guayas se dijo que iban a extender el toque de queda por 72 horas, lo cual trajo de suyo —como era de esperarse— que la gente saliera en tropel el jueves a buscar provisiones. Desmintieron luego la extensión del toque de queda desde el gobierno central, pero el mal ya estaba hecho: el viernes fue evidente la escasez de productos en algunos establecimientos de la ciudad y sus alrededores, según contaron algunos compañeros del trabajo a través de nuestro grupo de WhatsApp.
Quisiera pensar que falta menos, que esta tragedia que aqueja a centenares de familias en Guayaquil no va a convertirse en una que sufran cientos de miles. Sin embargo, mi esperanza es frágil. Muchos Estados, entre ellos el ecuatoriano, han quedado en entredicho. Su única función real, aquello que los justifica, es la de garantizar a sus ciudadanos seguridad, justicia y salud. El Estado ecuatoriano no ha sido capaz de hacerle frente a la pandemia ni siquiera al inicio del contagio. Justo por eso, más que a la COVID-19, temo a la contaminación de la ciudad por los cadáveres insepultos durante varios días y a 30 grados. La peste.

4. Es un mal tiempo para enfermarse en Guayaquil

Carlos Sacoto

Periodista de Teleamazonas


En este momento en Guayaquil todos tenemos un amigo o un familiar que está contagiado. Algunos han tenido la suerte de hacer un examen y saber que están contagiados; otros se han hecho el examen, siguen esperando las pruebas y están saliendo de los síntomas. La prueba ya es irrelevante.
Muchos también tenemos un amigo o un familiar que ha fallecido. Los testimonios están ahí. Son Reales. No se ha podido controlar la salida masiva de gente de sus casas en las horas que no rige el toque de queda. Ni siquiera por las restricciones de movilidad por placa. A diario se ven vehículos con todos los números circulando. No salen por falta de información. Lo que existe es un abuso del salvoconducto. Gente que lo saca diciendo que va a hacer algo que no está haciendo y que circula irresponsablemente.
¿Por qué sale la gente de sus casas? Guayaquil no solo es la ciudad del país con el mayor número de coronavirus sino también con el mayor número de subempleados. Aquí hay 200 mil personas que según el INEC viven del día a día. Hay vendedores ambulantes o cuidadores de vehículos que te dicen que si no salen, no comen. En muchas zonas populares hay ferias que están instaladas en las horas que no rige el toque de queda y hay vendedores y compradores por montones. Y los compradores salen en familia o en parejas.
Pero no solo ahí. Hoy (sábado 4 de abril), por ejemplo, salí a un supermercado después de 25 días sin abastecerme. En teoría son más regulados, pero me topé con familias. Un coche de compras pero 4 personas decidiendo lo que van a llevar. No vi a nadie, a nadie en el supermercado o una autoridad en la calle, acercarse a esas personas a decirles que solo debe salir uno por familia y hacerles un llamado de atención severo. No sé si no llegan a entender la dimensión de este problema. No sé si todavía nadie en sus familias ha fallecido a causa del coronavirus. Porque el discurso es totalmente diferente cuando una familia pierde a un ser querido.
Ahora, la cuarentena no es fácil de cumplir en todos los estratos. En las zonas populares de Guayaquil, las casas son muy pequeñas, con un baño, a veces fuera de la casa, y un solo ambiente: sala, comedor, cocina y cama están en el mismo espacio, separado a veces por una cortina. El techo es de zinc y el calor es infernal. La gente sale hasta por un tema de clima. En pleno toque de queda, la familia está en el portal de las casas porque no aguantan el calor. Esas son las personas viven del día a día. Sin embargo, también hay videos de barrios populares que muestran a la comunidad limpiando sus cuadras sin esperar a que vengan camiones del municipio o de la gobernación. Salen con agua y jabón y con lo que entienden que puede combatir el virus. Esto ya no es un tema que le compete a una u otra persona. Nos concierne a todos.
Pero las autoridades locales y nacionales no han coordinado bien. Un ejemplo: la alcaldía se tardó mucho en pedir la competencia al gobierno nacional en intervenir y ayudar en el levantamiento de cadáveres. ¿En serio tiene que pedir competencias? En este momento que el tema está desbordado, ¡por favor! Todas las autoridades tienen que salir a la calle sin pedir permiso a nadie para tratar de resolver esto.
¿Sabes por qué ha aparecido tanta gente fallecida dentro de las casas o en las calles? Porque no existía un protocolo para el manejo de cadáveres. Eso decía el Ministerio de Salud, decía la policía, decían las funerarias. Cuando empezaron a aparecer los cadáveres, de fallecidos por coronavirus o por cualquier otra cosa, no estaba claro qué hacer. Había incertidumbre y miedo; nadie quería tocar un cuerpo. Las funerarias no sabían qué hacer, tampoco los cementerios. Los días pasaron y los cuerpos se empezaron a represar en las casas. En algunos barrios, los vecinos decían a la familia que eso apestaba mucho y entonces las familias tuvieron que sacar los cadáveres y hacer visible lo que estaba pasando para que el barrio les ayudara a denunciarlo.
Hace dos semanas el ECU 911 hizo un pronunciamiento de cuántas llamadas había recibido: a veces eran barrios enteros por uno o dos cadáveres. Olían tanto que era un problema del barrio. Eso, sumado a que las funerarias no sabían cómo proceder, da la sensación de que los muertos son por montones. Y no quiero decir que no sea así. Pero no todos han fallecido por coronavirus. Ahí se le desordenaron los datos al MSP. Otro problema es que las funerarias están cobrando 1200 dólares por un ataúd. 1200 dólares son tres meses de sueldo de un obrero. Se está especulando con ese servicio, generando un problema brutal.
No hay capacidad de determinar post mortem la causa del deceso. No se hace autopsia. Las causas de los decesos no las sabremos nunca. Solo sabremos que murieron en el tiempo en que el tratamiento de cuerpos y la sepultura se les fue de las manos. Es un mal tiempo para enfermarse y peor tiempo para morirse en Guayaquil.

5. Llevo veinte días con síntomas…

Daniel Solórzano Salazar 

Director de Vinculación Ciudadana ATM de Guayaquil

Escribo en el día 22 de mi aislamiento. Veinte de ellos con síntomas. Los de los últimos cuatro días se mantienen persistentes. La carraspera y la tos se diluyen de a poco, pero molestosamente. Desde hace 5 días no tengo fiebre. Aun escribir me agita. He logrado dominar mis miedos. Mis pensamientos fatalistas. La culpa de sentirme el responsable de haber contagiado a mis amigos, pues dos de ellos necesitaron entre 6 y 10 días de hospitalización; o de no saber si fui yo o alguien más el que nos contagió. Al final, pensamientos que no suman, sino que más bien restan, por eso es importante concentrarse en la recuperación.
He tomado agua que da miedo. Casi cuatro litros diarios de agua tibia previamente hervida con jengibre. Como mi suegro es médico, los primeros días me trató como si fuera una infección respiratoria (por mis antecedentes alérgicos) combinado con una indigestión por la colitis nerviosa que me acompaña casi de siempre. Tomé Ciprofloxacina durante cinco días en los que también hice terapia respiratoria sin saber previamente del diagnóstico de mis amigos. Y cuando me vino la fiebre o febrícula, paracetamol. A los cuatro días de haber empezado el tratamiento, tres de mis amigos resultaron positivos. Hasta ese entonces, yo no tenía ni tos ni dolor de cabeza ni fiebre. Intenté dos veces que el Ministerio de Salud Pública, mediante el 171, me haga la prueba. Dos veces obtuve la misma respuesta: según ellos, mis síntomas no correspondían al Covid, pese al diagnóstico de mis amigos. Allí vino la segunda batalla mental. Mi suegro me animaba diciendo que la zona de riesgo había pasado, que mi respiración no se iba a complicar. Que solo para la estadística servía el examen.
Opté por desconectarme de las redes sociales, apagar mi teléfono por horas e incluso dejar de hacer el programa de radio desde la casa y también de ver las cadenas del Gobierno. Me refugié en la oración y en mi relación con Dios. Estoy convencido de que, gracias a él, mi familia no tuvo mayores síntomas. Mi esposa, de momento no huele, pero además de una ligera carraspera, no ha tenido mayores síntomas. Mi hijo mayor solo tuvo un día de fiebre y dolor de garganta, al día siguiente, nada. Mi hijo menor nada. Qué maravilla eso, porque los días que antecedieron a la confirmación de mis amigos, pasé horas jugando con él. Le enseñé a jugar 40 y es un as. Los días transcurren como un bucle. Aunque tratamos de ser lo menos rutinario, ya sabemos qué va a pasar en el día. Por eso, importante es y será salir de la rutina haciendo cosas distintas.
Soy guayaquileño, de nacimiento y vida. Los 46 años he transitado por todo Guayaquil. Conozco a esta ciudad y su gente, sus clases, sus barrios y sus distintas cosmovisiones y carencias. Por eso, entiendo bien la situación de mi ciudad. Guayaquil vive del trabajo. Su gente sale a ganarse al pan. Siempre lo hizo, con o sin Covid. Estoy convencido además de que el virus entró mucho antes del paciente 0. Pero mi convencimiento de nada sirve.
Gracias a Dios me recupero cada día más. Pero el pesar por los amigos y familiares de amigos que han fallecido también es algo que uno debe empezar a procesar. El dolor de esas pérdidas lo llevamos en casa. El Covid así obliga.

Foto general: Diario Expreso

Estos testimonios se publicaron ayer, domingo 5 de abril, en el boletín semanal de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

24 Comments

  1. En este articulo podemos darnos cuenta que en Guayaquil es donde la población esta mas infectada ya que aquí nos encontramos con personas que deben de salir a diario para poder llevar el sustento a sus hogares, esto es el riesgo que provoca que estén más expuestos a que se contagien y poder transmitirle a todo su familiares en el hogar, de otra forma en los hospitales están colapsados y no pueden atender a tanta gente contagiada los doctores y enfermeras con un duro y largo trabajo hacen todo lo posible para que estas personasesten a salvo y puedan seguir con su vida.

  2. Nuestro país está pasando por momentos duros ya que a leer este articulo guayaquil es el mas afectado pero siempre tenemos que ser positivos ,unidos como ecuatorianos y poder salir adelante sobre los obstáculos que se vendrán de ahora en adelante ya que suele haber personas que se aprovechan de una manera que es incontrolable.

  3. ¿Por qué sale la gente de sus casas? Guayaquil no solo es la ciudad del país con el mayor número de coronavirus sino también con el mayor número de subempleados. Aquí hay 200 mil personas que según el INEC viven del día a día. Hay vendedores ambulantes o cuidadores de vehículos que te dicen que si no salen, no comen. En muchas zonas populares hay ferias que están instaladas en las horas que no rige el toque de queda y hay vendedores y compradores por montones. Y los compradores salen en familia o en parejas.
    Pero no solo ahí. Hoy (sábado 4 de abril), por ejemplo, salí a un supermercado después de 25 días sin abastecerme. En teoría son más regulados, pero me topé con familias. Un coche de compras pero 4 personas decidiendo lo que van a llevar. No vi a nadie, a nadie en el supermercado o una autoridad en la calle, acercarse a esas personas a decirles que solo debe salir uno por familia y hacerles un llamado de atención severo. No sé si no llegan a entender la dimensión de este problema. No sé si todavía nadie en sus familias ha fallecido a causa del coronavirus. Porque en la vida real es totalmente diferente cuando una familia pierde a un ser querido. Ahora, la cuarentena no es fácil de cumplir en todos los estratos. En las zonas populares de Guayaquil, las casas son muy pequeñas, con un baño, a veces fuera de la casa, y un solo ambiente: sala, comedor, cocina y cama están en el mismo espacio, separado a veces por una cortina. El techo es de zinc y el calor es infernal. La gente sale hasta por un tema de clima. En pleno toque de queda, la familia está en el portal de las casas porque no aguantan el calor. Esas son las personas viven del día a día

  4. Es muy lamentable lo que esta pasando en el país y mucho más en la ciudad de Guayaquil, por el desconocimiento de la gravedad de la pandemia muchos lo tomaron gobernantes no lo tomaron con la seriedad del caso lo cual permitió que s propague con mayor fuerza que en las demás provincias. Es claramente que se salió de control pero lo que yo no logro comprendes es del porque se oculta la información real de los casos tanto de contagio como de las muertes que se han sufrido en la ciudad, ¿que intentan ocultar? ¿A quién quieren proteger? Estas son preguntas que creo yo muchos de los ciudadanos nos las hacemos

  5. En el país y en todo el mundo estamos pasando por una situación muy difícil y es lamentable ver a nuestro país en ese estado. En este momento se encuentran demasiadas personas contagiadas y en sospecha que se ha llegado a colapsar el sistema de salud y los insumos no abastecen para poder atender tantos casos. Para los médicos es más difícil lo que está pasando ya que ellos están más expuestos al contagio y también tienen familia y temen contagiarlos, pero deben seguir ya que ellos velan por nuestro bienestar. Es muy triste esto lo que está pasando en estos momentos.

  6. Es muy triste saber que la gente por salvar a sus seres queridos salen a las calles a buscar comida sin ninguna protección, dándose los modos para salir adelante ante esta situación devastadora que ha afectado a todos los ciudadanos sin ver las condiciones en las que viven. Saber que en las farmacias no cuentan con lo necesario para poder prevenir y ayudar a los ciudadanos y si las farmacias cuentan con los insumos tienen precios sobrevalorados.
    Hay que tener en cuenta que poco a poco los sistemas de salud se están colapsando, esto conlleva a que las personas se desesperen y no puedan como ser atendidos.
    Ante esta situación debemos acatar las órdenes que dispusieron evitar las aglomeraciones, ir a los supermercados uno por familia teniendo una distancia prudente, lavarse las manos constantemente y la más importante es que en lo posible evitar salir de las casas de esta manera ayudaremos a nuestro país.

  7. Ecuador es posiblemente en America del Sur el país que mas problemas ha tenido para confrontar la pandemia que azota al planeta. Y lamentablemente Guayaquil ha mostrado la verdadera cara de las malas administraciones, empezando por el gobierno de turno y la misma alcaldía del puerto principal. Una mala administración conlleva ciudadanos malcriados, agresivos, indisciplinados y empleados públicos corruptos, ineficientes, vagos y claro esta los resultados son tan malos como los que se han visto en el transcurso de esta agresiva enfermedad.
    Las grandes obras que se ven en Guayaquil al final son obras engañosas, migajas que mantenían al pueblo contento, pero jamás se preocuparon de mirar la realidad de la gente que por millones pululan en los barios pobres, en prácticamente favelas como en Brasil y donde la criminalidad es atroz, la droga fluye como agua y la pobreza se ensaña con aquella gente humilde que del campo llegan a la gran ciudad en busca de mejores tiempos. Pero no, allí hay solo un gran vacío que a nadie del gobierno le importa ni a nadie de la asamblea le molesta por que aquellos viven en una burbuja de protección que les impide ver lo que en realidad ocurre en el pais.

  8. Es muy lamentable y dolorosa la situación por la que estamos pasando los ecuatorianos y el mundo entero al no estar preparados para un desastre de tal magnitud la cual asido causante del colapso que estamos sufriendo por falta de medidas de contención de la pandemia, porque tampoco podemos tener sistemas de salud, ni aquí ni en ningún lugar del mundo, capaces de resistir a un virus de esta naturaleza. y uno de los factores que desato la rápida propagación del virus en nuestro país fue el no cumplimiento de las normas por parte de la ciudadanía y también por parte del gobierno que no tomo las medidas correspondientes desde el primer instante tales motivos nos lleva a vivir la dolorosa y difícil situación que pasa todo el Ecuador en estos momentos

  9. las personas por salir a ganarse el día a día que ya no saben que hacer para conseguir comida o medicación para sus enfermos, que impotencia, simplemente estoy sin palabras para poder expresar todo lo que sentimos cada uno de los Ecuatorianos, y no me imagino las personas que pierden a los familiares y no puedan enterrar como se merecen , no hay velorio muchos no pueden despedirse, Lo económico después veremos como solucionamos como pagaremos nuestras deudas ahora lo único que nos queda es salvaguardar nuestras vivas y las de nuestros familiares
    Esto es lo que pasa en Ecuador y en el resto del mundo no nos podemos hacer de la vista gorda, hay que actuar lo mas rápido posible y a esto me refiero con el «QUÉDATE EN TU CASA» así podemos ayudar a combatir a este Virus.

  10. Con todo esto que esta pasando en todo el mundo, da mucha tristeza e impotencia de no poder hacer nada para ayudar a personas que están muriendo y de la que están contagiadas, da pena escuchar y ver vídeos de que muchas familias queman a sus muertos, familias que rugan por que el municipio les ayude a retirar a sus muertes, testimonios de personas que en los mismo hospitales no encuentran los cadáveres de sus familiares, lo que esto me hace pensar es que tipo de gobierno tenemos que no hace nada, que mientes en las estadísticas cada que aparecen en la televisión porque sabemos bien que lo que dicen es mentira que existen muchos contagiados y muchas personas muertes, tenemos así los testimonios que recogieron en esta entrevista

  11. Realmente estos relatos son conmovedores y es un sin palabras y una confusión de sentimientos. Esta mezcla de emociones e impotencia que nos vemos afectados en el país frente a esta pandemia es muy dura. Miles de ecuatorianos se encuentran contagiados por el covid-19 y otros cientos han fallecido. Actualmente, el sistema de salud ecuatoriano está colapsado y tienen falta de insumos para poder atender tantos casos que se están presentando ahora. Ahora mismo el Ecuador está atravesando por una situación fuera de nuestro alcance, todos como ecuatorianos debemos poner nuestro granito de arena y ser más conscientes al momento de entender que si no tenemos una necesidad de fuerza mayor para salir, no deberíamos salir. Como personas seamos solidarios y veamos que debemos evitar las aglomeraciones posibles y tomar todas las precauciones necesarias. Hoy día esta situación que atravesamos nos muestra como un espejo para el resto de los países, pues para el presidente del Salvador Nayib Bukele en sus conferencias nos sigue poniendo como un mal ejemplo, esto es desencadenado por personas que se »aburren» en sus casas y prefieren salir a pasear, personas que no ven la gravedad de la situación y hacen un mal uso del salvoconducto. Mientras hay personas, familias que intentan cumplir con estas medidas, pero se contagian o tienen algún familiar fallecido en sus hogares por lo que intentan pedir ayuda fuera de las morgues u hospitales, es decir, hay muchos que por falta de conciencia salen y otros que, a pesar de querer ser responsables, la situación les amerita a estar fuera de sus hogares por pedir ayuda. Posiblemente todo este foco se haya dado por la falta de predisposición por parte de los gobernantes de este país.

  12. El articulo es muy interesante y la vez muy triste ya que pocos conocen la realidad de lo que se esta viviendo a fuera, lo que están sufriendo los médicos, policías, y todas las personas que salen para poder informarnos y ayudar a las personas que han sido diagnosticadas con este virus que se a convertido en el enemigo de miles de personas.

    Es muy difícil para los médicos ya que ellos también tienen una familia, y tienen miedo a contagiarse y contagiar a sus seres queridos, es difícil para ellos ver como día día mueren personas buenas a causa de esta enfermedad.

    Lastimosamente la realidad es que no hay oxigeno para todas las personas enfermas y quizá, por eso mueren en sus casas, otra realidad es que muchas personas enfrentan solos este virus porque no tienen familia simplemente deben aislarse para no contagiarlos es realmente duro para todas las personas, pero poco a poco debe ir pasando y todo mejorara con el tiempo.

  13. Dolor, no hay otro sentimiento que causa leer como Jorge Bolaños relata el calvario que padeció y el fallecimiento de su hermano Diego en Guayaquil, víctima del covid19, en su carta del 5 de este mes, y sus críticas a los Sistemas de Salud y clase política de nuestro país, indigna leer los relatos de otras familias y saber que es el drama de miles de ecuatorianos. Diría que lo que vivimos es la “Crónica de una tragedia anunciada”, todos conocíamos y éramos conscientes del deficitario y atrasado Servicio de Salud que teníamos, hasta que fue exigido y simplemente colapsó.
    Hagamos corta la historia; que se construyeron hospitales con sobreprecio, trabajos mal ejecutados, equipados con costosos equipos no utilizados, embodegados y sin personal capacitado para operarlos , que una ministra hace negocio con las ambulancias, que quien dirigía el IESS huyó del país y disfruta de una lujosa vida en otro país, con recursos mal habidos, que encuentran (y nadie sabía) 100 respiradores a punto de ser inservibles en un hospital público en plena crisis y así podría llenar páginas con estas noticias a las que nos hemos acostumbrado leerlas como algo normal, casi como una noticia deportiva.
    Quienes son los responsables de todo esto, en un país de gente buena y trabajadora, sin lugar a dudas la clase política que administró y administra el país, a la que el Sr. Bolaños generosamente les llama “basura”, le recuerdo que ésta, por lo menos puede ser útil al ser reciclada, esta clase que vive otro Ecuador, disfrutan de la rueda de la fortuna, con la máxima: “hoy me toca, tú me perdonas, mañana te toca, yo te perdono”, colocan a cualquier hijo de vecina, al amigo o al que sea, en delicadas funciones, para tener fáciles marionetas para sus fines perversos y corruptos, se salvan no más de unos pocos que pueden ser contados con los dedos de una mano. Ojalá esta crisis haga que el pueblo ecuatoriano sepa elegir ciudadanos capaces y honestos, que si los hay.

  14. Que injusto culpar a los socialcristianos. Si tuviéramos la basura en las calles, la poca cobertura de agua potable y alcantarillado la caótica situación actual fuera realmente digna del infierno de Dante. Esta pandemia rebasó las capacidades de un estado en bancarrota producto de 10 años de despilfarro soberbia y corrupcion y mala administración del país como nunca se lo ha visto

  15. Justamente en esta fecha acaba de suceder la peor tragedia que le puede suceder a una familia,este dia fallecio mi hermano menor,un caballero y profesional brillante,ejecutivo del Banco de Machala en Guayaquil Ing Diego B. Bolanos Gamboa,por cumplir responsablemente con sus funciones asignadas . Despues de deambular gravemente y angustiozamente por varias clinicas privadas solicitando auxilio practicamente ahogandose y comunicandose con sus hermanos en lugares lejanos que no podian hacer nada , y ni en el Hospital del Seguro Social ni en el Hospital Teodoro Maldonado le aceptaron su ingreso,habiendo estado en un estado muy critico con altas temperaturas y con los sintomas vitales muy delicados que requerian atencion inmediata . Gracias al Hospital Naval que le dieron una minima atencion,pero no le podian recibir por estar con muchos pacientes y ya no tenian capacidad , ingreso a otra clinica gracias a la gestion altruista del Sr Esteban Quirola Presidente del Banco citado, mi hermano fallece en las calles. Esa es la triste realidad de nuestro pobre pais y consecuencia del desastroso y corrupto manejo politico y la negligencia de las autoridades encargadas de atender este sector de la salud que es tan prioritario . Hemos retrocedido al nivel de los peores paises africanos en donde no se encuentra ni las mas basicas medicinas , peor los insumos sanitarios necesarios para salvar vidas . Escribo esto de la manera mas indignada que se pueda tener y creo que no se puede dejar pasar que nos sigan pisoteando a todos los hombres y familias decentes que conformamos nuestro pais . A excepcion de un numero muy pequeno de politicos serios y honestos los demas el 99% son una basura , a los cuales si hubiesemos estado en el tiempo de la inquisicion personalmente hubiera prendido el fuego para que se consuman eternamente . En realidad merecen que se les califique con los peores epitetos , pero lamentablemente nosotros siempre elegimos a los peores excrementos que existen , y no a los que deben conducir decentemente un gobierno.
    Que se enorgullezcan los politicos ya estamos en la portada del » THE WASHINGTON POST » del 3 de Abril » BODIES LIE IN THE STREETS OF GUAYAQUIL,ECUADOR,EMERGING EPICENTER OF THE CORONAVIRUS IN LATIN AMERICA» ignorantes y malditos por lo menos traduciran.
    Creo que todos los ecuatorianos estamos indignados con los politicos y ha sido la oportunidad de saber verdaderamente quienes son valiosos : medicos , enfermeras y todo personal que trabaja en areas de salud y no disponen de los insumos indispensables,
    (Disculpas por la omision de signos de acentuacion por la configuracion del computador)

    • Las grandes dificultades para enfrentar esta pandemia se debe a que nuestro país durante diez años vivió con la peste de la corrupción, dejando un país endeudado e hipotecando el futuro de los ecuatorianos, poniendo en riesgo la educación y salud.
      Con más recursos podríamos contar con hospitales mejor equipados, con un fondo de contingencia.
      Somos testigos de que nuestras autoridades no se prepararon con insumos apropiados sabiendo que esta pandemia ya venía arrasando Europa.
      Como consecuencia hoy se está perdiendo la vida de seres humanos valiosos como la de Diego Bolaños Gamboa, quien acudió a varias casas de salud clamando ayuda. En ese camino se encontró con seres inhumanos, indolentes que le cerraron las puertas. Hoy está junto a nuestro creador mirando tanta injusticia que se da en la faz de la tierra.
      Señor Presidente y Vicepresidente, ustedes pueden tener las mejores intenciones pero lamentablemente, a parte de médicos y enfermeros que han sido nuestros héroes hasta el momento, ustedes están rodeados de pésimos colaboradores, seres insensibles porque en la mayoría de casos se están aprovechando de la triste situación que vive el país.
      Otros países están afrontando esta emergencia garantizando a sus ciudadanos.
      Señores, por favor hagan conciencia, tanto ustedes como nosotros tenemos familiares y amigos, no queremos ser víctimas de este mal.

    • Conocí personalmente a Diego Bolaños, cómo lo dice su hermano Jorge, fue un profesional de intachable trayectoria; cuando se desempeñó en la función pública, tuvo una brillante participación en ella al haberse destacado como una persona de altos valores cívicos por su honradez y rectitud. Su lealtad y sinceridad como amigo fueron sus más destacadas virtudes. Su familia ha perdido al esposo, al padre y al hermano cuando todavía tenía un largo camino que recorrer: la muerte causada, no solo por el virus letal, sino por la indolencia y la negligencia de quienes bien pudieron auxiliarle y atenderle oportunamente, dejaron que se trunque la vida de un valioso ciudadano. Vaya para su respetable, digna y honorable familia, mis sentimientos de pesar.

  16. En este país de gobernantes petulantes, ineptos y corruptos, todo puede pasar, menos hacer lo que deben hacer: trabajar por lo que LES PAGAMOS; resulta que un hombre atormentado por la pérdida de sus familiares en Guayaquil, ha subido un vídeo cuestionando la actitud de Moreno, Romo y Viteri, y por allí se le fue la palabra ODIO, y que creen compartriotas? La policía fue a su casa a detenerle por el delito de odio; lo que no sabemos es si fue detenido LEGALMENTE, con orden de juez competente y haciéndole saber de qué delito se lo acusa.
    No es la primera vez que la petulancia, soberbia e ineptitud le llena la cabeza al licenciado, no hace mucho, quisieron demandar a 4 pelagatos por poner una foto «exclusiva» del presidente.
    Cuando Santa Marianita predijo que este país se acabaría por los malos gobernantes, tenía una inmensa razón, Dios nos salve de esta peste mayor que el el covid-19

  17. La perla del pacifico, adornada de miles de leyendas, ejemplo trabajo, cuando no nos ha dado una mano de aliento para respirar libertad, sentirle a la patria. Hoy luce apagada por esta enfermedad, la ciencia hace su parte para encontrar la vacuna. Hoy nos toca unirnos en un solo grito que es ayudar y salvar vidas. Con nuestros sentuiimientos de pesar porque tambien perdi un ser querido en tierra, no pudimos darle cristiana sepultura. De lo profundo de nuestro ser no esperemos nada de nadien, hagamos lo nuestro, cuidemonos quedandonos, en casa, no seamos victimas del miedo, todo pasara y vendra un nuevo amanecer, tengamos fe, confianza en nuestras fuerzas, saquemos de lo profundo ser, no nos deejemos vencer.

  18. Paz en la tumba de todos los caídos en guerra contra el coronavirus. A diferencia de ciertas autoridades, Ellos no se tomaron fotos ni videos para salir en los noticieron.Mi respeto y
    consideración para todos los soldados desconocidos.

  19. Es hora de enterrar para siempre los discursos del «buen manejo» de la urbe, tan promovido por los socialcristianos y sus empresariales afines. Terrible la situación, pero al menos algo bueno tiene el virus en vislumbrarlo con plena claridad.

  20. Como humano..es doloroso leer y asimilar el mensaje de estos héroes que nos muestran con crudeza como han sobrellevado este tiempo de la plaga… fortaleza, fe y solidaridad para ellos y para nuestros hermanos guayaquileños…! El mensaje implícito, es la miserable situación de la mayoría ante el descalabro del sistema de salud, como resultado de la improvisación, corrupción y demagogia de todos estos políticos que hemos elegido en 40 años de democracia. El clamor de repudio para esta casta de gente indeseable e indolente para que no regresen nunca más y que mucho daño han hecho al país; debe servir para que luego del dia despues…en el futuro sepamos escoger a líderes honestos y solidarios. Saludos.

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