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Las bondades de la sostenibilidad fiscal

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La construcción del edificio de la sostenibilidad fiscal requerirá del trabajo conjunto de toda la sociedad. Como se mencionó en la entrega anterior, los cimientos deben ser sólidos para que la sostenibilidad de las cuentas públicas se mantenga en el tiempo. Este andamiaje inicial requiere de más ingresos y menos gastos. Sin embargo, su perseverancia exige rigor en la gestión del Estado y disciplinas colectivas.

Una vez logrado el paso inicial, en los próximos años, el gasto público debe mantenerse en los niveles que permitan los ingresos provenientes de la actividad actividad económica, a fin de no desequilibrar las cuentas públicas. A tal efecto, todas las funciones del Estado y los componentes del sector público tienen la obligación de someterse a una estricta disciplina fiscal.

Ministerios, Municipios, Prefecturas, Universidades, instituciones descentralizadas, empresas públicas y, en general, todas las entidades del sector público, tienen y tendrán la obligación de adoptar la austeridad y disciplina fiscal como su quehacer cotidiano. Los escasos recursos disponibles, no presentan ni presentarán otra opción que no sea la de magnificar la eficiencia en su utilización. No caben, entonces, los privilegios institucionales. La corrupción debe estar proscrita hoy y siempre. En cambio, la transparencia en el uso de los recursos de la sociedad deberá ser la cotidianidad de la gestión estatal acompañada, como norma, del libre y sin restricciones acceso a toda forma y mecanismo de ejecución del gasto estatal.

Si la sostenibilidad fiscal es elevada a la categoría de valor colectivo, su múltiples bondades se apreciarán por medio del bienestar de toda la sociedad. La gestión fiscal de un Estado no es diferente a la racionalidad para progresar de las personas, hogares y empresas. Pues solo la disciplina y el ahorro conducen al bienestar de las familias y al crecimiento de las actividades económicas.

La dolarización ha sido sostén fundamental para enfrentar la devastación pandémica y mantener la estabilidad económica del país. En el futuro, ésta solo admitirá el superávit de las cuentas públicas. Por tanto, si amamos la dolarización, debemos extender este querer a la sostenibilidad fiscal. El orden fiscal es condición sine qua non para que vengan las inversiones externas, para que fluyan los dólares y capitales a la economía, para que el riesgo país se reduzca, para que las empresas puedan contratar préstamos externos a bajas tasas de interés e inviertan y creen nuevos empleos.

La sostenilidad fiscal, per se, debe someter el gasto público a la capacidad de la economía para sostenerlo y a un nivel de ingresos tributarios que no desaliente la actividad económica y, a su vez, permita cierta redistribución del ingreso y riqueza a los sectores pobres. En esta dimensión, las empresas y negocios podrán percibir el beneficio de la estabilidad tributaria y canalizar sus esfuerzos a la constante creación de riqueza.

De otra parte, la previsibilidad de los ingresos tributarios, no tributarios y petroleros, permitirá la ejecución normal y eficiente del gasto corriente e inversión pública. Solo la sostenibilidad fiscal hará posible la entrega puntual de las transferencias a las seguridades sociales (IESS, ISSFA e ISSPOL), a los GADs (Municipios, Prefecturas y Juntas Parroquiales) y Universidades. La sostenibilidad fiscal permitirá el pago puntual de sueldos a maestros, policías, militares, médicos y, en general, a todo el sector público. En el marco del rigor que impone la sostenibilidad fiscal, estarán garantizadas las asignaciones a la educación, salud, bonos a los pobres y otras atenciones sociales. Por tanto, el orden fiscal es garantía de la acción redistributiva del Estado. La sostenibilidad fiscal corta las raíces del endeudamiento público y permite reducirlo.

La sostenibilidad fiscal es elemento consubstancial de la competitividad de un país, de la estabilidad macreoeconómica, de la solidez del sistema financiero, del ambiente para atraer inversiones, por tanto, del crecimiento, generación de empleos y reducción de la pobreza. Sin embargo, debe acompañarse de un conjunto de acciones complementarias para aumentar la productividad, mejorar las leyes laborales, generar un ambiente sano para alcanzar el grado de  inversión, fomentar las exportaciones, eliminar trabas burocráticas que dificultan la vida de las personas y de la actividad empresarial. En fin, la sostenibilidad fiscal es una obligación fundamental de toda la sociedad, sí, pero igual de imperativas son las reformas para modernizar la actividad económica y laboral del Ecuador.

La sostenibilidad fiscal liberará al Ecuador de las permanentes tensiones fiscales constituidas en óbice del progreso. Al tiempo que permitirá que todas las energías nacionales se canalicen a atraer abundantes inversiones y exportar, a fin de producir y crecer cada vez más a tasas elevadas, crear fuentes de empleo y reducir la pobreza.

Cuidar las finanzas públicas es velar por las finanzas de cada persona, de cada familia, de cada empresa. Es, al mismo tiempo, abrir el camino de un amplio horizonte para el progreso de todos. Si son extensos los beneficios de la sostenibilidad fiscal para toda la sociedad, es su obligación la forja de los espacios de gobernabilidad que la viabilicen. Este anhelo será un importante vector de la reinvención del Ecuador, que, además, como consecuencia de la pandemia, deberá navegar en los inciertos nuevos andares económicos, laborales, sociales y tecnológicos, que caracterizarán las profundas transformaciones económicas y comerciales del mundo entero.

Jaime Carrera es economista.

3 Comments

  1. Para la sostenibilidad fiscal, pienso que, lo más importante será el priorizar el gasto público; no es posible que cada nuevo gobernante, del más grande al más pequeño, lo primero que hace es engrosar la masa de pipones. Hay municipios en los que el pago burocrático está sobre el 80%. ¿Y la inversión? No hay obras de proyección al futuro, sólo de relumbrón y con sobreprecios; es triste ver que ciertos alcaldes se limitan a retocar las obritas del anterior y cambiar de rótulo. Otros invierten los recursos en propaganda de autopromoción, monumentos o tapar huequitos. Incluso, un «gran líder», sobrado, regaló recursos hasta al extranjero. Y así, mil modos de despilfarro. Con toda seguridad, sus propios bienes no manejarán como lo hacen con la cosa pública.

    La inversión de los recursos debería ser transparente. Recientemente se publicó que de los 200 y más municipios, solo 3 cumplían algún porcentaje de transparencia; el resto, opacos en sus gastos. ¿No rinden cuentas a nadie? He aquí la tarea para quienes tienen la obligación de legislar y fiscalizar. Porque si no, así como vamos, «no hay bolsillo que aguante ni cuerpo que lo resista».

  2. Como siempre, nos deja el diagnóstico, pero sin receta.
    Se la doy: CERO DEFICIT en el presupuesto
    Ya sabemos que Ud no quiere despedir burocracia, pero por lo menos proponga algo
    EMPLEADO QUE SE JUBILA, NO SE REPONE, habrán excepciones, pero son eso, las excepciones, pero la Asamblea por pasarse de simpática aprueba tonterías inflando con miles de empleados de salud a una situación temporal. También hubieron otro tanto que se declararon enfermos para huir del virus.

  3. Hace tiempo que las discusiones políticas y sobre todo el análisis económico han perdido argumento para convertirse en una discusión estéril donde hay que descalificar al otro.Los políticos ecuatorianos se han convertido en demagogos que viven a distancia de los ciudadanos. La revolución del siglo xxi practica la política del desafuero y la intolerancia como bandera. En tiempo de alto desempleo y bajo crecimoento no es una buena idea recortar gastos productivos,peor endeudarse para cubrir deuda e impresentable endeudarse para cubrir corrupción.Finalmente para reactivar la economia necesitamos un pacto de competitividad : los salarios deben vincularse a la PRODUCTIVIDAD y no por decreto, sin desmerecer el derecho que tienen los trabajadores al seguro social.

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