Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El Caso Sobornos o la política como estructura mafiosa

en Columnistas/Influencers4P por

Uno de los problemas centrales de las democracias es la forma de financiar la política. En particular, pero no únicamente, las campañas electorales. Los partidos políticos son instituciones democráticas cuyas actividades deberían ser permanentes, pero sin duda alguna, en el periodo de las campañas electorales, entran en juego lo mejor y lo peor de la democracia. Los valores y antivalores de los grupos políticos y los sistemas de control social que deben vigilar la transparencia, así como denunciar la corrupción y el juego de intereses cruzados que se activan de espalda a los votantes.

En Estados Unidos, el financiamiento de las campañas es un tema central de las reformas al sistema que plantean sectores ciudadanos y políticos. No es para menos, en una campaña se pueden mover hasta 6.000 millones de dólares y todo esto recaudado entre donantes privados, donde hay de todo: pequeños donantes convencidos de una causa, grandes corporaciones con inconfesables intereses como los que representan los hermanos Koch. Los hay donantes transparentes y donantes oscuros y anónimos… Un dato paradójico es que durante mas de 40 años, desde la elección de Jimmy Carter, en Estados Unidos estuvo vigente una política de financiamiento público de las campañas hasta que Barack Obama se negó a recibir los 83 millones de dólares de dinero público que le correspondía a su campaña y puso a andar una poderosa maquinaria que recaudó 1.000 millones de dólares. Este hecho, más el fallo de la Corte Suprema en el caso “Ciudadanos Unidos vs. La Comisión Federal de Elecciones” ha puesto en una situación límite e insostenible a una de las democracias consideradas más avanzadas. El fallo de la Corte Suprema recordemos, básicamente, abrió las puertas a que las corporaciones y grupos de interés financiaran las campañas políticas sin ningún tipo de limitación pues consideró que es parte de “su ejercicio legítimo de la libertad de expresión”.

Es evidente que en Ecuador como en Chile, México, Estados Unidos o Alemania financiar una campaña electoral es muy caro. Las manifestaciones de masas con su logística de tarimas, sonido, entretenimiento, camisetas con la publicidad electoral y la comida y bebida que corre a raudales. La contratación de la publicidad electoral, las vallas y la impresión de publicidad directa y el pago de personal son gastos que pueden superar varios millones de dólares. Con lo cual, partidos y candidatos se encuentran ante la situación de recaudar el dinero que les permita competir por el poder. En este barrio, además, se crea la curiosa situación de proveedores de tarimas, artistas y medios de comunicación que se convierten en factores de poder por sí mismos o si no pregunten al actual Alcalde de Quito.

Casi siempre si se tiene un buen candidato o algún espacio de poder previo, la recaudación no es problema y es por eso que en el sistema ecuatoriano hay tanta fragmentación con partidos y movimientos creados desde algún espacio de poder local o nacional, desde alcaldías y prefecturas hasta la Seguridad Social. Grupos políticos que, además, no son más que máscaras vacías o lo que ahora se conoce como “partidos taxis” alquilados al mejor postor.

Debemos recordar, reflexionar y debatir sobre las implicaciones para nuestra democracia del llamado Caso Sobornos que involucró la alta cúpula del régimen de Rafael Correa y a los cuadros políticos del partido de Gobierno. Estamos ante un caso de financiamiento ilegal de la política y de las campañas políticas. No es un caso de enriquecimiento personal por medio de sobornos, sino de la creación de una estructura delictiva usada para financiar las actividades políticas y campañas electorales de Alianza País, el partido en el Gobierno. Las implicaciones y el daño a la democracia del país de una situación de ese calibre no han sido entendidas en su totalidad y el debate se ha entrampado en una discusión personal sobre la potencial nueva candidatura del caudillo autoritario actualmente en condición de prófugo de la justicia.

Más que sobornos con objetivo de lucro personal, en el mal llamado caso Sobornos estamos ante la extorsión, pero también la complicidad de muchos de los más poderosos contratistas del Estado para entregar aportes que servían para financiar las actividades del grupo en el poder y alguno que otro gasto personal como el de los famosos 6.000 dólares tomados “prestados” por Correa. Como se suele decir: hay una diferencia sustancial en la corrupción de los gobiernos de derecha con la corrupción de los gobiernos de izquierda. Generalmente, los políticos corruptos de derecha se meten el dinero en sus bolsillos y punto. Las estructuras corruptas que se dicen de izquierda, en cambio, utilizan la corrupción para financiar al “proyecto” que generalmente se relaciona con su permanencia eterna en el poder.

Por eso, insistimos, lo revelado en el Caso Sobornos nos habla de un sistema corrupto y amañado de movimientos políticos en el poder que entienden la política como una estructura mafiosa. Seguido de autoridades electorales venales y cómplices que deberían ser la primeras y principales barreras frente a la corrupción de los pilares mismos de una democracia.

César Ricaurte es periodista y director de Fundamedios.

1 Comment

  1. En una sociedad más avanzada, como lo es la de los Estados Unidos, se podría pensar que el financiamiento de las campañas electorales (que por supuesto cuestan exorbitantes sumas de dinero) por parte de grandes corporaciones, de suyo implicaría una práctica antiética, no obstante, se lo considera allá lícito, a sabiendas que esas corporaciones no están supuestas a perder dinero, la recuperación de estas inversiones no es tan grotesca como la del caso ecuatoriano, en que te doy un poco de dinero, pero tu me das un contrato multimillonario, el mismo que a su vez contiene sobreprecios, que en su turno, son repartidos entre las altas autoridades y el propio financista de la campaña.

    Yo respetuosamente discrepo con la diferenciación que hace el articulista en el manejo de esta práctica por parte de los grupos de derecha e izquierda en cuanto al destino de estos fondos, ya que el grupo que se autodenominaba de izquierda, como la pandilla de Correa, cuando se hizo público el aporte de las FARC a su primera campaña, este fue manejado por el hermano del mafioso, sobre el cual se sabe que nunca rindió cuentas, lo que implica que el gran hermano, se quedó con buena parte de ese narco-dinero, es vox populi que allí comenzó su hoy incuantificable fortuna, la misma que fue acrecentada con contratos con el Estado los cuales jamás han sido auditados.

    En arca abierta hasta el justo peca, esta práctica se repitió en el llamado Arroz Verde, pero con otros actores.

    Allá en el norte, la recuperación de la inversión se lleva a cabo a través de la promulgación de leyes que favorecen a tales corporaciones, con lo cual dichos movimientos tienen carácter de licitud.

    La corrupción es una sola, no hay diferencia entre la de los de derecha y los de izquierda.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba