A las mujeres nos siguen matando

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Todos los días tenemos conocimiento de casos de feminicidios, violencia física, agresiones sexuales y delitos conexos, que atentan contra la seguridad e integridad de las mujeres. Estos hechos van sembrando de dolor y desolación a familias que pierden a sus hijas, hijos que pierden a sus madres y, así, la sociedad va perdiendo a sus mujeres de la forma más atroz.

El caso de Gabriela León, mujer cuencana asesinada a manos de su pareja, muestra algunas realidades y echa abajo algunos relatos que aquellos que no creen que la violencia contra la mujer es un problema, colocan en el imaginario social para bajar el perfil de este flagelo.

Es común afirmar que ese fenómeno se produce solo en estratos sociales de pobreza y se asocia a ésta, comportamientos violentos sistémicos, como si únicamente los pobres, además de llevar sus necesidades a cuestas, fueran de naturaleza agresiva. Lo cierto es que la realidad es otra. La violencia hacia la mujer atraviesa todos los estratos y de ella son víctimas todo tipo de mujeres: profesionales, no profesionales, estudiantes, con recursos, pobres… La violencia no discrimina edad y por eso debe ser vista como un problema de salud pública que hay que atender.

Para sostener la tesis de que es necesario que se considere la erradicación de la violencia de género como política de Estado -y desde allí se tomen decisiones de política pública- hay que dejar que las cifras hablen.

Varios esfuerzos conjuntos desde organizaciones de sociedad civil, han permitido visibilizar el problema y nos refrescan la memoria. Así conocemos que desde 2014 a 2020 han sido asesinadas, por violencia física o sexual, 748 mujeres en el Ecuador: 40 mujeres han perecido entre marzo y agosto del 2020; lo cual indica que la pandemia recrudeció la violencia. Además se conoce que la edad más frecuente de las víctimas oscila entre 21 y 23 años. También se reproduce el fenómeno en mujeres de otras edades.

Los datos se vuelven cada vez más macabros cuando descubrimos que 56 mujeres de las contabilizadas, fueron atacadas sexualmente antes de ser asesinadas: es decir, la manifestación de poder sobre ellas antes de cegar sus vidas, se completó con la posesión de su cuerpo en forma brutal.

Es estos actos ni las mujeres embarazas se libran pues, de lo que se sabe, algunas eran gestantes en el momento de ser asesinadas. Otras, -al menos 50- fueron desaparecidas.

Esta realidad nos arroja un saldo descorazonador porque más del 60% de mujeres asesinadas era madre de familia, lo cual deja, desde 2014 hasta 2020, alrededor de 999 hijos e hijas en situación de orfandad.

Aún no se tiene datos estadísticos de los casos de suicidio de niñas, adolescentes y mujeres luego de ser víctimas de violación y otros vejámenes, pero los números van creciendo. Lo que sí conocemos es que toman esa fatal decisión porque el Estado les falla: les falla el sistema y también les falla la sociedad.

Esta estadística debería ser suficiente para tomarnos en serio el problema. Corresponde a quienes llegan a gobernar el país responder con políticas públicas de prevención, protección y sanción. Terminar con la violencia de género es tan importante como ocuparse de la economía porque es un problema de salud pública.

A nuestras mujeres víctimas deberíamos llorarlas todos, porque son el símbolo de una sociedad que prefiere sostener estereotipos caducos en lugar de empoderarlas, ayudarlas y salvarlas. Todos deberíamos asumir el compromiso de luchar por la erradicación de toda forma de violencia contra la mujer y contribuir para cambiar esa vergonzosa realidad.

No queremos más huérfanos de la violencia; las mujeres exigimos memoria, justicia y reparación.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

5 Comments

  1. Pero si hasta el aborto esta prohibido, a ese nivel llega la dominación y maltrato del hombre sobre la mujer, en nombre de una religión harto dudosa y dominada saben por quien , quien mas el hombre o acaso haya esperanza de una Papisa en alguna época por mas lejana que sea. A y por cierto la política de izquierda me cae patada al hígado y no tengo nada que ver con esta ideología ni tampoco apoyo el feminismo agresivo.

  2. Aquí no se nenciona lo siguiente y no queda claro por que. Sobre todo, y literalmente mortal en muchos casos, es denegar el aborto a las mujeres, lo cual defendió el candidato de Creo ayer por pura ideología, enterrando así todas sus chances electorales. Además de troncar todas las oprtunidades en la vida en los casos de adolescentes. Y esto justamente en tiempos donde el presidente de Brasil, y con el la mitad del país, busca impedir que una pobre niña violada y embarazada de 10 años puede abortar, tal como fue estipulado por ley y decidido por jueces. Asqueroso!

  3. Que simplonería de análisis y peor cuando leo que es decana de la escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.
    Mi, no entienda cómo es que se convirtió en lugar común concebir a la población como sujeto de adoctrinamiento mediante represión del Estado; generalmente, cualquier hijo de vecino habla de que para combatir la violencia o la corrupción, deben crearse leyes que le chanquen al infractor, que le decapiten, que le vuelen las manos, que le tengan preso cien años; y, asi… de ese tenor.
    Por ahí va el predicho análisis.
    Convierten en paradigma de las rectificaciones de los errores del ser humano: EL TEMOR A LA SANCIÓN.

  4. Sí, la realidad es estremecedora. Estamos en el siglo XXI y el comportamiento humano sigue igual a cuando vivía en las cavernas: el gráfico del picapiedras con la maza al hombro y arrastrando a la mujer de los cabellos hacia su guarida, no ha cambiado, sigue igual. Y nos consideramos evolucionados, civilizados. Y en este gran problema también tienen mucho que ver los gobernantes, mejorar los sistemas de educación y la efectividad de la Justicia, que actualmente deja mucho que desear. Por el bien de toda la especie humana, ojalá algún día seamos mejores humanos. Mi solidaridad con ellas.

  5. Apreciada Ruth.
    Que tristeza saber que en la sociedad ecuatoriana, aún se den crímenes tan crueles, sinceramente la única forma de salir de esta lacra social es con una educación sólida en valores desde las respectivas familias e incrementar el amor propio en cada individuo, para aprender a diferenciar el amor, la dependencia, la manipulación,etc. Pero el Estado debe garantizar procesos judiciales serios en casos «emblemáticos» y que no reine la injusticia.

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