Subsidios a los combustibles y protección ambiental, una ecuación inviable

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Una de las preocupaciones más grandes que comparten amplios sectores de la sociedad luego de la década correísta, es la necesidad urgente que tiene el país por retornar al sendero de la responsabilidad fiscal. Este esfuerzo implicó que entre las propuestas del gobierno en el 2019, se encontrara el desmonte del sistema de subsidios a los combustibles fósiles. Dicha propuesta contenida en el Decreto 883, el cual fuera rechazado por el sector indígena con violentas movilizaciones de octubre, permanece como una de las tareas pendientes, no solo en materia de responsabilidad fiscal sino, en particular, en la agenda de desarrollo sostenible y de lucha contra el cambio climático.

Pero a pesar de la gran sensibilidad social que despierta el tema, es una verdad del tamaño del sol, que el país requiere mutar a un sistema focalizado que solo beneficie a quienes realmente lo necesitan y deje de financiar el consumo de combustibles fósiles a quienes pueden pagar su costo real en el mercado, logrando así mayor coherencia respecto de las políticas climáticas. Políticas que tan cuidadosamente han sido labradas en varios instrumentos y que se encuentran vigentes en el país, partiendo por la propia Constitución del 2008 y el Acuerdo de París. Estas políticas que hacen parte de una visión de una economía descarbonizada conforman, conjuntamente con la protección de la biodiversidad y ecosistemas, el gran desafío ambiental de nuestros tiempos.

Así, una agenda política innovadora de cualquier candidato que se precie de incorporar en su propuesta al tema ambiental y al desarrollo sostenible, no puede dejar pasar esta corrección al sistema. Por esto, no deja de sorprender que Yaku Pérez, actual candidato presidencial que se alinea con la agenda ambientalista, haya defendido la permanencia de dichos subsidios.

El primer paso para descarbonizar cualquier economía, se basa en la transformación de su matriz energética. Ésta en Ecuador ha sido, durante décadas, fuertemente alimentada por el fácil acceso y el bajo costo de combustibles como gasolina, diésel y gas licuado de petróleo. El combustible, usado además del transporte, en varias actividades industriales, deberá en poco tiempo reflejar su costo real, lo cual resulta fundamental para generar los incentivos que requieren otro tipo de energías para que puedan ser aprovechadas comercialmente. Es preciso hacerlo ahora que los precios internacionales lo permiten, ya que el sistema actual de bandas luce como una medida temporal e incompleto.

Sin embargo, nuestro país no es el único con tarea pendiente. Cada año los gobiernos del mundo gastan entre 160 y 400 mil millones de dólares en subsidios a la producción de carbón mineral, petróleo y gas.  Con trasferencias directas a los consumidores, exenciones tributarias y otros incentivos fiscales perversos para el ambiente. Entender la dimensión correcta de la distorsión que esto provoca en cualquier economía y, especialmente en economías precarias como la nuestra, es el primer paso. Para hacerlo es preciso alejarse del populismo y del discurso fácil atrapa masas que promete solucionar todos los problemas del presente y del futuro sin costo alguno.

Por el contrario, las propuestas que se requieren ahora que la campaña electoral inicie, deberán mantener un alto compromiso con la responsabilidad fiscal, una clara y manifiesta responsabilidad ambiental, social y climática, y, deberán generar los incentivos y condiciones suficientes para la creación de empleo productivo digno.

Sin estos ingredientes no existirán las condiciones para una reactivación económica sostenible. Está claro que el camino no es fácil y la respuesta es compleja. Implica reconocer el rezago conceptual e institucional que permanece luego de décadas donde el Estado ha facilitado a todos en la sociedad consumir energía sin preguntarnos sobre su origen, su impacto ni su verdadero costo. Siendo este último, uno de los incentivos perversos que nos ha significado carecer de una transportación pública de calidad. En un país donde el combustible es barato, todos queremos auto.

Subsidiar el combustible y ser ambientalistas no vuela. Simplemente no es viable. Nadie duda que la tarea será difícil y luce más como una pila de cuadernos. Pero de seguir postergándola, pagaremos altos costos, no solo en el campo fiscal y de impactos inmediatos, sino que nos costará la entrada a la nueva era de la economía climática en la cual existen recursos importantes esperando por países que quieran comprometerse a descarbonizar sus economías, desmontando sus sistemas de subsidios a los combustibles fósiles, para comenzar.

NDLR: Es un gusto informarles que, a partir de hoy, se une a la plantilla de columnistas de 4P María Amparo Albán, abogada y catedrática universitaria. Su columna será publicada los martes. ¡Bienvenida María Amparo!

7 Comments

  1. ¿Las franjas no son, si entiendo bien, la eliminación gradual del subsidio? Es como debía habérselo hecho hace 10 años, y también en octubre, y no incendiar el país. A pesar de todo el desastre del gobierno de Moreno, habrá que agradecerle haber sido el que eliminó la más nociva política que tenía el país (y lo fiscal era lo de menos). Si entendí bien, claro.

  2. «Por el contrario, las propuestas que se requieren ahora que la campaña electoral inicie, deberán mantener un alto compromiso con la responsabilidad fiscal, una clara y manifiesta responsabilidad ambiental, social y climática, y, deberán generar los incentivos y condiciones suficientes para la creación de empleo productivo digno».

    Este párrafo, parece salido de una novela de ciencia ficción, porque todo lo que se manifiesta en el mismo, los políticos nos vienen diciendo desde hace rato. Es decir estamos machacando y machacando y no encontramos el rumbo.
    Los asesores de estos vivarachos, conocen a ciencia cierta, que estas propuestas deben ser aplicadas sí ó sí. Pero ahí esta el detalle, estas sugerencias las utilizan para ganar adeptos, pero, que las mismas sean aplicadas cuando son gobierno, somos ilusos si creemos que lo van a implementar.

    • En realidad eso no pasa.. no he conocido ningún político que se centre en políticas ambientales durante un discurso.. la responsabilidad ambiental no compra votos.. el problema es q contrario a lo q la gente se imagina.. lo ambiental es un tema técnico y muy pocas personas pueden enfocarlo en un discurso y mantener a la gente cautiva…

  3. El tema de las “energías alternativas” se estrella con las evidencias. Un panel solar o una turbina eólica, no generan suficiente energía para fundir vidrio y/o metales para fabricar otra replica similar. La industria que ya esta pagando el costo real del diessel, no va a apostar por un energía de rendimiento tan pobre que anhelan los ecológicas. En el transporte, un auto eléctrico no es tan «ecológico», sus baterías que generan 20 toneladas de carbono al se fabricadas, y que al ser desechadas son capaces de contaminar un rio entero, causando una contaminación similar a una hidroeléctrica.
    Prefiero que el subsidio se quede entre los ecuatorianos, porque fomenta el intercambio de mercancías que generan más impuestos al país. A que ese dinero se vaya al gasto corriente de un estado conocido por fagocitase todo, y del cual estamos padeciendo las consecuencias.

    ¡Saludos!

  4. Lo lamento. Esa propuesta es inviable en el Ecuador de hoy. Y lo seguirá siendo durante toda la década. No tiene nada que ver con los indígenas.

    Es simplemente que la economía del Ecuador está hecha para funcionar con combustibles fósiles. A lo largo de muchos años, los ecuatorianos hemos comprado carros particulares, camiones, buses, busetas, taxis, motos, cocinas industriales y domésticas, calefones… que no pueden ser descartados. Están aquí, funcionando. En otras palabras, nuestro capital está invertido en esas cosas. Hay todo un sistema de crédito; miles de millones de dólares por pagar y cobrar.

    Han habido algunos intentos por cambiar el rumbo. En el gobierno de Correa se eliminaron los aranceles a los carros híbridos: el resultado fue el aparecimiento de Priuses y Highlanders, es decir un beneficio directo para las clases más adineradas. Las cocinas de inducción no han reemplazado a las cocinas de gas. La proliferación de motos eléctricas está más relacionada con su status legal (no requieren matrícula ni licencia) que con el combustible.

    En resumen, aunque fuera políticamente factible quitar los subsidios a los combustibles fósiles, eso no va a cambiar la huella ambiental del Ecuador. En las actuales circunstancias, obligar al propietario de una moto, de un carro, de un bus o camión, o de un comedor en la esquina… que deje botando su único capital de trabajo (por usar diesel, gasolina, o gas) no solamente es una utopía. Es una locura.

  5. Las medidas de octubre eran correctas. Lo que no estuvo bien fue la manera de presentarlas a la población por parte del gobierno y, en particular, de Roldán y de Romo, ya que Moreno no pinta nada hace mucho tiempo ya. Primero debieron desactivar las obvias reacciones primitivas de quienes no se toman el trabajo de evaluar lo que hace un gobierno, pues da más votos tomar una posición ciega y repetir consignas banales. De allí que Yaku prefiera mantenerse firme en su posición absolutamente errónea. Eso es más fácil que tratar de explicar los beneficios de un cambio de posición, sin perder la confianza de quienes le siguen.

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