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Reperfilamiento de la deuda, obligación de cambiar la historia

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En los últimos 40 años ha sido recurrente el no pago de la deuda externa y sucesivas renegociaciones. Sin embargo, hoy, el reperfilamiento, reestructuración, renegociación o como quiera llamarse, de los bonos basura, tiene un contexto absolutamente diferente. Los costos económicos, fiscales y sociales, producto de la devastación de la pandemia son cuantiosos, superan al conjunto de todos los desastres económicos de las últimas décadas. Es la peor tragedia de la historia del país y a esa dimensión debe responder el reperfilamiento de los bonos basura.

Nunca antes se había emitido con tanta irresponsabilidad $17.345 millones de bonos basura, 18 % del PIB de 2020 o 44 % de la deuda externa. Por estos bonos habría que pagar en este año $1.600 millones de intereses, 1,7 % del PIB: !imposible!, por lo cual se suspendió tales pagos. Los compradores de estos bonos tenían cabal conciencia del riesgo que asumían al invertir en Ecuador, por tanto, cobraron altas tasas de interés para compensar el riesgo. Pues, el país estaba en el poco honroso club de contados países como Angola o Líbano que emitían tales bonos. Ya antes de la pandemia, los bonistas conocían de la debilidad económica y fiscal del Ecuador, que hacía prever la posibilidad de no pagar tales intereses y el capital de los mismos que tiene vencimientos entre 2022 y 2030, razón por la cual algunas calificadoras de riesgo degradaron la calificación crediticia del país.

El gobierno tiene la obligación de acopiar abundantes y sólidos argumentos económicos, fiscales y sociales, para lograr un reperfilamiento de tales bonos compatible con los notables esfuerzos de largo plazo para la reinvención del Ecuador hacia nuevas formas para reconstruir su economía y las cuentas públicas, como telón de fondo para reducir la pobreza y crear empleos. En la próxima década, los sacrificios económicos, fiscales y sociales, serán tan gigantes como la devastación producida por el coronavirus.

Si Ecuador va a requerir 10 años para recuperar el ingreso por habitante de 2019, lo menos que se debe exigir es ampliar los plazos en al menos 20 años los vencimientos del capital de cada bono. Esto es, los bonos que vencen en 2022 deben pagarse en 2042, así  sucesivamente, hasta los bonos 2030 que deberían pagarse en 2050.

El Ecuador no puede ni debe pagar los mismos montos de capital. En este año, el PIB nominal se reducirá más del 10 %, $107.000 millones a unos $94.000 millones; por tanto, la relación deuda pública/PIB aumentará del 53 % al 65 %. Llevará varios años crear las condiciones para lograr un elevado crecimiento económico, aún si se lograse instituir los imperativos fundamentos económicos y fiscales. Una relación deuda/PIB sostenible solo se podrá lograr con altas tasas de crecimiento de la economía y superávit fiscal. En estas perspectivas, resulta obvio que el pago del capital de los bonos basura, en promedio,  debe reducirse en al menos 45 %. Una reducción de esta magnitud contribuirá a mejorar la relación deuda pública/PIB en los próximos años y hacerla compatible con la capacidad de pago del Ecuador.

El pago de intereses de los bonos basura es parte importante del gasto público, en 2020 el 1,7 % del PIB y en el total de la deuda pública interna y externa el 3,8 % del PIB. Intereses incompatibles con la debacle económica, fiscal y social del país. En los próximos años será una tarea titánica y compleja reducir el déficit de más de $6.000 millones del presupuesto. Más impuestos y menos subsidios, menos gastos y reducción de la masa salarial y tamaño del sector público, y mantener un nivel adecuado de inversión pública complementaria a la inversión privada, exigirán acuerdos nacionales y gobernabilidad difíciles de obtener. De otra parte, las necesidades de financiamiento siempre estarán por encima de los $9.000 millones y el déficit del IESS ejercerá constante presión en la finanzas públicas. Además, el petróleo poco aportará a las arcas fiscales.

En el entorno descrito, bajo ninguna circunstancia tendrá cabida un elevado pago de intereses de los bonos basura, los que no deberían superar el 0,4 % del PIB en el conjunto de todos los bonos, con tasas de interés entre 3 y 3,5 %. Aún así, el pago total de intereses de la deuda interna y externa podría ser de alrededor del 2,4 % del PIB, ratio aún elevado para el difícil futuro de la economía del Ecuador. El reperfilamiento de los bonos basura debe reducir al mínimo la salida de dólares y su consecuente impacto en la balanza de pagos. La opción de reperfilamiento mediante el cálculo del valor presente debe analizarse con cuidado en el contexto de estas reflexiones. Cabe tener presente además, que las tasas de interés en Europa y EE UU están cercanas a cero.

Los cuantiosos efectos de la pandemia desnudaron todos los males nacionales y desprotecciones ante la crisis: falta de ahorros, elevado déficit público, bajas reservas, economía débil, rampante corrupción, alto servicio de la deuda pública, sector público inmanejable, poca inversión externa, dependencia del petróleo, etc. Factores que ubican al país con características únicas en el mundo. En esa medida, el referente para el reperfilamiento de los bonos basura es la propia condición del Ecuador, no Argentina ni ningún otro país.

El reperfilamiento debe atender con rigor a los rendimientos económicos, fiscales y sociales del Ecuador en el mediano y largo plazos. Dicho de otra manera, el pago de intereses y capital de los bonos basura debe ser mínimo y sostenible en el largo plazo, en función de la capacidad del país para reinventarse en el conjunto de actitudes y capacidades en los campos económico, político, social, competitivo, productivo y de las exigencias y sacrificios que toda la sociedad debe asumir para consolidar una economía próspera, cuentas públicas sostenibles, abundantes exportaciones e inversión extranjera que alimenten una economía dolarizada que tenemos la obligación de preservar.

La deuda pública es pagada por toda la sociedad a través de los impuestos que son parte de su trabajo. Cuando se contrae responsablemente debe reflejarse en su beneficio y cuando se lo hace de modo irresponsable solo causa pobreza para las mayorías. El actual proceso de reperfilamiento es fundamental para la viabilidad económica, fiscal y social del Ecuador, por tanto, debe ser objeto de un profundo y serio debate nacional, a fin de en el futuro no repetir los costosos no pagos y reestructuras del pasado. El reperfilamiento exige transparencia, el escrutinio de la sociedad y una gran responsabilidad del gobierno.

Jaime Carrera es economista.

1 Comment

  1. No más deuda por que esto da lugar a corrupción. Mejor atraer inversión extranjera con reglas claras y someternos a jueces foráneos por que los nuestros no inspiran confianza.

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