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Octubre sigue vivo en la Contraloría

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El edificio de la Contraloría sigue a la espera. A un año desde que fue incendiado durante la insurrección, permanece erguido frente al Parque del Arbolito a pesar de los daños a las oxidadas y retorcidas estructuras de metal, los vidrios rotos y las paredes manchadas por el humo. Desde afuera el ángulo más icónico es el de la calle Tarqui, un mamotreto rectangular cuya fachada está dividida en tres partes: las oficinas en la parte superior, con ventanas polarizadas que en el día reflejan el azul del cielo, los parqueaderos cuyo alzado parece persianas oscurecidas por polvo, y la pared de abajo que está cubierta de grafitis: “Lenin muerto”, “Guerra de clases” y “Policía, únete al golpe de estado”. Aunque por sobre todo se destruyó lo de adentro, en la fachada sucia de la Contraloría está inscrita la historia ardida de octubre.

Todavía quedan pedazos del vidrio que explotó durante el incendio del 12 de octubre de 2019. Ya no está esparcido por la vereda sino que ha sido barrido, hecho líneas y montoncitos junto a la pared; mugre bajo la alfombra. Alguien más la tendrá que sacar. ¿Cuándo? Todavía no se sabe. Las vallas no ocultan nada y no se ven trabajos de restauración. Eso también está en veremos: el reclamo de indemnización entre la Contraloría y Seguros La Unión sigue en disputa, entre informes, peritajes y más investigaciones. Todavía no hay desembolso para cubrir los más de USD 13 millones que se estimaron en daños. Tampoco hay interés en ocultar la zona cero. Es una herida abierta.

Las oxidadas vallas cuadriculares dispuestas en la subida de la Juan Montalvo parecen haberse colocado para evitar que los transeúntes pisen el vidrio. “Peligro” rezan los pedazos de cinta amarilla todavía amarradas como lazos o al apuro, junto a polvorientos carteles del Ministerio del Interior. Ese peligro ya no se siente, al menos no en la tarde. Hay gente que camina, vendedores ambulantes y bastante tráfico. No es el paisaje del día del incendio, cuando la movilización no-violenta había cedido por completo a los frentes más beligerantes que ese día estaban armados con palos y que no permitían grabar o documentar lo que pasaba.

A pesar de lucir abandonada, dos guardias conversan en una caseta con las ventanas tapadas por fundas de basura. De vez en cuando se asoman a ver el tráfico, que transcurre como si nada, o para asegurarse de que nadie entre a las precarias instalaciones.

En la subida de la Juan Montalvo, un oficial de la policía mira su celular. Está parado frente a unas puertas verdes, también con grafitti: “Asesinos cer2”. Encima de la puerta, las ventanas rotas también revelan algunos anaqueles y las blanquecinas luces de neón que singularizan a las oficinas: ¿Qué pruebas se quemaron? ¿Quién se benefició del incendio? Los ataques contra la Contraloría empezaron casi una semana antes, cuando algunos manifestantes entraron a los parqueaderos para robar bienes muebles. El 12 de octubre fueron detenidas 27 personas que habían sido encontradas con piedras, palos, y botellas con combustible. Habían llegado hasta la terraza, en el cuarto piso. En el estacionamiento por el que ingresaron hay tres buses calcinados que tampoco han sido removidos. Están destruidos, pero simétricamente bien parqueados; en formación militar pese a todo.

El oficial de policía no sabe mucho. Dice que está prohibido entrar, pero que ya han pasado por ahí arquitectos. Esa parte de las oficinas, en la subida de la calle Montalvo, es la más agraciada. Un jardín se asoma por sobre otra pared grafiteada. Es frondoso, se le notan los años. En esa cuadra quemaron los cubículos, pero no los árboles, arbustos y enredaderas, que también tapan la parte de atrás del complejo, frente a la Asamblea Nacional. Ahí, en el edificio antiguo de la Contraloría, se ve el interior calcinado por completo, no quedan anaqueles con forma ni restos que delaten lo que allí pasaba. Más montículos de vidrio. También ardieron algunos árboles del jardín y sus ramas se confunden con los metales retorcidos del interior.

No todo se redujo a ruinas: salvo un par de verdosas ventanas rotas, hay dos segmentos en cada lado que parecen casi intactos. El verde piscina del exterior de todas maneras se raspa contra los metales chamuscados y el hollín adyacente. Por ahí pasa menos gente; el abandono es más escandaloso.

Octubre a fuego lento. La Contraloría es la imagen de un evento al que todavía es difícil darle sentido: la torpeza del gobierno al anunciar las medidas, la movilización y la violencia. El incendio prolongaba la destrucción y los ecuatorianos, impotentes, fueron testigos de ella.

No solo quedaron cenizas de la Contraloría. Es lo extraño: ahí sobrevive el armatoste abandonado, sucio y frágil. Queda una estructura con ventanas de verde chillón, un jardín y el letrero chamuscado con parte de su nombre. “Contraloría General…”: la parte que dice “del Estado” parece borrada a propósito. A un año de la insurrección de octubre, este símbolo condensa todas las contradicciones de ese conflicto. No se han determinado responsables, no se sabe qué se quemó ni se solucionan las disputas con el seguro para indemnizar los daños. Esos temas tendrán que esperar hasta después de mayo, con otro gobierno.

Foto: 4P

2 Comments

  1. A pesar que ha transcurrido un año del fatal incendio y destrucción de la Contraloría General del Estado, ni los funcionarios que laboraban en la edificación ni el resto del país parecemos tener esperanza de que pronto se pueda reconstruir el edificio, y no solo este sino todo lo demás que ahi reposaba, los archivos, los muebles y sobre todo las memorias de una organización.
    El paro nacional, las movilizaciones y los protestantes indígenas nos dejaron el mensaje de que los que parecen un sector desfavorecido por sus raices, son mucho más fuertes y contundentes que aquellos que parecen provenir de un mejor sector social.
    Sin embargo, los maliantes disfrazados de protestantes a quienes se les subieron las ínfulas de poder nos dejaron mensajes como este, como el de la destrucción. Los restos de lo que un día fue la Contraloría General del Estado solo es un recuerdo latente del daño a las industrias, empresas, inocentes, periodistas y demás que provocaron estos «manifestantes» y de los cuales se ha dejado de hablar.
    Lamentablemente, tendremos que esperar a otro gobierno para que establezca la posibilidad de que esta edificación vuelva a ponerse en pie de nuevo y con ella todos los procesos que fueron quemados y «borrados para siempre».

  2. EL 12 DE OCTUBRE DEL 2019 MARCO AL ECUADOR, MUCHAS PERSONAS SALIERON A PROTESTAR POR LA ALSA DEL PRECIO DEL CONBUSTIBLE, EN MI OIPINION SE ESTAN DEMORANDO MUCHO EN RECONSTRUIR LA CONTRALORIA, PUEDE QUE UN FARCTOR POR LA QUE NO RESTAURAN ES POR EL COVID-19 O POR QUE NO QUIEREN GASTAR LOS 13 MILLONES DE DOLARES Y PREFIEREN INVERTIR EN LOS HOSPITALES «TALVES».

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