Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La política del negocio familiar

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El bucaramismo se alió al correísmo. Correa les ofreció la amnistía para el prófugo expresidente Bucaram y, de hecho, se intentó discutir en dos ocasiones en el Congreso en 2007. Estuve presente para oponerme con la fuerza de los honrados, mientras unas masas corpóreas manoteaban insultos. Eran los hijos de Bucaram que luego me esperaban a la salida para amedrentar. Como no lo lograron, en la siguiente ocasión un ventrudo atarván manabita de apellido Rodríguez, me interceptó con su prominencia bajo toráxica mientras un matón enorme apuntó un puñete artero por la espalda que fue interceptado por una persona que me acompañaba. Los relatos de esta violencia, intimidación y escándalos judiciales es lo que da identidad al populismo más rastrero.

Los partidos políticos son fundamentales para mantener la democracia. Promueven ideas, generan cuadros dirigenciales y gobiernan. Esta es la regla. Pero las excepciones abundan en la política ecuatoriana. Hay partidos que son asociaciones usadas como medio para canalizar influencias para traficar con ellas, formas de chantaje político para inmunizar a sus compinches. Se produce el extraño fenómeno por el cual la familia se convierte en el buró y eje de la acción política. El padre es el jefe de la tribu o padrino de la banda. Los hijos, hermanos, cuñados, son llevados a puestos de poder en una red de corrupción. El PRE de propiedad de la familia Bucaram es eso. Difícil distinguir una idea, una propuesta, una teoría. Su lenguaje es de violencia en palabra y de obra. Lumpescos en lo social, en donde encuentran sus resguardos electorales. Los jeques exhiben fortunas sin reparos en explicar su origen. Impunes, groseramente impunes, han sido.

Mientras Correa les embobó con la amnistía, su violencia se dirigió a defenderlo. Sus votos se pusieron serviles al engendro de dictador. Elsa Bucaram sumó su voto al de otros, un socialista, Hernán Rivadeneira, uno de Izquierda Democrática, René Maugé, y otro desertor gutierrista, Jorge Acosta, para dar el primer golpe de Estado propiciado por Correa y su ministro del interior, Gustavo Larrea. Descabezaron toda la oposición en el Congreso y así abrieron el camino para instalar la Asamblea Constituyente. Cuando se dieron cuenta los bucaramistas de que Correa les engañó, volcaron en su contra toda su verborrea insultante. El homónimo hijo del padre Abdalá se presentó en la anteriores elecciones presidenciales intentando presentar una imagen más civilizada, hasta se enredó en un entuerto para presentarse menos parecido a su progenitor. Esfuerzo fallido porque, como el alacrán, es de su naturaleza reproducir el modelo de ejercicio político tribal. Aunque la justicia les aprieta, está por verse si se desarticula la red de corrupción y no se repite la historia de impunidad amparada por masas cautivas y cautivadas por la chabacanería moral.

Hay pocos ejemplos de partidos políticos articulados, orgánicos, ideológicos y que no lograron sobrevivir al aluvión populista. De antes del correísmo sobreviven los partidos que sustentan su fuerza electoral en sus nichos clientelares. Tener poder o espacios para repartir es imperativo para permanecer. Populismo y corrupción son parte de lo mismo. El correísmo surgió con más fuerza y arrebató al bucaramismo sus territorios, que ha recuperado para volver a escenificar los escándalos de los 90. Es destructivo para la democracia, la credibilidad de las organizaciones políticas y el involucramiento de gente decente y honrada, que la política se vista diariamente de escándalos. Los Bucaram no hacen noticia por propuestas de políticas públicas, por sugerencias de legislación, por promover ideas. Son primera página de crónica roja, de lenguaje impublicable, de amenazas, de relaciones oprobiosas.

Organizar un partido político como parte de los negocios o expresión tribal de los nexos familiares, debilita el aprecio por la democracia. Todos esos experimentos, como el de Álvaro Noboa que candidatiza a sus empleados porque el “partido” es una formalidad, como el gutierrismo de los hermanos Gutiérrez, como el del Gran Hermano, el listo Fabricio, y otros que surgen sobre coyunturas y no sobre estructuras, fraccionan la representación política en intereses y no en ideas; en aspiraciones de posteridad y no en sostenibilidad de proyectos políticos, retrasan el desarrollo y la solución de la pobreza.

Políticos de mala calidad generan políticas de mala calidad. La sostenibilidad en el tiempo de acuerdos políticos que formalicen un modelo de desarrollo e institucional, requiere interlocutores políticos de organizaciones que no sean fugaces, que no defiendan ladrones o esté integrada por ladrones. El escenario económico resultado de la doble perniciosa pandemia que nos ha asolado -el correísmo y el coronavirus- requiere soluciones concertadas entre políticos de calidad que existen y que aviven la esperanza en el futuro.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

5 Comments

  1. Totalmente de acuerdo!!! Necesitamos unir al pueblo y concienciarlo! Mientras sigamos manteniendole ignorante nunca saldremos adelante y la corrupción prevalecerá ignorando principios!

  2. NO PUEDO CREER QUE HAYAN PRETENDIDO AGREDIRLO DE ESA MANERA , DA VERGUENZA, HAY QUE PROCURAR, VOLVER AL SISTEMA PARTIDISTA CON UNOS POCOS PARTIDOS FUERTES LOS CANDIDATOS INDEPENDIENTES PODRÍAN ENTRAR A UNAS ELECCIONES PRIMARIAS DENTRO DEL PARTIDO CON EL QUE MÁS SE IDENTIFIQUEN. ALGUNA COSA ASÍ , ES SÓLO UNA IDEA.

  3. Una exposición muy clara de ideas. Busque a los universitarios y los profesionales cuando decida entrar nuevamente en la arena política.

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