La sociedad del Home Schooling

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Uno de los legados de la pandemia del COVID 19 será, sin duda, una masiva reestructuración del mercado de servicios en general. Y dentro de los servicios, la educación escolar en particular será uno de los sectores que sufrirá más transformaciones.

Hasta ahora en el país hemos visto adaptaciones urgentes realizadas en escuelas y colegios para la enseñanza en casa. Pero luego de que esta emergencia pase y se normalicen las actividades, surgirán algunas preguntas y con seguridad algunos mercados. De hecho algunos ya nos preguntamos acerca la eficacia de los sistemas presenciales en la educación en relación al sistema virtual. Y también surgen preocupaciones sobre la brecha tecnológica entre lo privado y lo público, entre el campo y la ciudad. ¿Podremos usar en un futuro no muy lejano este escenario de aprendizaje para mejorar la calidad de la educación rural y ampliar la cobertura de la educación pública?

De acuerdo a datos de la OCDE, hasta antes que la pandemia cerrara escuelas y colegios en los Estados Unidos, solo un 3% usaba la enseñanza en el hogar o “home schooling”. Muchas plataformas de “home schooling” eran ya usadas por padres cuyas obligaciones les forzaba a viajar mucho o no encontraban un colegio que estuviera más acorde con su filosofía de vida. Por la razón que fuera, muchos padres comenzaron a escoger este sistema. Y el sistema arrojó ya generaciones que ingresaron a las universidades. Inclusive hay estadística que afirma que el 74% de estudiantes que se graduaron en sistemas de “home schooling” entre edades entre 18 a 24 años entraron a la universidad.

En esta pandemia hemos visto que la tecnología digital está siendo más usada para dar lecciones a los chicos de la manera más interactiva posible. Plataformas de diagramas y dibujos que emulan un gran pizarrón virtual y que mantienen a los chicos conectados y participando atentamente.

Hoy se usa, de forma cotidiana en las escuelas y colegios, plataformas de Microsoft o Google y sistemas de conferencias para crear salones escolares virtuales en Zoom y otros. Pero ahí no para: estas mismas plataformas se están usando para dar lecciones de matemáticas como clases de gimnasia; algo que en países como Francia e Inglaterra se ha vuelto muy popular. Sin ignorar las dificultades existentes en nuestra sociedad, esta capacidad de reemplazar los entornos educativos podría resultar mejor de lo que se pensaba. La OCDE realiza un seguimiento de cómo la tecnología está reemplazando la enseñanza cara a cara, mientras descubre con satisfacción que están emergiendo nuevas formas de aprendizaje que no es solo reemplazar la enseñanza física por la digital. Y es probable que nuevas capacidades de aprendizaje y pedagogías se estén gestando para un futuro cercano.

Sin embargo la educación en casa no es nada nuevo. En distintos países, en las épocas coloniales, muchas familias, incluyendo las más pudientes, combinaban los esfuerzos de los tutores con las de los padres para educarlos en casa. Ese era el estándar de la época. Pero en la sociedad moderna este entorno de adaptabilidad podría sufrir desajustes de la mano de otras variables de la ecuación, como la necesidad del “home office”; es decir, el trabajo en casa. De quedarse instalado en algún grado el sistema virtual de escolaridad, se va a necesitar de una flexibilización mayor en el sistema de trabajo. Y algo que se viene discutiendo es que, si bien el trabajo en casa no va a desaparecer de repente en el mundo de la post pandemia, tampoco lo hará el trabajo de oficina. Un investigación del Instituto Gensler da cuenta de que 44% prefiere trabajar desde la oficina, en cambio un 26% elige uno o dos días en casa y un 18% de tres a cuatro días.

Estas preferencias denotan la necesidad de mayores niveles de flexibilidad laboral, lo que sería inclusive más saludable para balancear la vida laboral con la del hogar. Un entorno que prepara la sociedad para discutir y revisar los paradigmas del trabajo fijo como lo hemos conocido en el mundo pre pandemia.

Así, la sociedad del futuro y sus planificadores debaten ya diseños combinados de hogar-oficina-escuela con equipamiento y espacios interiores más flexibles, más de la mano de la productividad y la eficiencia que de lo puramente estético. Es apenas lógico que comencemos a discutir si nuestro país se encuentra preparado y si estamos construyendo las herramientas tecnológicas, educativas, laborales y legales para enfrentar este reto.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.

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