Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Una audiencia con bronca reflejó en dónde estamos

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La Ley de Apoyo Humanitario para combatir la crisis sanitaria derivada del Covid-19, da herramientas de flexibilidad temporal que permitan a trabajadores y empresarios conservar los empleos y los negocios, respectivamente. Ofreció algunas alternativas a la terminación del contrato de trabajo, para que los empleadores apliquen medidas menos drásticas y permitan a sus trabajadores seguir siéndolo.

Lastimosamente ninguno de los 23 grupos que presentó una demanda de inconstitucionalidad a esta ley, lo entendió así. La audiencia que por el número de participantes tuvo lugar en dos largos días de la semana anterior, demostró la desconexión que existe entre las partes.

Los trabajadores mediante los sindicatos y asociaciones, sigue hablando en bolchevique. La lucha de clases, la opresión, lo abusivos que son los empleadores, fue la tónica de su postura que no tenía carácter de explicación jurídica en juicio, sino de discurso político en elecciones. Ellos defendieron la estabilidad de las condiciones laborales que tenían antes de la pandemia, a como dé lugar.

Así piden que la Corte Constitucional: a. elimine el contrato emergente creado por esta ley, pues no es indefinido sino temporal; b. derogue la norma que contiene la posibilidad de llegar a acuerdos que establezcan condiciones de trabajo diferentes a las pactadas previamente, pues esos acuerdos disminuyen los derechos irrenunciables de los trabajadores; y c. que se impida a los empleadores atribuir el tiempo de suspensión durante la pandemia, a vacaciones.

Por su parte, el representante de las Cámaras de empresarios, pidió al juez ponente Alí Lozada que derogue la interpretación que se hizo al Art. 169.6 para que se consideren válidas las terminaciones de la relación laboral, aunque el negocio siga operando; y aquel párrafo que sanciona al empleador si se demuestra que aplicó la fuerza mayor como causal para terminar la relación laboral, de forma injustificada.

Lo común entre los accionantes presentes fue su postura irreconciliable con la del contrario. Ni una palabra de solidaridad por parte de los trabajadores ante las pérdidas y las dificultades para obtener crédito, que pudieran estar ahogando a los empleadores. Tampoco mostró ninguna empatía el representante de las Cámaras con los trabajadores que han perdido el empleo o que han visto disminuidos sus ingresos.

Ninguno considera que el otro es parte esencial sin la cual no puede subsistir… No entienden que, si la empresa quiebra o se destruye, o se invierten los capitales a países menos conflictivos, los trabajadores dejan de serlo y por tanto da lo mismo todos los derechos irrenunciables que tengan, pues ya no tendrán a quien exigírselos. Tampoco entienden los empresarios que, con trabajadores inconformes, el negocio no puede crecer y siempre estará su éxito amenazado por un enemigo interno que puede hacer mucho daño. Los presentes en la audiencia no comprenden que tienen los mismos intereses, que a ambos les conviene el bienestar del otro.

Y ese es precisamente el rasgo que encontramos en las posturas de los electores en esta próxima contienda. Dos partes claramente definidas y disociadas. Ambas hablando su propio idioma, incomunicadas entre sí. Los electores no entienden que debemos estar en el mismo equipo porque todos queremos lo mismo: un país próspero en el cual se pueda vivir.

Los unos creen que ese país se consigue castigando al rico, y entonces están dispuestos a votar por un desconocido que ni siquiera sabe su número de cédula, pero que promete seguir con la lucha de clases iniciada por su prófugo mentor; y los otros siguen creyendo que se puede hablar de economía y sacrificio, sin comprender que quienes lo van a sufrir son la otra parte de la población a quien piden el voto.

Difícil decisión la de la Corte Constitucional, pues decida lo que decida, tendrá un grupo de críticos feroces reclamando lo contrario. Igualmente difícil situación la del futuro Presidente del Ecuador, que tendrá que navegar en aguas revueltas por mareas opuestas. La Corte no lo puede hacer porque no le corresponde, pero el candidato elegido sí lo deberá intentar: actuar como un líder cohesionador que acerque a las partes, que les haga entender que existen más coincidencias que discordancias y que solamente si remamos todos para el mismo lado, saldremos vivos de este tsunami.

Bárbara Terán es abogada y académica de la USFQ.

2 Comments

  1. Estupendo artículo , felicitaciones . Y efectivamente , ojalá algún día entendamos que en sociedad todos nos necesitamos y debemos remar en el mismo sentido , para así superar los males atávicos que aquejan nuestro país .

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