Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La estupidez y el bienestar colectivo

en Columnistas/Influencers4P por

Antonio Fernández Vicente, profesor de la Universidad Castilla-La Mancha, nos conduce a explorar las acepciones históricas y filosóficas de la estupidez, en un apasionante recorrido en la constante búsqueda de reflexiones sobre la condición humana y sus fragilidades, hoy puestas en evidencia ante la pandemia.

En 1866 el filósofo Johann Erdmann definió la “forma nuclear de la estupidez”, entendida ésta como la estrechez de miras. Una derivación de la estupidez es la palabra mentecato o privado de mente. Así, estúpido sería aquel para quién solo existe un punto de vista: el suyo. Se puede colegir que, mientras más se multipliquen los puntos de vista la estupidez tendrá menos espacios y fluirá en grado mayor la inteligencia.

Los griegos inventaron la palabra idiota para definir a aquellos que consideran que todo debe responder a su óptica personal, a su particular visión de las cosas. Son idiotas quienes juzgan las cosas desde su minúscula visión del mundo, convencidos de que tiene la categoría de universal. Creen que su visión es única, incontrastable, indefendible, que no admite discusión su validez.

El estúpido padece de un magnificado egoísmo intelectual, abriga lo tosco y la fanfarronería. Para el estúpido no existe la complejidad y eleva a la categoría de dogmatismo la difusión de su simplicidad. Es todólogo para opinar como dueño de la verdad absoluta. En medio de su ceguera se cree clarividente. Para los filósofos, mediante la filosofía se exploran y valoran otros puntos de vista. Se lucha contra el embrutecimiento. Se amplían los horizontes al cuestionar de modo permanente nuestros comportamientos y formas de pensar.

La duda permanente y la autocrítica se muestran como antídotos para atenuar la estupidez, al abandonar el enclaustramiento en nuestras míticas imágenes, como sucedía en el mito de Narciso. El estúpido es un ferviente enamorado de sí mismo, por tanto, todo lo demás es ignorado y despreciado con su autosuficiencia.

En 1937, el poeta Robert Musil retomó las reflexiones sobre la estupidez. En el auge de las corrientes totalitarias recordaba la barbarización de las naciones, Estados y grupos ideológicos. La estupidez brota de un “Yo” exacerbado. La estulticia no solo es en extremo contagiosa, también se alimenta de ideales difusos, de lugares comunes, de la simplicidad de las proclamas. Todo es negro o todo es blanco.

El único punto de vista valedero, legítimo, es el de un grupo social determinado, es la concreción de lo nuestro. La estupidez es amigable a la intolerancia, a la ausencia de diálogo. Es lo gregario, es la hermética mentalidad. La estupidez encuentra su fácil expansión mediante consignas sin fundamento, proclamadas en coros de clamor colectivo. En algún momento todos podemos ser estúpidos ocasionales. Según Musil, es distintivo del estúpido funcional su incapacidad permanente para apreciar lo significativo.

El estúpido es obstinado en su tozudez, en lo baladí, en lo accesorio. Es palpable su ineptitud a la hora de jerarquizar las prioridades. Le es imposible discernir con rigor las complejidades de la vida. Las majaderías se extienden con la fluidez del pánico, se viralizan con la velocidad de la luz.

Uno de los antídotos de la estupidez es la modestia. Es inteligente cuestionar siempre lo que hacemos y pensamos. Es perseverar en el quizás al denegar las afirmaciones contundentes. La duda de Erasmo de Rotterdam era que quizás lo que creemos inteligente solo sea una sandez. La risa inteligente traduce humildad. Someter a la sátira la estupidez de nuestras vidas, siempre será un ejercicio de buen entendimiento, es mirar en varias ocasiones lo absurdo de las convenciones sociales.

Como el coronavirus, la estupidez puede encarnar sin distinción en cualquier persona. Hay estúpidos en todos los estratos de la sociedad. No obstante, no podemos pensar que la cruzada contra la estupidez está perdida antes de enfrentarla. Para Albert Camus en La Peste, la estupidez siempre insiste. Según el escritor Giovanni Papini, para acabar con la estupidez quizá habría que preguntarse: ¿Soy un estúpido? ¿Estoy equivocado? Al menos advertir que se es estúpido marca una diferencia con los idiotas absolutos y satisfechos.

Todos cometemos estupideces en mayor o menor grado, sin ellas la vida sería demasiado monótona, aburrida. No obstante, quizá, se pueda concluir que los males que aquejan a la humanidad, sus penurias y miserias, obedecen a la generalizada estupidez que conspira contra el bienestar de las sociedades. Pues, la estupidez es la forma de ser más dañina, más destructiva que la maldad. Al menos el malvado obtiene beneficios para sí mismo, aunque sea a costa del perjuicio ajeno. En cambio, decía Carlo Cipolla en la Tercera Ley Fundamental de la estupidez: “Una persona estúpida causa daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.

Son sinónimos de la estupidez: insensatez, necedad, idiotez, disparate, imbecilidad, simpleza, torpeza, vaciedad, vanidad, engreimiento, pedantería. Son antónimos de la estupidez: inteligencia, acierto, agudeza, perspicacia, sagacidad, habilidad, humildad, sencillez, modestia, naturalidad.

Cuando las sociedades se someten a los populismos y los añoran a pesar de que las destruyen, cuando ciertos políticos se ufanan de saquear las arcas públicas, cuando ser honesto es un pecado, cuando se celebra el déficit y despilfarro de los recursos del Estado, cuando se exige todo al Estado sin ningún esfuerzo como contraparte, cuando se quiere bienestar sin trabajar, cuando se cree habrá prosperidad sin una buena economía, cuando la corrupción poco importa a las mayorías, en fin, ante una infinidad de estos cuandos casi siempre exclamamos: ¡Qué estupidez!

Para superar con estoicismo los costos de la pandemia y para la reinvención post pandemia, parece no es suficiente la traducción en números y variables la inmensa cuantificación de los destrozos. Quizá, debamos acudir a la filosofía para albergar con devoción los antónimos de la estupidez. Quizá, debamos preguntarnos ¿Soy estúpido? ¿Estoy equivocado?

Jaime Carrera es economista. 

6 Comments

  1. El manejar estos temas con la sociedad es muy delicado y hay que destacar que no todas las personas poseen un conocimiento bueno de la política, más que nada dentro de este ámbito se tienen varias aristas y las cuales no todas se comparte con el mismo nivel de jerarquía en esto también se toma en cuenta a las clases sociales.

  2. Excelente artículo Economista.

    Me recuerda el libro de David Robson autor de «La trampa de la inteligencia: por qué la gente inteligente hace tonterías y cómo evitarlo»; el tirano que nos gobernó y que dejó acabando la política social y económica del Ecuador.

    Por necesidad imperioso estamos reaccionando ante tanta injusticia, ante tanta corrupción, por tanta presión que se ha manifestado.

    Pero, lo inteligente que es lo decimos siempre, es haber hecho caso a Ustedes periodistas ejemplares,es decir cuando nos decían que ¡el prófugo de Bélgica está robando!. Pero claro, cuando un ciudadano va al periodista y pregunta ¿qué probabilidades hay que este señor esté robando?, el periodista responde con honestidad, pero la honestidad son incertidumbres, pero al ciudadano, al político las incertidumbres no le gustan; le encanta la frase «así roben, pero con tal que hagan obras»

    Entonces, pienso que ahora como reacción a lo que está ocurriendo, sin duda, debe haber muchas reflexiones lógicas, a pesar que se sigan ignorando tantos actos de corrupción como los que seguimos viviendo.

  3. ROMMEL

    Las reflexiones sobre la estupidez, deben hacernos recapacitar: como, lo largo de nuestras vidas hemos reiterado en escoger una categoría de la estupidez humana: intervenir en elecciones para repetir un nuevo capitulo de una entelequia que la conocemos como democracia, es decir, reincidir en preparar un antro en el que se perpetran las mas grandes atrocidades y latrocinios en el contexto de un lúgubre y latente campo repleto de injusticia , devastación y atentados a la dignidad humana. Estamos ad portas de repetir una nueva insensatez. Faltó al articulista identificar al o los autores de la «estupidez»: nuestra deficiente y sempiterna educación.Ergo,no se trata de ninguna patología, ni de una mayor o menor porción de neuronas.

  4. The New york Times.
    Durante el anuncio de Putin, Mikhail Murashko, ministro ruso de Salud, declaró que “todos los voluntarios desarrollaron altos niveles de anticuerpos contra la COVID-19. Además, ninguno tuvo complicaciones graves de inmunización”.Ese es el tipo de resultado que se esperaría de un ensayo de fase 1. Pero eso no indica si la vacuna en realidad funciona.“ ESTO VA MAS ALLA DE LA ESTUPIDEZ» dijo John Moore, virólogo del Colegio Médico Weill Cornell de la ciudad de Nueva York. “Putin no tiene una vacuna, simplemente está haciendo una declaración política”.

  5. El extravagante y polémico economista argentino Javier Milei le dijo a un periodista argentino : » vos no sois estúpido, vos sois un burro» cuando le decia que para salir del déficit fiscal habia que aumentar el gasto público corriente porque eso dinamizaba la economia y si no habia dinero, el Banco Central podia proporcionar los pesos necesarios. A veces la estupidez de la gente sobrepasa lo previsible. Cuando no conocemos un tema es mejor no habrir la boca.

  6. Una buena descripción del estúpido, es el reflejo de ciertos políticos que tanto daño nos han hecho y que nos deben servir de ejemplo para borrarles de nuestra mente y corazón para nunca mas darles la oportunidad que ya tuvieron de servir a la ciudadanía, no podemos volvernos a equivocar

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