La indisciplina nos está costando caro

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El país atraviesa momentos difíciles, en medio de un embate del COVID 19 que no nos quiere dar tregua. La agresividad del virus no logra ser mitigada y, en esa realidad, lamentablemente, el descuido y la falta de colaboración por parte de la ciudadanía juegan un papel fundamental.

Por otro lado, en términos económicos, no hay semáforo que aguante la contracción económica que se vive. Mientras la curva no se detenga y empiece a aplanarse, los comercios grandes, medianos y pequeños seguirán afectados y golpeados con fuerza; a diario vemos como negocios se ven obligados a cerrar sus emprendimientos que, con tanto esfuerzo fueron levantados.

Las autoridades centrales y locales han redoblado sus empeños para brindar la asistencia en los servicios de salud con lo que se dispone. Quedan muy pocos espacios en las clínicas y hospitales para recibir y tratar a los contagiados. Si bien en esta gestión, han contado con el apoyo decidido de varias iniciativas privadas que han colaborado y brindado asistencia, lo cierto es que la situación no mejora ni mejorará si los ciudadanos siguen incumpliendo las reglas y continúan violando la ley.

Todos vemos asombrados cómo, reiteradamente y en lo más crítico de la pandemia, se organizan concurridas reuniones y fiestas donde se baila y se consume alcohol en considerables cantidades. Ante esa realidad, nos preguntamos: ¿cuál es la razón que motiva a los ciudadanos a romper las reglas y exponerse a sí mismo y a su círculo familiar a un contagio masivo del virus? El comportamiento relajado y en ocasiones agresivo de quienes defienden su derecho a fiestear en grandes grupos es determinante para que la ciudad de Quito especialmente, pueda salir de esta situación.

Tratando de ubicar el origen de este comportamiento, algunos identifican la falta de solidaridad y empatía con la situación de emergencia, como el disparador clave. En efecto, parece que los ciudadanos indisciplinados no logran vincular su irresponsabilidad como causante de los contagios y menos aún con el colapso de los sistemas de salud, a pesar de que están directamente relacionados.

Consecuentemente, los involucrados no se hacen cargo de su parte, en la propagación del virus, ellos simplemente actúan ajenos a la realidad: disfrutan de su propio beneficio sin pensar en el resto.

Si bien endurecer las medidas mediante un nuevo toque de queda, multas y otras restricciones puede ayudar a detener el comportamiento ciudadano que dispara los contagios, el problema tiene una raíz más de fondo. Somos una sociedad que no se conecta con las necesidades del otro, parece que se le da más valor a tomarse un trago que velar por la seguridad de la familia. Estos comportamientos también reflejan una sociedad deshumanizada que no genera empatía con los problemas sociales: los pasa por alto.

Nos queda claro que hace falta trabajar con la ciudadanía, fomentar los valores; la solidaridad y la empatía son fundamentales en los colectivos, en los barrios y en la sociedad en general. Esta situación de indisciplina ciudadana en la emergencia, ha visibilizado grandes debilidades que sería bueno que los Municipios asuman como un reto a trabajar a futuro, en la consolidación del sentimiento de unidad, sentido de pertenencia y colaboración entre los habitantes.

Está claro que hace falta un trabajo profundo en los barrios. Una labor de educación cívica y fortalecimiento de identidad y conexión ciudadana con la gestión de sus autoridades es necesaria, más allá de la práctica común de inauguración de canchas y otras obras.

Por ahora, se han profundizado las medidas, esperemos que eso ayude un poco. Algunos hablan ya de volver al semáforo rojo, sin embargo, el confinamiento completo complicaría aún más la situación económica. Necesitamos crear conciencia en los demás de la importancia de acatar las restricciones de modo que para cuando esto pase, todos estemos completos y no nos falte nadie, porque hoy por hoy: la falta de solidaridad y la indisciplina ciudadana, a todos nos está costando caro.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

7 Comments

  1. El instinto de conservación está altamente desarrollado en el reino animal. ¿Quién no ha visto huir a un grupo de hormigas ante el peligro de muerte? Así mismo el instinto de solidaridad. Había un video en el que un perro hala hacia la cuneta de la carretera a su exánime compañero atropellado para evitar que lo rematen vehículos en movimiento. Pero, muchos individuos de la especie más evolucionada, con un gran cerebro que dice que razona, no se convence del poder letal del virus y de las precauciones que debe tener y lo desafía con fiestas, chupes, juegos en masa, manifestaciones, etc. Como que busca el suicidio colectivo; y lo trágico en su desatino es que arrastra con él al exterminio a su familia indefensa. ¡Increíble! Los cerebros con esta atrofia tienen un calificativo…que me callo.

  2. por favor,seamos realistas,nuestra sociedad no va a cambiar de un momento para ótro,pienso que pedir conciencia social,empatía,etc, no dará resultado, parecen sacerdotes predicando el amor y solidaridad,….sugiero aplicar mano dura,metan presos a los libadores,fiesteros,relajistas y que se contagien éllos sólos si así quieren ,pero no a los demás,..basta de medias tintas..carajo.

    • Escribir mensajes como éstos son edificantes para determinadas personas, pero que lastimosamente no llegan realmente a quienes tienen que llegar, porque están ocupados en otras cosas que no son precisamente el mejorar situaciones de sociedad, y menos pensar el que estar sin medidas de protección puede traer graves consecuencias para su salud o de quienes estén cerca; aún así es necesario seguir trabajando sobre todo en tiempos como éste, para intentar mejorar comportamientos que lo único que hacen es sumergirnos a todos en la precariedad.
      Señora o señorita Ruth Hidalgo yo no soy escritora, y menos aún sabría llegar a redactar columnas como profesionales de su rama pero la felicito porque hace falta mensajes como el que ha escrito, aunque no obstante permítame hacer una sugerencia, ya que usted tiene la posibilidad de llegar a muchos lectores, y es el de hacer movimientos para que con mensajes cortos esto pueda llegar a todos. Nos hace falta como bien usted dice.. crear conciencia.. solo así se conseguirá ir saltando obstáculos, que nos permita a todos llevar un ritmo de vida, entre comillas normal, hasta que llegue una vacuna que ayude a vencer la batalla de esta pandemia.
      Un saludo y gracias por sus artículos.

  3. Resulta muy difícil entender el comportamiento de muchos sectores de la sociedad…es una especie de autosuicidio lo que se comete en muchos barrios, gente sin mascarillas jugando, libando, en reuniones sociales, etc, sin respetar las normas de bioseguridad…es cierto que necesitamos trabajar, pero no solo para comer, sino para vivir plenamente…entonces, aparte de la colaboración de la ciudadanía, es necesario el apoyo por parte de las autoridades locales, en cuanto a realizar campañas de información y culturización de lo que significa la pandemia, ayudar en lo económico a los sectores más necesitados con víveres y medicinas, etc… pero es difícil cuando hay un gobierno inepto y cómplice que tiene otras prioridades…digo

  4. Estimada Ruth: lo que está muy claro es la necesidad de sembrar, en el alma y la mente de cada Ecuatoriano, y de nuestro pueblo en general, una nueva Ideología de actuación con valores y principios ético-morales (Poder de Honor Ciudadano) en todas las circunstancias y accionar ciudadano, a nivel personal y colectivo. Entendido el Poder de Honor Ciudadano como «… la capacidad o facultad que tienen los ciudadanos, ya sea como individuos o como grupo, para realizar cambios positivos en su comunidad, partiendo desde su propio actuar, utilizando un Código de Honor y Rectitud que persiga: el Bien Común, la Paz Social y la Justicia; en todas las actividades del quehacer ciudadano.». Tomado de El Poder de Honor Ciudadano. Por David y Eduardo Acosta. (Próximamente le haremos llegar una copia del libro.)

  5. Son varios factores por la llamada indisciplina. Me voy a referir a 2. Por cierto causa vergüenza que un señor como el coronel zapata coordinador del 911 no entienda la ciudadanía. Quiere decir que no sabe ni donde esta parado. En primer lugar debido a la pandemia se estàn presentando muchos trastornos de ansiedad, problemas en la salud de las personas, al no saber como gestionarlas salen, buscan evitar vivir el sufrimiento que esta crisis produce en muchas familias. Las autoridades no han tomado en cuenta este punto y solo tiran la pelotita de sus incapacidades a la poblaciòn. Lo otro que ud refiere señora escritora. Es cierto falta de empatìa es evidente en nuestra cultura ecuatoriana, los barrios estàn divididos desde hace mucho tiempo posiblemente debido a que la politica entro en ellos y por eso la comunidad se fue separando de tener una visiòn en conjunto. Ademàs el sistema educativo que se enfoca en las competencias individuales como son las calificaciones reflejan un modo de ser a las personas. Para ello es necesario poder cambiar un sistema educativo caduco. Trabajar en la salud mental de la poblaciòn y no estarles responsabilizando de todo lo que pasa. En este momentos todos somos responsables de todo lo que pasa.

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