Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

“Vivimos al borde de un suicidio político desde hace tiempo”

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«Ya qué chucha», es un lema que aparece ligado al nombre de Álvaro Noboa. Guillermo Lasso la trajo a colación, para rechazarla, en una charla con coidearios suyos. Y esa expresión se volvió tendencia en redes sociales y es tema de conversación. ¿Cómo debe ser leída en el actual contexto? 4P. conversó con Rodrigo Tenorio. Él es doctor en sicología clínica y licenciado en filosofía.

¿Cuál es la primera lectura que hace del lema “Ya qué chucha”?
Lo primero es un quemeimportismo. ¿Qué carajo me vale? O me vale madre, como dicen los mexicanos. Las situaciones políticas del país no existen, en ninguna parte del mundo, sino a través de personajes. Y los personajes que fungen de políticos en el Ecuador son absolutamente desahuciados por un covid político que venimos arrastrando desde hace décadas. Nadie nos ha curado. Diría que salvo las presidencias de Osvaldo Hurtado y Rodrigo Borja, lo demás ha sido un caminar al borde del precipicio, o cayéndonos al precipicio sin ética, sin verdad. La política ecuatoriana podría definirse como el monumento al engaño, pero al engaño vil que es aquel que tú me engañas a mí, sabiendo yo que tú me engañas.

¿Es decir, un autoengaño colectivo?
No es un autoengaño. Es un sometimiento total del país al engaño. A una política falaz, construida siempre en los bajos mundos de Guayaquil y de Quito. Entonces, ¿quién después de Borja y Hurtado? Nadie.

¿Está hablando desde el regreso a la democracia?
No podemos hablar de antes. El mundo contemporáneo es el de Abdalá Bucaram, de Lucio Gutiérrez, de los militares últimos, de Rafael Correa -que es una inmensa década-, es el presidente actual que ni suena ni truena. Entonces se acerca el período electoral y a la gente no le importa.

Entonces, ¿cómo se lee integralmente el lema? Porque en la época de Correa, cuando él asumió todos los poderes en Montecristi y luego pidió permiso para meter la mano en la justicia, el país lo autorizó. Para la sociedad fue una forma de poner la carga en manos de alguien, sin responsabilizarse por los resultados de ese encargo.
Sí pero el dénme todos los poderes o el no jurar sobre la Constitución como manda la ley el día de la posesión e ir a darse el baño en la chorrera, cerca a Otavalo, todo eso es un rito perverso. El pueblo se engaña creyendo que en el rito está la verdad, cuando el rito está destinado a oscurecer la verdad. En muchos casos a taparla. Es como los sacerdotes pederastas, hablando en el rito de la santidad y el respeto del otro mientras en la vida privada se dedican a lo más ignominioso que existe en la sociedad. Esa es nuestra política.

Pero cuando se habla con los políticos, ellos dicen que ellos solo son los representantes del pueblo y que el pueblo es así. Estamos en un círculo vicioso: el político dice representar al pueblo que lo moldea y el pueblo no cree que lo representa. Asimilación por un lado y, al mismo tiempo, disonancia. ¿Cómo entenderlo?
Yo diría que funcionamos, como decimos en psicoanálisis, con pares antitécticos: amor-odio; virtud­-podredumbre moral… Nos movemos en esos pares antitéticos. Un día estamos alabando a la virtud imaginaria de alguien y, al día siguiente, lo estamos desnudando y lo pateamos. Ese decurrir, desde hace años jugando entre el bien y el mal como nos caracteriza, ha permitido justamente que la política nuestra se aproveche de nosotros y nos engañe.

¿Cuando se dice “Ya qué chucha” estamos volviendo al votemos por “el loco que ama”. Es la misma ecuación: no importa si es un loco o lo que venga. ¿Esto no indica una suerte de suicidio colectivo?
Vivimos al borde de un suicidio político desde hace muchísimo tiempo. Todos los golpes de estado de la última parte del siglo pasado son eso: son los suicidios políticos del Ecuador. Se salió a la calle a protestar y a avivar la caída de Lucio Gutiérrez, unos que avivaron a los mismos que antes botaron. Entonces en el Ecuador no existe una idea política consistente. El ejemplo podría ser lo que está aconteciendo con los indígenas. Allí no existe ni una sola idea política: en este momento solo existe la lucha por el poder. Ideas políticas, cómo entendemos el gobierno de la polis, el gobierno de la ciudad, el gobierno del Estado… nada de eso existe. Es lo que le acontece al presidente Moreno: no tiene la más mínima idea de lo que es un Estado. Por eso muchos periodistas han calificado al Ecuador como un Estado fallido.

Veamos ahora, cómo salir de esto. Los 10 años de correísmo, en el cual hubo concentración de poder, autoritarismo, exabruptos que no fueron fiscalizados, justicia cooptada, daban la impresión de que, terminada esa década, la sociedad iba a aprender y sacar lecciones. Pero con el «ya qué chucha” se vuelve a lo que la sociedad ya tuvo. Es un ciclo perverso en el cual la sociedad da la vuelta, pero no sale y tampoco aprende. ¿Cómo se explica esto?
A un grado de ciclo básico van 30 estudiantes. Los 30 van supuestamente a aprender. Pero si a mitad del año lectivo, preguntas lo mismo a los 30, estoy seguro de que responderá adecuadamente ni el 50%. Lo que quiero decir es que desde la perspectiva de nosotros que analizamos y criticamos, diríamos que es absurdo que el país quiera volver a repetir lo mismo. Pero no es absurdo, porque ese es el modus vivendi tanto social como político de un Estado fallido.

Es una constatación dramática que hace pensar en la metáfora de Sísifo. Empujamos la piedra loma arriba y cuando vamos a llegar a la cima, se cae la roca y volvemos empezar. ¿Cuál sería el punto de quiebre que la sociedad ecuatoriana no logra encontrar?
Ese punto de quiebre debería ser una prédica, para seguir con la metáfora de Sísifo, de instrucción sobre la verdad. Lo que acaba de acontecer en el país con los carnés de discapacidad, en el que están metidos gentes de alto nivel, nos da cuenta de que el Ecuador es eso: los discapacitados morales no están gobernando, los que no tienen ética nos están gobernando. La pregunta, para nosotros que estamos en el tema de la comunicación, es ¿cómo desenmascarar a estas personas? ¿Cómo hacer que aparezcan como realmente son: discapacitados morales, discapacitados políticos? Esa sería una tarea de un periodismo nuevo que insista y no deje de insistir, todos los días, en ese proceso de desenmascarar a esos que quieren llegar a ser presidente, que quieren llegar a la Asamblea, que son discapacitados morales.

Hay que decir que sí ha habido denuncias. Han sido prolíficas las que ha habido sobre la corrupción en el gobierno de Correa. El país tiene ante sí tantas denuncias que parece que se ha paralizado. Entonces la sola denuncia no alcanza para hacer pedagogía. ¿Dónde podría estar la pedagogía que genere ese punto de quiebre?
La pedagogía de la ética y la ética jurídica. Lo que pasa entre nosotros es que se producen las denuncias y éstas van al espacio más corrupto del Ecuador que es la Justicia. Al espacio simbólico y real de la Justicia entran los pillos y luego de recorrerlo, salen limpios. Nadie ha hecho algo.

Bueno, algunos presos hay.
Sí, ¿pero cuántos en relación a la magnitud del problema? Hay uno que otro pez gordo pero en su mayoría son los chicos los que caen. Usando las metáfora de las naves chinas pescando en borde de nuestras aguas, deberíamos construir otro discurso de pescadores de la ignominia, de la corrupción. Un grupo que esté detrás de los pillos y otro grupo detrás de los jueces. Porque los jueces -sin generalizar- hacen lo que les da la gana. Los pillos son tan pillos que eligen el juez, el juzgado y el pueblo donde quieren ser juzgados.

Ya viene la campaña, hay una fragmentación inmensa y la respuesta puede ser el quechuchismo. Volver al azar. No a una situación racional, crítica, evaluativa. ¿Cómo cortocircuitar esa lógica?
Debemos crear un un nuevo discurso, una nueva nube sobre este quechuchismo en la política para enfrentar a los corruptos con una nueva ética. Es algo así como lo que necesitó la Iglesia Católica en el siglo pasado cuando se dio cuenta que ya no tenía cristianos, ni devotos ni nada más que los que iban a misa los domingos. Entonces se hizo un aggiornamento. Se propuso cambiar y cambió, aunque no en lo esencial, en muchas cosas como en la fenomenología y hubo una renovación. Esa renovación ya caducó porque se quedó exclusivamente en la forma.
Creo que si los medios de comunicación, comprometidos con el cambio social, empezaran al unísono a desvelar todos los días a los políticos corruptos, el país empezará a escuchar e irá cambiando. Los discursos no funcionan cuando se escuchan una sola vez. Los Bucaram no se inauguraron ayer, vienen años de años repitiendo el mismo discurso de la perversión y no hemos hecho nada para callarles la boca. Nada.
La situación del país exige un cambio radical de nuestro discurso frente a lo que va a acontecer. El gobierno se ha escondido; María Paula Romo que era la única que tenía algo de voz, ha hecho mutis por el foro desde que perdió la Vicepresidencia. Desde el gobierno no hay nadie que hable. Y alguien que se presente a hablar tiene que estar realmente comprometido con la honorabilidad. Un tema fundamental de esta honorabilidad ahora tiene que ser la desvelación de todos estos que usaron los carnés falsos, comenzando por la Asamblea.

Foto: Plan V

Esta entrevista se publicó ayer, 9 de agosto, en el boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

6 Comments

  1. Despues de Hurtado y Borja….absolutamente sesgado comentario. Dos malos presidentes mediocres y tibios….lamentablemente los demas han sido una seguidilla de pillos populistas e ineptos.

  2. Doctor Tenorio, usted dice textualmente «Nadie nos ha curado. Diría que salvo las presidencias de Osvaldo Hurtado y Rodrigo Borja» , «Entonces, ¿quién después de Borja y Hurtado? Nadie».

    Muy respetable su posición, pero primero Oswaldo Hurtado y luego Rodrigo Borja, cuando se les expuso publicamente, que el voto no debia ser obligatorio, ambos a su tiempo manifestaron que si el voto no fuera obligatorio, nadie iria a votar, porque el pueblo tiene carencia democrática, es decir somos unos ignorantes a tiempo completo, salvo honrosas excepciones.

    Esa falta de desición política, para cambiar de rumbo al país, nos ha costado y nos costara en el futuro.
    Dejemos de ser ilusos, y no esperemos a ser mas viejos, para tratar por lo menos de morir con dignidad y no en el miasma, en el que estamos metidos hasta el cuello.

    Quien tiene la culpa, la culpa es nuestra, tenemos que reconocer nuestros errores, primero como individuos y luego como comunidad.

    Si seguimos apoyando el engaño y la política del más vivaracho, este cuento no terminara nunca.
    Los medios de comunicación, son la mejor vía, para educar al ciudadano de a pie, porque la escuela, es muy elemental en la formación crítica del individuo. Para la transformación de individuo a ciudadano,se necesita, que se informe, se eduque y que mejor que ciudadanos preparados emitan su opinión, no importa que sean de tendencias izquierdistas, de derecha, ó centro.
    Lo más importante, es que tenemos de donde escoger, y no esperar que la vecina, sin ton ni son, nos influya en nuestras desiciones democráticas.

  3. Bucaram merecía ser destituido? Seguramente!

    Pero, en países más o menos respetables, la destitución de un presidente debe ocurrir de acuerdo con la Constitución y las Leyes. Además, en caso de ausencia definitiva del presidente, hay normas de sucesión. En el Ecuador, la partidocracia (en nombre de la bancocracia y con apoyo descarado de los militares) dio un evidente golpe de estado en contra de Bucaram… y de Rosalía Artega.

    Quiénes se limpiaron la parte posterior del cuerpo con la Constitución? Revisen las fotos de la famosa camioneta: ID, DP, PSC, FRA, MPD…

    Fabián Alarcón se autoproclamó Presidente «Constitucional Interino» de la República (imaginemos los memes), y gobernó de acuerdo a los designios de la bancocracia, llevando al país al borde del abismo.

    Luego vino Mahuad. Gobernó con el PSC, por y para los banqueros, y hundió completamente al país. Hubo revuelta popular, golpe de estado militar, y dolarización.

    Llevamos 20 años atados al dólar, y al precio del petróleo. Cuando el petróleo estuvo en $100 el Ecuador vivió una bonanza. A partir del año 2014, cuando el precio cayó, nos hundimos en la pobreza y en las deudas.

    La tragedia del Ecuador es creer que la dolarización nos salvó, cuando realmente ha sido la causa central de nuestra desgracia. 20 años de…. «»sometimiento total del país al engaño. A una política falaz».

  4. La búsqueda del poder por el poder, la defensa de los intereses personales y del endogrupo con el fin de obtener beneficios ilimitados de por vida y creando los artilugios necesarios para evadir a la justicia y la rendición de cuentas.
    Este código perverso es parte del tejido social y se ha enraizado con fuerza especialmente desde la última década. Me temo que el «cambio de discurso» no tendrá ningún efecto para una masa obnubilada por la corrupción.

  5. O sea, Sr Tenorio usted cree que es Noboa quien se hace la promoción con esa consigna? A mi me llama la atención que, en primer lugar lo tenemos a correa todos los días en los medios escritos, televisivos y en las radios, la gente oye el nombre y lo ve en pantalla, promisión gratuita? En segundo lugar no he leído hasta la presente fecha a ningún articulista ni analista explicar pro qué pasó, digo efectivamente, la caída de bucaram? Por qué Roldos renegó del CFP? No será esa la causa de todos. y estría males en la política, de paso siempre he creído que fue un accidente lo de Roldos

  6. Muy buen análisis de Don Rodrigo Tenorio. Solo tengo una observación personal. Y es, que El manifiesta, que son los medios de comunicación los que podrían asumir la denuncia ciudadana y profundizar en la misma para ejercer presión y lograr el cambio requerido. No creo que ellos sean el actor idóneo para esto; porque en la realidad, muchos están comprometidos con los gremios económicos poderosos y no pueden actuar en forma independiente, al igual que la justicia y las autoridades de control. Yo consideró que ese rol le corresponde a la ciudadanía, organizada de manera autónoma y apartidista, por fuera del sistema constituido; para así, lograr absoluta independencia y libertad de acción, a través del desapego al poder, al dinero y a la lujuria.

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