Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La irresponsable ceguera del viejo país

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El agobio por el obligado confinamiento para proteger nuestras vidas parece vencer la resistencia de todos los estratos de la sociedad. Nuestros desalientos se magnifican por los pesares económicos y fiscales, las ineptitudes gubernamentales y la suprema indignación que sentimos por los deleznables episodios de corrupción que hoy enlutan la cotidianidad del Ecuador. No obstante, nada debe alejarnos del seguimiento de las cuentas públicas, más, cuando constituyen un factor fundamental de la profunda crisis que lacera los niveles de vida de toda la sociedad.

Siempre cabe recordar que antes de la pandemia las cuentas públicas tenían graves fisuras, hoy no cabe duda de que el coronavirus las profundizó sin clemencia alguna. En el primer semestre de 2020 los ingresos fiscales fueron menores en $2.052 millones en relación a igual período de 2019. ¡Una barbaridad! Por tributos las pérdidas fueron de $1.157 millones. Apelar al sentido común es suficiente para comprender que si las empresas quiebran o casi no venden, que si el desempleo aumenta o se reducen los salarios, que si el mundo está semiparalizado y el comercio no fluye, los ingresos al fisco se reducen a la mínima expresión. Al tiempo que por las mismas razones el ingreso petrolero es casi inexistente.

Sin embargo, el gasto público no ha observado una sensata correspondencia; por el contrario, más bien aumentó con el sobredimensionado registro de las obligaciones con el IESS y los GADS. Entre los dos citados semestres, fue pobre la reducción de solo $248 millones en el pago de sueldos; en cambio, extrema la disminución del 68 por ciento en las inversiones. La evolución de ingresos y gastos no podía tener otra consecuencia que no sea un déficit de $3.094 millones entre enero-junio de 2020.

Como todo déficit público y el pago de amortizaciones de deudas pasadas se financian con nuevas deudas, se utilizaron más de $2.000 millones de los préstamos de la CAF, BID, BM, FMI, Bancos, etc. Como lo créditos fueron insuficientes el Estado tuvo que acumular atrasos en el pago de sus obligaciones por $3.120 millones; entre ellas al IESS, Municipios, Prefecturas, intereses de los bonos basura, proveedores y otras.

El relato que antecede refleja la precariedad fiscal al relacionar los ingresos efectivos al al Tesoro Público con las obligaciones a pagar por el Estado; no obstante, aquella se acentúa al analizar los flujos efectivos a la caja pública y los gastos efectivos que fueron posibles de cubrir con tales ingresos.

En el mes de junio a la caja fiscal apenas ingresaron $900 millones, entre ellos $764 millones de impuestos y solo $19 millones por petróleo. Tal valor apenas cubrió el pago de sueldos por $674 millones (parte de atrasos de mayo y parte de junio) y $194 millones de transferencias para cubrir los bonos de los pobres, $71 millones al ISSFA y otros pagos menores. Se consumieron los pocos dólares. Pero los gastos totales en caja, sin considerar los requerido para importar derivados, fueron de alrededor de $1.600 millones, entre ellos el pago de intereses al IESS y multilaterales, transferencias a los GADs y pequeñas inversiones. Es obvia la interrogante: ¿si solo hubo $900 millones y se pagaron $1.600 millones, de donde salió el resto? También se consumió el préstamo del BID de $280 millones y se acudió a la reserva internacional.

El país real encarna la precaria subsistencia de las cuentas públicas, la incesante desesperación de las empresas por mantenerse en actividad y no desaparecer, la angustia de los trabajadores para mantener sus fuentes de empleo, la desesperanza de quienes han perdido sus trabajos, la titánica lucha por sobrevivir de aquellos que arriesgan sus vidas en la informalidad para conseguir un dólar para subsistir día a día, el eterno e inconsolable pesar de quienes perdieron a sus seres queridos.

También existe otro país, el de aquellos que como la inefable ex reina de belleza viven “otra realidad”. Viven otra realidad, los Municipios y Prefecturas que pontifican sin rubor estar ajenos a las inconmensurables consecuencias económicas de la pandemia y exigen sus rentas a las vacías arcas públicas. Viven otra realidad quienes presionan a un Estado quebrado por las transferencias a las seguridades sociales. Viven otra realidad los corruptos públicos y privados que vacían las arcas públicas. Viven otra realidad ciertas élites económicas, políticas, sindicales, sociales y empresariales, enraizadas en las nocivas prácticas del viejo Ecuador. Vive otra realidad la burocracia que solloza el atraso de unos pocos días en el pago de sus sueldos. Viven otra realidad aquellos que creen deben preservar a cualquier costo los privilegios que han destruido el Ecuador.

Quienes se obstinan en vivir la otra realidad, alimentan su insensatez con los desaciertos e ineptitudes del gobierno, con la errática gestión económica y fiscal, con la corrupción que corroe la conducción del Estado, con la censurable utilización de la pandemia para fines políticos, con la estremecedora indignación que hiere las fibras íntimas de la moral social, con la casi generalizada corrupción de asambleístas, jueces y una serie de personalidades públicas signadas por la desverguenza.

La devastación de la pandemia nos obliga a reinventar el Ecuador del futuro, no el retorno a la perniciosa normalidad del pasado, sí a la construcción de una nueva normalidad con sanas actitudes individuales, políticas, económicas y sociales. Los esfuerzos, renunciamientos y sacrificios serán gigantes. El primer paso, la mutación a la absoluta conciencia de la realidad presente, de aquellos que se niegan a asumirla.

Solo la unión y esfuerzo de todos será el inevitable camino para la reconstrucción de la moral pública, de la economía, de las finanzas estatales, del tejido social, de las condiciones para reducir la pobreza, del fomento de la inversión y el empleo, de la institucionalidad del Estado, en rigor, del conjunto de condiciones para encontrar la prosperidad.

Tales anhelos pondrán a prueba nuestras convicciones, nuestra resiliencia, palabra de moda acuñada por “gurús y expertos” y entendida como la capacidad de las personas y las sociedades para superar circunstancias traumáticas o su adaptación a condiciones adversas. La crisis del coronavirus es el reto a la resiliencia del país.

Japón es el vívido ejemplo de un país capaz de vencer hechos traumáticos con el sacrificio y esfuerzo de su población. Este país se levantó del Gran Terremoto de Kanto de 1923 que dejó 105.000 fallecidos, y volvió a reconstruirse y reinventarse por completo después del colapso económico del Segunda Guerra Mundial. En 1945 el emperador Hirohito llamó a los japoneses a “soportar lo insoportable y sufrir lo que no es soportable”. Hoy es una potencia mundial. El Ecuador tienen los recursos y potencialidades para construir una gran nación, es el momento de empezar.

Jaime Carrera es economista.

11 Comments

  1. Muy inspirador pero supongo que Japón, a pesar de las grandes adversidades, nunca tuvo tanta corrupción de base como la nuestra. Si el tejido social de un país está moralmente descompuesto, no hay forma de que se recupere. Espero estar equivocada.

    • La corrupción endémica que nos tiene postrados a los ecuatorianos es lo que impide que salgamos de las sombras del tercermundismo. La elección que se viene es CRUCIAL, DEFINITIVA, si nos volvemos a equivocar la vamos a pagar muy caro.

  2. Que bien dicho Don Jaime Carrera, muy claro su análisis, ojalá lean los políticos y es más, ojalá le entiendan que si podemos volver a empezar.

  3. Algo que siempre falta en muchos análisis incluido el suyo en mi visión es que la sociedad comience a recuperar valores como la honestidad, moral, ética, civismo, altruismo; ya que nuestra triste historia nos demuestra constantemente que no es problema de solo buenos profesionales capacitados o medianamente capacitados, sino que no tiene el mínimo respeto de la cosa pública, no hay una conciencia pura de que un funcionario público tiene que ser consciente de que es un administrador temporal que debe cumplir los valores que le cultivó la sociedad durante su vida para hacer bien sus funciones y ahí veríamos un cambio radical en nuestra República que sigue viviendo porque Dios es grande.

  4. Economista he leído su artículo, en el que finaliza poniendo como ejemplo al Japón, que de la destrucción casi total se levantó a convertirse en un país rico y desarrollado gracias a su gente y que lo mismo deberíamos hacer nosotros.
    Le pregunto a usted, cómo es la sociedad del Japón comparada con la nuestra cuya mayoría de hogares por más de 40 años no formaron ni actualmente forman a sus hijos con principios y valores?
    Japón es una sociedad con ética y honestidad frente a la nuestra con una corrupción generalizada que como ejemplo de la atrocidad del delincuente Correa que según el Lcdo. Villavicencio se lleva más de 70 mil millones, sin contar con el resto de políticos de más de 40 años de todos los partidos y que no han sido y son investigados.
    En el Japón no hay cinismo en comparación con la cantidad de delincuentes gobernantes, burocracia y más, que como su colega el Ministro de Finanzas y el Jefe Moreno endeudando al país con 2 mil millones y estamos económicamente quebrados y JAMÁS topan el tema de devolución del dinero robado, sólo hablan de sacrificios para la gente. Ese Sr. a más de cínico no se que sabe de economía, dígame usted!. Por Dios, uno sólo se lleva 70 mil millones, que haría usted si recuperaría ese dinero.
    Japón saben lo que es respeto a los demás y a las leyes, NOSOTROS conocemos de respeto?
    Japón es una sociedad ordenada y NOSOTROS, disculpe, no sabemos lo que es eso.
    Japón es una sociedad responsable y solidaria, NOSOTROS sabemos lo que es eso?, sólo oportunistas, mentirosos, egoístas, envidiosos.
    Japón una sociedad cuya riqueza reparte a su gente con trabajo, educación y salud, saben invertir en función de todos, NOSOTROS unos cuantos millonarios de bancos, de algunas industrias y farmacéuticas dueños del país que sólo son ellos y no apoyan en la educación y salud de los demás. Sólo ellos acumulan riqueza, cuando mueran que se van a llevar.
    Japón es una sociedad que se PREPARA, se EDUCAN, INVESTIGACIÓN en forma permanente. NOSOTROS, la mayoría a duras penas el bachillerato y pare de contar. Esos son los que eligen y están de asambleístas, gobernadores, alcaldes y más.
    Y se podría hacer cantidad de comparaciones hasta el punto de decir el JAPÓN es una sociedad de otro planeta, no le veo en donde nos comparamos con ellos.
    Economista mi pregunta a usted, un país en las actuales circunstancias y realidad, cuál sería la solución para cambiar el país 180°?

  5. Excelente reflexión. Sería de desear que caiga en terreno fértil. Pero, lástima, a nuestros gobernantes y líderes sociales les interesa baladíes, la satisfacción de intereses personales. Ese es su mundo egoísta y en él se ahogan. Lástima.

  6. En el país donde el estudiante y profesional «educado» y el indígena o pobre «ignorante» lanzan piedras por igual, realmente uno se plantea cuáles serían los primeros pasos para concienciar a la gente sobre su irreal dependencia del estado. Realmente me parece curiosa la anécdota de Japón y no sé si hace falta una guerra para despertar definitivamente a la gente o incluso si así va a seguir lanzando piedras. En qué punto de la historia comenzamos a hacer las cosas mal? Será que en un punto nos desviamos del camino del desarrollo para caer en el camino de la servidumbre o siempre fuimos así. Realmente tenemos en mucha estima a los héroes del pasado por hacer cosas desde el estado pero a nadie por hacer realidad cosas desde el ámbito privado beneficiando de forma real al país. No sé qué hace falta para cambiar, parece que una pandemia no es realmente la respuesta. Supongo que también quejarse no sirve de mucho.

  7. La educación es un espejismo si no es de calidad, orientada a crear, a innovar, a pensar, a debatir, y en conozco que le único país que lo ha hecho con éxito es Finlandia. ¿Por qué no pensar en reformar nuestro sistema educativo y copiar el de Finlandia? Seguramente porque nuestros dirigentes educativos tienen puestos los ojos en Cuba (supuestamente un ejemplo a seguri) y no tienen ni la menor idea en donde está Finlandia.

    • La educacion de la Cuba actual es desastrosa. Solo miren a unos cuantos medicos que llegaron de la mano de Correa y no saben ni usar equipos medicos que aca los tenemos y alla no saben ni el nombre.

    • En realidad, sí trajeron recientemente expertos de Finlandia como instructores, pero, a nuestros «expertos», por una les entra y por la otra les sale. Citemos una situación (aunque no todo es plata en la vida) que redunda en su desempeño: en Finlandia los maestros tienen los salarios más altos, desde luego, previo exigencias desde su reclutamiento; acá, tienen los sueldos más bajos de los servidores públicos; son la última rueda del coche; la «ventaja», que cualquiera puede entrar al magisterio. Por eso me permito insistir que necesitamos líderes auténticos, porque solo estos pueden tener clara visión de hacia dónde dirigir al país. Lo triste es que hay que buscarlos con palo de romero.

  8. Rescato estas frases. ..»La devastación de la pandemia nos obliga a reinventar el Ecuador del futuro». … «El Ecuador tienen los recursos y potencialidades para construir una gran nación, es el momento de empezar».

    La educación es la base de la pirámide. Solo con ella saldremos del ostracismo y de la pandemia.

    Felicitaciones Sr. Carrera. muy oportuna reflexión.

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