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La desinformación crece ante nuestros ojos

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Convivimos con ellas a diario. Están circulando de forma omnipresente en la nueva plaza pública que son las redes sociales. Plaza contaminada y llena de peligros. Aunque podría ser que la misma plaza es el peligro, si atendemos a los inquietantes planteamientos del documental de Netflix, “El dilema de las redes sociales”.

Pero, aún con la fractura social y la imposibilidad de consensuar una base de realidad asechando, las redes sociales reinan. Revisemos algunas cifras de las distintas plataformas. En Ecuador, al 2019 Facebook contabilizaba 12 millones de cuentas, Twitter 4 millones, Instagram 3.9 millones, Spotify 4.3 millones… El 92% de los usuarios se conectan por dispositivos móviles. Esas cifras, son un atractivo muy difícil de obviar en toda estrategia política de cara a una elecciones coronavíricas.

Frente a ello no existe ninguna regla para este nuevo juego electoral, mas allá de las que se auto impongan las propias plataformas. A estas alturas, deberíamos estar discutiendo esas reglas que deberían reflejarse en un reglamento de campañas electorales por medios digitales que, en cualquier caso, debería partir de un respeto irrestricto a la libertad de expresión especialmente protegida en periodos electorales como lo recordó la sentencia histórica de la Corte Constitucional en el caso de la sanción que se impuso a Revista Vistazo por un editorial de 2011 donde tomaba posición ante el referéndum de la metida de mano de Correa en la justicia.

Uno de los retos principales frente a las elecciones es el combate a la desinformación o mal llamadas “noticias falsas” o “fake news”. ¿Por qué mal llamadas? Pues porque se supone que una noticia con su proceso de verificación y contratación es todo lo contrario de los falso. Además, porque recordemos que líderes autoritarios en diversas partes del mundo utilizan el término “fake news” para descalificar el trabajo de los medios y periodistas críticos e independientes.

Es por ello que Naciones Unidas ha declarado: “la desinformación es un problema real y debemos considerar dos aristas importantes en torno a la información engañosa que circula en Internet. 1. Las llamadas fake news han ayudado a socavar la confianza en el periodismo convencional, y también se han convertido en un arma usada por políticos y demagogos para evitar las críticas. 2. Las redes sociales son un espacio vulnerable, susceptible a la manipulación, donde la información engañosa encontró un espacio de creación y difusión.

El asunto es que la desinformación es un fenómeno complejo que incluso su definición causa polémica. En inglés se hace una diferenciación importante y se habla por un lado de “desinformation” y por el otro de “misinformation”. Con esta diferenciación, debemos hablar de desinformación cuando se genera y desinformación con objetivos claros de generar caos, polarización, desestabilización o influir negativamente en el electorado todo esto generado por los llamados “bad actors”, es decir grupos organizados que actúan de forma maliciosa.

La “Misinformation” es información errónea, muchas veces generada y distribuida de forma no intencional, aunque sus efectos pueden ser igual de perniciosos, pues en el llamado “Ciclo de Vida de la Desinformación” los estudios nos dicen que tanto la Misinformation como la Desinformación maliciosa corren 6 veces más rápido que la información verdadera, básicamente porque son contenidos con altas cargas de emotividad que mueve los impulsos de compartirlos en las comunidades de los usuarios.

Ya lo estamos viendo, ahora mismo. Lo vimos en la campaña electoral de 2016-2017, caracterizada por la suciedad extrema. En este 2020, las formas de desinformación maliciosa son más sofisticadas, pero el elector común y corriente es igual de vulnerable. Por eso, siempre hay una serie de preguntas pertinentes que todos debemos hacernos frente a lo que se publica en redes: ¿Quiénes son los productores de esa información? ¿Qué tipo de información están produciendo?

Recordemos que en la reciente acción de Facebook al poner fuera de circulación a decenas de cuentas, muchas de ellas, vinculadas al operador y troll mayor del correismo @mashiroberto, se descubrió que existe un modus operandi de generar cuentas de medios de comunicación supuestamente serios, que incluso publican noticias reales para camuflar la desinformación. Ese modus operandi se vio en octubre cuando de la noche a la mañana apareció un enjambre de “nuevos medios”; lo estamos viendo en este momento.

César Ricaurte es periodista y director de Fundamedios.

1 Comment

  1. Hay que agregar que muchas de estas noticias son realmente descaradas en ocultar información sobre todo de índole económica y legal para potenciar el efecto de diversas políticas efectuadas por líderes autoritarios e intentos mediocres de dictadores. Recientemente me topé con un documento donde abiertamente y de forma literaria describía la figura heroica de Correa con cero datos de la vida real, casi como una dedicatoria de un amante pasional a su más grande razón de vida. Lo peor es que esta «prensa» primero no es ecuatoriana y al no serlo hace creer al lector que dicho personaje tiene alguna importancia más que ser una ficha en el tablero geopolítico de China o Rusia, que tiene más reconocimiento que el que merece y tiene. Bueno, en parte esto último es característico de la pobre mentalidad ecuatoriana que cree sin dudarlo que si alguien llamado «Franz Waterloo» lo escribe es que tiene más relevancia.

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