Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El plan nuestro de cada día

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En su secular caminar, la humanidad ha sufrido severas crisis económicas que han cambiado el curso de su historia y necesitaron extraordinarias soluciones. Crisis que obligaron a cambiar los paradigmas económicos, los comportamientos políticos y sociales, las estructuras institucionales de los países.

En octubre de 1929 con el desplome de la bolsa de valores de Nueva York, en el llamado martes negro nació la Gran Depresión. Después de la primera guerra mundial EE UU se convirtió en el eje del comercio y con capacidad de conceder préstamos a otros países. El impacto de su crisis se irradió en todo el mundo. Todos sus indicadores económicos colapsaron y en 1933 el desempleo bordeó el 25 por ciento.

Para enfrenar la crisis, en 1933 el Presidente de EEUU Franklin Delano Roosevelt implemento un monumental programa de gasto público llamado New Deal, a fin de recuperar el sistema financiero, así como asistir a las empresas y al ejército de desempleados. La construcción de obras públicas permitió crear fuentes de trabajo. El Estado intervino en la economía, en la banca, en el comercio exterior, en los sistemas de pensiones y fondos de ahorro. El New Deal encarnó el Estado interventor en la economía.

La segunda guerra mundial devastó el corazón europeo. En 1947, el Secretario de Estado de EE UU George C. Marshall, en un discurso en la Universidad de Harvard instó a estructurar un plan integral para reconstruir Europa. Luego de un año el Congreso estadounidense aprobó 12.000 millones de dólares para la reconstrucción europea. Fondos destinados para la producción de materias primas, alimentos y, en general, para el desarrollo industrial. El denominado Plan Marshall permitió activar las economías del Reino Unido, Francia, Alemania y otros países europeos. Por su éxito George Marshall recibió el Premio Nobel de la Paz en 1953.

En nuestra región y en Ecuador, los años 80s se recuerdan por la crisis de la deuda externa. La reducción de los precios del petróleo, las elevadas tasas de interés, el aumento de la inflación y el impagable endeudamiento público, configuraron la crisis de casi la generalidad de países de la región. Varios países acudieron al auxilio del FMI y se pusieron en marcha procesos de reestructuración de la deuda pública. Se fomentaron políticas para liberalizar el comercio y reducir el gasto público. México se declaró insolvente. Los duros ajustes económicos para recuperar la solvencia de los países tuvieron elevados costos sociales que condujeron a la llamada década perdida.

Consecuencia de la burbuja financiera e inmobiliaria, en 2008 en EE UU estalló una crisis económica sin precedentes en el mundo contemporáneo con graves efectos en la economía mundial. En septiembre de 2008 el banco Lehman Brothers se declaró en bancarrota con el contagio a otras entidades financieras, inaugurando la crisis de las hipotecas subprime. Las bolsas de valores se derrumbaron, varios bancos se declararon en bancarrota. Entre 2007-2009 cuando la crisis se extendió a europa se perdieron 27 millones de empleos. La crisis de la deuda de varios países europeos condujo al rescate de Irlanda, Portugal, Grecia y del sistema bancario español. Los gobiernos y bancos centrales acudieron al rescate de los sistemas financieros y economías de los países.

Doce años más tarde, el coronavirus conmociona al  mundo entero con una crisis sanitaria, económica y social, jamás imaginada y con costos sociales y económicos inconmensurables. Hay quienes creen que los costos de la pandemia pueden ser similares a los de la Gran Depresión. La casi total paralización de la actividad económica mundial y el colapso de los sistemas sanitarios, ha conducido a la generalidad de países a reverdecer el New Deal mediante incrementos importantes del gasto y endeudamiento públicos. Han vuelto a intervenir los gobiernos y bancos centrales para salvar las economías, las empresas y los empleos.

Ecuador en las últimas décadas cultivó sus propias pandemias. Desde los años 70s el país se autoflageló con la complaciente adhesión a las irresponsabilidades económicas y fiscales  que tuvieron el amargo epílogo en la crisis de 1999. En dolarización, luego de primeros años de sosiego se magnificó la irracionalidad económica y fiscal que encandiló a las mayorías.

Hoy, el coronavirus con sus impactantes secuelas, encuentra un país desolado en un infinito desierto de desprotecciones. No contamos con un Roosevelt ni un Marshall. Tampoco podemos enfrentar la devastación económica y social con un New Deal o un Plan Marshall. Por el contrario, menos ingresos y un elevado déficit solo admiten drásticos recortes al gasto público. Las escuálidas reservas más bien deben preservarse. El Estado y el Banco Central lucen una caricaturesca palidez ante la magnitud de los desafíos. Es una condición de vida la dependencia de los créditos de los organismos multilaterales y algún otro que se consiga.

Sin embargo, aunque resulte paradójico, la trágica pandemia ha activado estabilizadores automáticos asociados a la escasez, siempre esquivos e irracionalmente evadidos en pro de una sana economía. El Ecuador tendrá que reinventarse en su quehacer económico y fiscal, partiendo de recursos escasos reducidos a su mínima expresión. Tenemos que vivir sin el petróleo y proscribir su dependencia. Por primera vez en décadas la balanza comercial no petrolera es positiva, lo cual invita a exportar y exportar. El gasto público está obligado a ajustarse a los escuálidos ingresos mediante la reducción del tamaño del sector público y su abultada masa salarial. La inversión extranjera es una exigencia existencial. Las salarios deben obedecer a la productividad. Las empresas y trabajadores deben encontrar formas de coexistencia y subsistencia pacífica. Todos los precios de la economía se deben reducir hasta encontrar un punto de partida para relanzar la economía y acoplarse a las exigencias de la dolarización. Las ganancias de las empresas también deben reducirse a tono con la nueva normalidad económica. El sector privado, hoy más que nunca, está obligado a salvar al Ecuador y ser el motor de la inversión y el crecimiento para crear empleos y brindar oportunidades a las oleadas de pobres y desempleados.

Al no contar con un Roosevelt ni un Marshall y ante la imposibilidad de un New Deal o un Plan Marshall, estamos obligados a construir el “Plan Nuestro de Cada Día”, que se articule con  el telón de fondo de la incertidumbre nacional y mundial, que se construya en el diario caminar de la convalescencia económica, de las actitudes políticas, de las reacciones sociales, de los espacios de gobernabilidad, de las respuestas de la sociedad ante las demandas de la crisis, de las reformas que se implementen, de un añorado acuerdo con el FMI. La mano invisible del mercado será nuestro mejor plan.

Esencialmente, el gran plan de un Ecuador reinventado para progresar, requerirá de una radical transformación de las actitudes y comportamientos económicos, políticos y sociales, que una a la sociedad en la forja de un gran pacto social, que al deponer intereses, dogmas y resentimientos, defina el país del futuro enraizado en las sólidas bases de los actuales sacrificios que nos conciernen, en mayor o menor medida, a todos sin excepción.

Jaime Carrera es economista.

5 Comments

  1. Hay bastantes personas que comparan la situación, con la gran depresión, pero espero que la sociedad mundial sepa corregir errores y empezar desde ya con proyectos que ayuden con el desarrollo normal y incentivo de todos los paises que de alguna manera se evidencia que económicamente, dependen de impuestos y pagos del pueblo diarios.

    El plan ecuatoriano es trabajar, emprender y esperar que las oportunidades sean productivas.

  2. Es un hecho que la economía en general sufre, que se retrocederá en el tiempo ya que todas las principales variables de la economía se reducirán y esto irá empeorando.

  3. La solución es reabrir el sector económico en todos sus géneros, siempre y cuando mantengamos estrictas medidas de seguridad para la población en el aspecto sanitario.
    Los emprendedores deben tener acceso a préstamos para generar negocios que mejoren nuestro nuevo estilo de vida hasta que la bendita VACUNA APARESCA. LO MEJOR DE TODA PERSONA DEBE DARSE A RELUCIR EN ESTOS MOMENTOS. HAZ EL BIEN Y NO MIRES A QUIEN. QUE DIOS BENDIGA AL ECUADOR.

  4. Efectivamente , un país sin un Roosvelt ni dinero para reactivar nuestra economía , sin una consciencia social que nos permita llegar a acuerdos mínimos , y con una grave crisis económica , política , moral y social , tendremos que por las duras circunstancias , ir construyendo el ¨PLAN NUESTO DE CADA DÍA . Ojalá seamos lo suficientemente maduros y responsables , para que ese plan nos permita superar esta tragedia , y no sea un paso mas hacia el abismo al que ahora nos dirigimos .

  5. Tal como se describe en el artículo, la situación socieconómica del Ecuador luce desoladora. Este es el resultado de una fragmentación de la sociedad a un nivel alarmante. La izquierda, otrora defensora de los desposeídos, hoy se acomoda como abogada de los privilegios de una burocracia estatal, indolente frente a las graves dificultades que sufre el Estado para sostenerla. La derecha, preocupada de la política sólo cuando amenaza o representa una oportunidad para sus particulares intereses, apuesta por aprovechar la desilusión popular propiciada por 13 años de populismo desenfrenado. Le alcanzara? Aún así, hay esperanza. Talvés nunca como hasta ahora la sociedad ecuatoriana, en conjunto, tuvo algo que perder. Algo común a todos, a los pobres, a los ricos, a la izquierda, a la derecha, a los emprendedores y a los funcionarios públicos: La dolarización. Creo que ni siquiera la pérdida de la mitad del territorio, perpetrada a través del Protocolo de Río de Janeiro, fue más emocionalmente devastadora de lo que sería una eventual desdolarización. No es sólo una moneda, como lo fue el SUCRE, es una razón que nos servirá para hacer los sacrificios necesarios, recortes en el Estado, austeridad, mayor participación en la esfera pública, salir de nuestras respectivas burbujas de comfort, etc. No sólo porque nos ha aportado estabilidad, sino porque la dolarización es más eficaz que cualquier política dictada por el FMI, nos obliga a ahorrar, a invertir con cautela, nos fuerza a ser productivos, a centrarnos en el valor agregado y la exportación. Perderla sería realmente trágico y, con toda seguridad, su hundimiento prefiguraría la debacle definitiva de la nación. De lo queda de este gobierno, desde luego, no queda esperar mucho, llegó con tantos compromisos y se va sin pena ni gloria. Del próximo, esperemos que sepa leer la situación y hacer las correcciones q se requieren para salir del atolladero.

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