Mujer, jueza e ícono millennial

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El 18 de septiembre conocimos la noticia del fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg, destacada jueza del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América. Ginsburg era una mujer profundamente admirada por una buena parte de la sociedad americana, particularmente por su incansable trabajo a favor de la igualdad de derechos y la no discriminación.

Desde muy joven Ginsburg encarnó su propia lucha para no ser discriminada. En los años 50, época en la que Ginsburg asistió a Harvard, prácticamente la totalidad de sus compañeros eran hombres y tuvo que explicar al Decano –a requerimiento de éste– por qué tenía derecho a ocupar un puesto que podía ocupar un hombre. Se lo demostró estando entre las mejores estudiantes de la carrera. Posteriormente, se casó, se mudó a Nueva York y se graduó en la Universidad de Columbia. Ningún despacho de abogados le ofreció trabajo pese a contar con uno de los mejores expedientes de la Universidad, presumiblemente por el simple hecho de ser mujer.

Su destacada trayectoria en la lucha por la igualdad de derechos empezó en la década de los 70 cuando la American Civil Liberties Union (ACLU) la contrató como asesora legal. Su anhelo de igualdad nunca implicó un ataque a los hombres o a las mayorías, sino que se transformó en una genuina búsqueda de igualdad ante la ley, lo que quedó evidenciado cuando en 1975 consiguió que el Tribunal Supremo dispusiera que la Seguridad Social proveyera de ayudas al viudo Stephen Wiesenfeld para poder criar a su bebé, lo que en un principio le había sido negado porque esas ayudas sólo correspondían a las mujeres viudas.

Ginsburg entró a la carrera judicial y se convirtió en Jueza de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia en donde sirvió desde 1980 hasta 1993. En ese año, el presidente Clinton la nominó como jueza del Tribunal Supremo y fue ratificada por el Senado por una abrumadora mayoría. Ginsburg se convirtió, entonces, en la segunda mujer en ocupar un puesto en el Tribunal Supremo.

En un sistema legal como el americano –en el que la jurisprudencia es la piedra angular de la legislación– los fallos del Tribunal Supremo sientan las bases de cómo se deben interpretar las normas constitucionales y son fundamentales para el reconocimiento de derechos y el avance de las libertades. El primer gran caso por discriminación en el que Ginsburg participó fue aquel en el que una mujer demandó la posibilidad de entrar en la escuela militar de Virginia a la que únicamente podían asistir hombres. Ginsburg argumentó –en el fallo de mayoría– que la política de admisiones de la mencionada escuela militar violaba la Décimo Cuarta Enmienda y sancionó como nula “cualquier ley o política oficial que niegue a las mujeres, por el simple hecho de serlo, igualdad de oportunidades para aspirar, conseguir, participar y contribuir a la sociedad con base en lo que ellas pueden hacer”.

Con la administración de George W. Bush el Tribunal Supremo dio un giro conservador y Ginsburg emitió varios votos disidentes en los que ratificaba su posición, construida a lo largo de los años, como una persona defensora de la igualdad ante la ley y la no discriminación. En 2007 emitió un voto disidente cuando el Tribunal Supremo negó a una mujer el derecho de demandar a su empleador por recibir un sueldo inferior a los hombres de la empresa, aun cuando realizaba el mismo trabajo. En su voto Ginsburg razonó que el Tribunal estaba creando un precedente sobre una práctica injusta en la que el pago de salarios estaba “infectado” por una discriminación basada en el sexo o la raza y que se reflejaba en el hecho de que se le pagara a una mujer menos que a un hombre por el mismo trabajo.

En su constante defensa por garantizar los derechos de las minorías votó a favor de la sentencia que legalizó el matrimonio homosexual. Asimismo, el último caso emblemático que le tocó resolver fue la demanda que planteó Amiee Stephens contra el director de una funeraria debido a que fue despedida cuando le informó que era una mujer transgénero. El Tribunal Supremo, con el voto favorable de Ginsburg determinó que es ilegal despedir a una persona por ser parte de la comunidad LGBTI y que el concepto de “discriminación por razón de sexo” que consta en la Ley de Derechos Civiles americana de 1964 engloba también a los miembros de la comunidad LGBTI.

Tal ha sido el impacto de Ginsburg en la sociedad americana que, pese a haber sido una octogenaria abogada y jueza del Tribunal Supremo, se convirtió en una especie de ícono pop para los “millennials”. Existen gifs, camisetas, tatuajes, e incluso fue apodada como “Notoriuos RBG” en referencia a un conocido rapero neoyorquino al que llaman “Notorious BIG”.

Ricardo Flores es abogado.

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