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Liquidar el populismo, reto en las próximas elecciones

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Pierre Rosanvallon, al explorar un siglo del populismo acuña el término francés democrature, forjado hace poco tiempo en Francia al fusionar las palabras démocratie y dictature, para calificar a los regímenes populistas autoritarios que conservan en lo formal los ropajes y apariencias democráticas con el ejercicio autoritario del poder.

Los populismo persiguen que sus filosofías sean irreversibles, eternas. Predican las eras de los pueblos, la refundación de los países, las rupturas para instaurar un nuevo orden. Las victorias electorales se asocian a reivindicaciones revolucionarias, al triunfo del pueblo sobre los enemigos, a la prevalencia de la virtud sobre las fuerzas inmorales.

El populismo es intrínseco al surgimiento de sociedades donde las divisiones políticas se han radicalizado, su carácter de irreversible se cimenta en Asambleas Constituyentes, en la perpetua reelección de sus dirigentes, en los cambios de condiciones para reelegir a los jefes de Estado, en las Cortes Constitucionales sometidas al poder presidencial. La democracia polarizada aniquila el papel de las autoridades independientes. Se conculcan las libertades individuales y económicas. Son negadas las nociones de tolerancia y civilidad democrática.

La polarización y politización de las instituciones es otra de las características de los populismos. Se brutaliza las instituciones y domestican las Cortes Constitucionales. Los contrapesos democráticos se suprimen. El Estado es vaciado de su sustancia degradada en su noción de servicio público. Se desarrollan múltiples formas de clientelismo. El acoso a los medios de información se traduce en la reducción de los ingresos publicitarios de los medios opositores mediante prohibiciones de anuncios y publicidad. Se conculca la libertad de información.

Los populistas se suponen celosos servidores de su verdad siempre asediada por las supuestas mentiras de sus oponentes. Conforman universos dominados por disimuladas manipulaciones de las opinión pública, signada por una línea divisoria entre la verdad y la mentira. No obstante que la corrupción es signo distintivo de los populismos, radicalizan la percepción de los opositores políticos como inmorales y corruptos.

Para Sebastián Edwards y Rudi Dornbusch el populismo es definido como un conjunto de políticas económicas dirigidas a redistribuir el ingreso, sobre las base de déficits fiscales altos e insostenibles, políticas monetarias expansivas y aumentos excesivos de los salarios de los empleados públicos. Los episodios populistas comienzan con gran euforia y terminan con alta inflación o hiperinflación, mayor desempleo y aniquilación de los salarios. Políticas que fracasan una y otra vez y vuelven más pobres a los pobres que pretenden favorecer.

Las masas son cultivadas con una encendida retórica centrada en la desigualdad. Su discurso antepone los intereses de la gente o del pueblo en contra de los de la oligarquía, las corporaciones, el capital financiero, el sector empresarial y las compañías extranjeras. Las políticas populistas se fundamentan en la retórica redistributiva y políticas fiscales y económicas insostenibles, en donde el sector privado y la oligarquía tienen la culpa del sufrimiento de las personas, de la pobreza y la desigualdad.

La dimensión fiscal del populismo se retrata en la siguiente cita de una carta enviada por el argentino Juan Domingo Perón en 1952 al retirado general chileno Carlos Ibáñez del Campo, quien hace poco tiempo había sido elegido presidente: “Mi querido amigo: dele al pueblo, especialmente a los trabajadores, todo lo que pueda. Cuando les parezca que ya les está dando demasiado, déles más. Verá los resultados. Todos tratarán de asustarlo con el espectro de un colapso económico. Pero todo es una mentira. No hay nada más elástico que la economía, a la que todos temen tanto porque nadie la entiende”.

En los once años de rampante populismo en el Ecuador se gastaron en el presupuesto $220.000 millones. No obstante que las exportaciones de petróleo en este período fueron de $110.000 millones, los déficit fiscales acumulados del presupuesto fueron de $35.000 millones. A pesar de la abundancia, la deuda pública aumentó en $33.000 millones. Los subsidios a los combustibles superaron los $40.000 millones. Se utilizaron las reservas del Banco Central. A diciembre de 2017 existían 4.6 millones de personas en el desempleo, subempleo y otras categorías de trabajo precario. Los informales fueron 3.4 millones y en la pobreza estaban 3.6 millones de habitantes. Las pérdidas por corrupción y el populismo económico y fiscal son inconmensurables. Se liquidó el futuro bienestar de la nación. Se socavaron los cimientos de la moral pública y deformaron las concepciones sociales y económicas sobre el bienestar colectivo.

El país ha tenido importantes avances para desarticular el populismo. La Corte Constitucional es independiente. La justicia ha sembrado un histórico precedente al condenar a prisión y al ostracismo perpetuo al liderazgo populista. Los medios de información gozan de libertades para su noble función. Los individuos respiramos aires de libertades civiles. Sin embargo, resta mucho por hacer.

El próximo gobierno está obligado a vacunar e inmunizar al país contra la pandemia populista. Se deberán consolidar las instituciones democráticas y las libertades económicas y civiles. El superávit de las cuentas públicas, la estabilidad de la economía, el sano ambiente para invertir y exportar, el impulso a la inversión privada para crear empleos y reducir la pobreza, el oprobio al endeudamiento irresponsable, la absoluta transparencia de las cuentas públicas y de la gestión del Estado para luchar contra la corrupción, entre otros anhelos, deberán constituirse en el ADN nacional para progresar. Construir un país de oportunidades y prosperidad está en nuestras manos y en la responsable y patriótica decisión de elegir en 2021 a un gobernante no populista.

Jaime Carrera es economista.

7 Comments

  1. Correa está pagando su error político más grave: en ves de convertir su capital populista en la oportunidad histórica de facilitar la construcción de un partido de masas, estructurado sobre las bases de su liderazgo mesiánico, decidió convertir a sus activistas y simpatizantes en deslumbrados y hechizados odiadores, dispuestos y destinados a adorarlo por siempre, lección que hasta Hitler y Mussolini aprendieron a evitarlo, mediante sus organizados escuadrones de asalto y camisas pardas. Por eso, cuando convoco a sus «bases» a las calles para ejecutar su fallido golpe de octubre, nadie respondió de manera organizada, exepto su ejército bien remunerado de trolls, y enfurecidos «militantes» cómodamente parapetados en las redes sociales. Ante la evidencia de su fallido llamado a la insurrección, recurrió desesperado al vandalismo, el saqueo y a la violencia promovida por sus latín Kong, los agentes infiltrados de Maduro y la inteligencia cubana, secundados por las bases engañadas de indígenas lideradas por los etno-comunistas de Vargas – Iza, abundantemente financiados por el dinero saqueado a la Patria

  2. No creo que logremos quitarnos de encima al populismo al menos en nuestra geografía, pues todos nuestros partidos y movimientos políticos son verdaderas mafias donde el dueño, fundador o capitoste se coloca en la punta del organigrama y todo se hace como él decide y san se acabó.

    Estos individuos seguirán echando mano del populismo porque saben muy bien que es una colección de cuentos y posturas que emboban a las masas desde hace milenios ¿Por qué habrían de cambiar de estrategia?

    Desgraciadamente, la historia prueba que la casi total clase política a nivel planetario son amoldados a las tesis de Maquiavelo en mayor o menor medida.

  3. La masa es presa fácil, por que?. Porque el hambre no espera, es cruel. Y sí, a mí, simple transeunte me ofrecen un puesto público, si les doy mi voto.
    Bueno la ecuación esta definida, vasta un slogan publicitario y la banda presidencial ya esta en mi pecho.
    Porque yo no les defraudare, yo me sacrificare, yo soy el único que les vá a sacar de la pobreza, yo, yo, yo, ………

  4. El siglo XXI en Ecuador y el correismo no fue ideología sino una banda criminal organizada. Fabricio ayudó mucho en la campaña y especialmente recibió el dinero mal habido de las FARC y el terrorista Patiño ex Alfaro y Correa comenzaron el gobierno negociando la deuda externa con los venezolanos… después narcotrafico en la cancillería y muerte a los denunciantes y opositores y mil tropelías más incluida la muerte planificada del general Gavela. Y al final se dedicaron a dar sanduches,transporte y puestos públicos y miles de prebendas a los que ahora son “ correistas a muerte” que sin ninguna ideología sólo esperan que rateros manisuelta con plata ajena retomen el poder.

  5. Excelente análisis de los defectos del populismo cuyas consecuencias, y a nivel de catástrofe, las estamos sufriendo; por lo mismo, no es teórico; desgraciadamente, digamos, la desinformación de las mayorías nos condena «a repetirnos» la tortura, en «ciclo vicioso». Para consolarnos, no es sólo problema de nuestro país ( «mal de muchos…»), ver lo que sucede ahora mismo en Argentina. Ojalá próximamente rompamos el ciclo, que ya es hora y no hay pueblo que lo aguante tanto.

  6. En todos los países, donde se instala el populismo no queda ni pan,ni techo,ni empleo,todo queda destruido.En los países,dirigidos por supuestos enviados de Dios (populistas) el principal objetivo es atacar la desigualdad entre ricos y pobres, entre perversos y víctimas.
    Según estos charlatanes inducen a creer que el pueblo no se equivoca y que siempre buscan lo mejor para su país y los demás son el antipueblo,enemigo de la clase trabajadora. Generalmente estos embusteros aumentan la nómina estatal y los servicios aparentemente son gratis. A medida que aumenta el gasto público,aumentan los impuestos.Los populistas siempre buscan mantener el control de todas las instituciones del estado para poder reprimir a los opositores que se opongan a sus siniestros fines.

  7. El populismo no es invento de la izquierda del siglo 20. Sócrates murió por un exceso de democracia en la antigua Grecia. Los cónsules y emperadores romanos eran expertos en «pan y circo». Y cualquier gobernante que no viva en la luna sabe la importancia de tener relativamente contento al pueblo. La cabeza de Luis XVI lo comprueba.

    Ahora nos asombramos de que los políticos sean personas ambiciosas y manipuladoras, cuando «la unión hace la fuerza», «divide y vencerás» y «el fin justifica los medios» han sido asignaturas básicas de cualquier aprendiz de político durante miles de años.

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