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Con mi fútbol no te metas

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El pasado 17 de septiembre el Independiente del Valle disputó en Quito un partido por la Copa Libertadores de América frente al club brasileño Flamengo en el que la única noticia destacable, hasta ese momento, fue el contundente triunfo del club ecuatoriano por cinco goles a cero. En los días posteriores al partido se detectó que, al menos, cinco jugadores del Flamengo eran positivos para Covid-19, lo que activó todas las alarmas, puesto que al día siguiente se debía disputar en Guayaquil el partido entre el Barcelona Sporting Club y el equipo brasileño por el mencionado torneo.

A partir de ahí lo que sucedió fue un despropósito en el cual se pusieron los intereses económicos y deportivos por encima de la salud de los deportistas, cuerpo técnico y sus familias. En la mañana del partido se había confirmado que, hasta ese momento, siete jugadores del Flamengo eran positivos para Covid-19, siendo evidente que, debido al estrecho contacto que mantienen los futbolistas previo a los partidos, la cifra iba a aumentar con el transcurso de los días.

Nada de eso importó. Nuestras autoridades nacionales y municipales acudieron al hotel donde se encontraban hospedados los jugadores del Flamengo para, supuestamente, hacer seguimiento de la situación y preservar la salud pública. La Conmebol, por su parte, en una actitud incomprensible, decidió que el partido debía jugarse y que, en caso de que no se jugara por inhabilitación del estadio, se corría el riesgo de que Barcelona perdiera los puntos y se le adjudicaran al Flamengo.

Era el turno, entonces, de nuestras autoridades municipales y nacionales. El COE cantonal de Guayaquil emitió dos resoluciones con apenas pocas horas de diferencia, la primera de ellas dejaba en suspenso el partido y la segunda habilitaba el estadio, lo que abría la posibilidad de que se celebrara el partido. Posteriormente, el ministro de Salud Pública, Doctor Juan Carlos Zevallos, publicó un mensaje en la red social Twitter en el que manifestaba que “se habían seguido todos los protocolos y, por lo tanto, el partido se podía celebrar”. Al mensaje acompañó una lamentable foto en la que aparecía con la camiseta del equipo amarillo, pulgar en alto, como intentando transmitir una sensación de seguridad que, evidentemente, no era real.

La decisión de Conmebol de que el partido se celebre a pesar de la situación que atravesaba el club brasileño no debe sorprendernos, puesto que para dicha institución seguramente las cuestiones deportivas y económicas son más importantes que la salud pública de los ecuatorianos. En cambio, resulta bastante sorpresivo que nuestras autoridades nacionales y municipales hayan permitido que se celebrara el partido sin poner cuestionamiento alguno a pesar de lo que se conocía hasta ese momento. La alcaldesa de Guayaquil que, en otras ocasiones, ha mostrado una actitud maternal enérgica para hacer cumplir las restricciones vigentes, incluso excediéndose en el ámbito de sus competencias, en este caso decidió lavarse las manos. Parece ser que para la alcaldesa de Guayaquil se pueden imponer medidas restrictivas de todo tipo, so pretexto de cuidar nuestra salud, pero no se puede prohibir que se dispute un partido de fútbol, o que el equipo más popular del país pierda puntos en un torneo.

Como era previsible, en los días siguientes, Flamengo fue notificando nuevos contagios y actualmente cuenta con 27 contagiados entre jugadores, dirigentes y cuerpo técnico. A pesar de eso, las autoridades de salud pública y la Liga Pro, contra el criterio médico y del propio Presidente de Liga Pro, decidieron que el sábado pasado se jugara en Quito el partido entre el Independiente del Valle y Barcelona. Esta semana, Independiente del Valle ya reporta 6 jugadores contagiados de Covid-19 y dos aislados por sintomatología relacionada con dicha enfermedad, cifra que seguramente aumentará. Lo más probable es que Barcelona en los próximos días también reporte contagios, con los riesgos que esto supone para la salud pública.

Lo más grave de esta situación es que se ha creado un precedente nefasto para futuros encuentros deportivos en el ámbito regional. Si no se suspendió el partido entre Barcelona y Flamengo con el número de contagios que se reportaron por parte del equipo brasileño previo al partido, la pregunta que surge es ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para que el show pueda continuar?

Nos queda la sensación de que para nuestras autoridades públicas se pueden invadir aeropuertos con camionetas municipales, clausurar colegios, pedirnos por megafonía que usemos mascarilla en lugares públicos, restringir la libre circulación, pero cuando se trata de cuestiones futbolísticas, parafrasean el eslogan de los colectivos pro-vida y nos dicen “con mi fútbol no te metas”.

Ricardo Flores es abogado.

6 Comments

  1. La gestion de la alcadesa de Guayaquil es un verdadero desproposito…. fue capaz de evitar que aterrice un avion humanitario….se enfrento con uñas y dientes para evitar un plan piloto en los colegios de Guayaquil…..pero ceon l futbol no pasa nada….. fiel.reflejo de la inutilidad y los intereses a los que responden los social cristianos….. lamentable

  2. Si se prohibe un partido de fútbol , con todo lo que le han exigido al fútbol, entonces, los cines, bares, discotecas, etc… no deberían abrir hasta que hayan sido inmunizados vía vacunación al menos el 20% de la población. Respeto el criterio de todos, pero están exagerando con lo del fútbol, si se contagian los futbolistas, no se genera un problema de salud pública, es muy sencillo aislarlos, ellos se realizan pruebas 2 veces por semana; pero si va un infectado al cine o a un bar ahí sí se genera un problema serio.

  3. Estimado Ricardo, sugiere usted que la alcaldesa debía ordenar la cancelación del partido?

    Por dios, entonces, usted no sabe quien es el jefe de la rubia frondosa.
    EL PRESIDENTE VITACIO DEL BARCELONA SPORTING CLUB, JAIME NEBOT.

  4. La Banana Republic, el paraíso en donde se interpretan las leyes a conveniencia, en donde un ministro de salud avala y promueve un encuentro futbolístico a sabiendas que los jugadores de un equipo extranjero están infectados, en donde una alcaldesa fue capaz de cerrar un aeropuerto porque supuestamente ingresaban extranjeros con Covid y luego permite que se juegue dicho encuentro, en donde el alcalde de la capital ya está promoviendo otro partido de futbol, en este caso de la selección nacional; por supuesto, con público. El país en donde la «droga» de las multitudes es el futbol, en fin ya no nos debería sorprender absolutamente nada.

  5. La salud pública para muchos «politicos», con pandemia o sin, vale un atado! Hablan con fervor cívico cuando hay cámaras y micrófonos a sabiendas que money talks! Farsantes todos…

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