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El centro y centro izquierda están fuera de juego

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Si en la centro derecha el retiro de dos de los favoritos abrió la posibilidad de algún tipo de reunificación, en el centro-centro no se observan señales de reagrupamientos. Las hubo hace algunos meses cuando se citaron seis partidos, en un foro democrático, para trabajar en una propuesta programática. Allí estuvieron Democracia Sí, Izquierda Democrática, Partido Socialista, Concertación, Unión Ecuatoriana… Se encontraron algunas veces por zoom los presidentes de las organizaciones, se dijeron que no iban a poner un nombre por delante, que iban a privilegiar el programa político, que iban a trabajar en sus principales ejes… y un buen día Concertación y el Partido Socialista anunciaron como candidato presidencial a César Montúfar y Democracia Sí hizo lo propio con Gustavo Larrea. Los otros partidos se enteraron por las redes sociales y ahora ven cómo César Montúfar publicó una carta llamando a los partidos y movimientos (salvo el correísmo y otros corruptos) a una gran alianza para evitar la dispersión. No le creen.

El centro-centro o centro izquierda es la tendencia que quedó fuera de juego en ese esfuerzo de polarización de la sociedad ecuatoriana que hizo el correísmo. Correa arrastró tanto la sociedad a los extremos que la ley del péndulo -si funcionara en Ecuador- no repararía en esta tendencia. Eso, y la segmentación extrema, tiene a algunos de esos partidos barajando alternativas para evitar el peligro de desaparecer del registro de partidos. Saben, por supuesto, que el Código de la Democracia premia las alianzas: genera estímulos electorales y también económicos para promoción mediática. ¿Pero cómo convencer a sus dirigentes de hacer parte de una gran tendencia en vez de presidentes todopoderosos, en casos, de clubes de amigos? Ahí está el problema porque lo que hay, como supuestas diferencias políticas, son, en realidad, pretextos con muy bajo condumio conceptual e ideológico.

La prueba está, por ejemplo, en la carta publicada por César Montúfar que fijó en su cuenta de twitter. Allí, el jefe de Concertación divide el universo electoral en dos. Honestos, de un lado y, del otro, los candidatos que tienen cuentas con la justicia. En principio, parece un llamado para depurar la papeleta. No es así: su objetivo es evitar la dispersión ante la delincuencia organizada. Loable propósito.

El problema empieza cuando se miran las condiciones exigidas para hacer parte de este bloque: estar de acuerdo en seis propuestas cuyo contenido, al margen de algunos matices, luce evidente. Si esto es así, ¿por qué Montúfar y su aliado, el Partido Socialista, no establecieron una alianza con los cuatro partidos de centro con los que se sentaron a charlar? ¿Y por qué creen que lo que no hicieron con ellos, lo podrán hacer ampliando la cancha?

Las respuestas llevan al mismo punto donde están instalados todos los dirigentes políticos del país: un juego falaz de percepciones. Hacer creer que la culpa del bloqueo o la falta de voluntad para acordar es de los otros. Lanzar ideas ecuménicas tan inclusivas como etéreas. Erigirse en referente central de iniciativas cuyos destinatarios están en el mundo virtual y mediático. Sacar provecho de ese juego atribuyéndose una actitud de concertación cuando, en los hechos, ellos son parte del problema: la segmentación.

Esta iniciativa podría ser analizada desde otra perspectiva: cuando se profesa una voluntad sincrética el sentido común ordena usar el teléfono, llamar a los interlocutores y sentarse hasta lograr acuerdos. Eso debe ser más eficaz que hacer un boletín de prensa. Y cualquier manual dice que un acuerdo político se hace a partir de la realidad política que representa cada organización, no de un llamado a que todos pongan por igual el contador en cero.

En estas circunstancias, la carta de Montúfar vuelve a tener los ingredientes de una movida mediática de mercadeo político. Además, formulada el 24 de agosto (a 11 días de que se cierre el plazo para las alianzas), corre el riesgo de no tener efecto práctico alguno. El centro-centro pierde así otra oportunidad de renovar una tendencia que perdió nervio e influencia tras el ocaso de la Izquierda Democrática. Resultado: también esos partidos y movimientos están compelidos a mantener sus capillas intactas, aunque saben que sus candidaturas presidenciales no tienen posibilidades y que, en esas circunstancias, sus siglas corren peligro de desaparecer.

Foto: La Hora

10 Comments

  1. Los gerentes propietarios de los partidos políticos están en apuros porque los números no les favorecen, quieren realizar alianzas pero sin ceder 1 cm en sus pretensiones, quieren que los otros cedan y se sometan a su agenda. Están perdidos y el tiempo apremia.
    Estos partidos y movimientos chimbadores, sin ideología que les diferencie, sin cuadros suficientes y calificados para hacer un gobierno, deben desaparecer junto con sus mediocres y vanidosos dirigentes.

  2. El Sr. Montúfar fue el motor de la salida de Lucio Gutierrez en el 2005, con lo cual le hizo un flaco favor a este país. Ojo, yo ni siquiera voté por Gutiérrez, no me caía bien por el simple hecho de ser militar, pero le reconozco que probablemente hizo el mejor gobierno de la era «democrática» que empezó el 79.
    Montúfar jodía y jodía y los diarios que le tenían pica a Lucio le daban bola, y la corrupción se limitaba a pequeñas raterías de algunos de sus parientes. Una de sus cosas buenas era que ni los mismos milicos lo querían, por lo cual tampoco les dio canongias nuevas.

  3. No es la primera vez que Montufar lo hace, su actitud egocentrista permitió que llegue yunda a la alcaldía, la izquierda fue parte del correismo, que quieren ahora ?
    Esas actitudes personalistas se ha dado en el país históricamente, ya basta, pensemos en el país y seamos serios al votar

  4. El Sr. Montufar podrá tener méritos para creer que puede ser candidato a presidente. Se reconoce su lucha contra la corrupción. Creo que es preparado intelectualmente y eso no viene de un día para otro. Pero de ahí a creer que va a ser presidente, esta soñando en pájaros preñados. Lo único que está haciendo es favorecer a los “otros” izquierdosos ladrones.

  5. Qué tal publicar un comentario sobre el nefasto apoyo de Lasso a los pedidos anti humanistas y misóginos de la conferencia episcopal frente al nuevo Código de Salud? Lo que tendrá impacto directo sobre 50% de los votantes (las mujeres) bien merece salir a la luz, Sr. Hernández.

    • Algunos creen que Lasso representa todo lo opuesto de Correa, sin embargo, nadie más curuchupa que Correa, que también estuvo en contra del aborto, que fue abiertamente misógino, que inclusive tuvo la estúpida idea de poner al frente del Plan Familia a una segura amiguis de Lasso, Mónica Hernández, representante del Opus Dei, la misma siniestra agrupación en la que cobija su moral quien pretende ser presidente de Ecuador.

  6. Bueno, el Sr. Montúfar ha sido uno de los pocos ciudadanos que se han «mojado el poncho» en la lucha contra la corrupción. Meritorio. Pero para dirigir un Estado, exige muchas otras características que las puede adquirir, con preparación, desde luego. La situación actual del país es crítica por lo que es necesario que los líderes políticos cedan posiciones y se organicen en pro de objetivos comunes definidos. El ejemplo de lo que «puede» suceder con la dispersión del voto lo tenemos «aquisito nomás» en Pichincha. ¡Brrr! (Está bien que le hayan dejado partir al de Democracia Sí, porque, andar con esos «amigos»…¡Uh!).

  7. Sr. Hernández.
    Es por demás evidente el exceso de amor propio de cada candidato. saben de sus reales posibilidades sin embargo, prima el egocentrismo; quizá herencia de Correa. A estas alturas del partido simplemente resta decir que Dios o un ser supremo nos cobije o salvaguarde de la inoperante clase política de nuestro lindo Ecuador.
    Los ciudadanos comunes, inertes e incapaces de reaccionar. Hasta cuando tanta indiferencia de todos nosotros.

  8. El problema de la izquierda es que… fue parte de la dictadura correísta. Eso es una mancha, un olor a podrido, que no se puede esconder.

    Correa se apropió de todo lo que constituía tradicionalmente la «izquierda»: el ataque permanente a los empresarios y al capitalismo; el Estado como protagonista absoluto en la vida de la sociedad; los rituales indígenas; el discurso ecologista…

    Los izquierdistas se subieron inocentemente a la camioneta de Correa. Se dejaron llevar, creyendo en «el proyecto». Fueron usados, y luego lanzados fuera de la camioneta.

    Otros «izquierdistas», menos ingenuos, sabían que «el proyecto» era realmente una fachada para la acumulación de poder, el saqueo y el crimen organizado. Y se quedaron a bordo a colaborar…

    ¿Qué queda de la izquierda? Sería bueno preguntarle a Rodrigo Borja, Enrique Ayala.

  9. Que pena que personas con absolutamente nula posibilidad de ganar una elección para presidente como el señor Montúfar contribuyan a la dispersión del voto, favoreciendo directamente al candidato elegido por el mayor delincuente que ha dado el país que, para desgracia de la patria, tiene un voto duro entre el 15 y 20% del electorado. Lo mejor que puede hacer por el país, candidato, es retirarse de la lid electoral. No delire.

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