Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El pensamiento único de lo políticamene correcto

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Ni los políticos ni los ciudadanos a los que nos tocó vivir esta pandemia, tenemos la certeza que las medidas de restricción de movilidad tomadas para prevenir el COVID-19, han sido las idóneas. La historia juzgará. De momento y aunque violen algunos de nuestros derechos o tengan efectos devastadores en el empleo y la economía, las hemos acatado y adoptado como una obediente civilización.

Sin embargo, hay personas que pretenden utilizar como excusa a la pandemia para otros propósitos de cuestionada legitimidad. Gentes, ideologías, partidos, han sacado su empolvado guion y sus viejas ideas tantas veces fallidas, buscando imponer restricciones a la libertad, absolutamente injustificadas. ¡Vaya oportunidad para volverlo a intentar, en un escenario de miedo generalizado y con la población sumida en su supervivencia!

Esto es lo que está ocurriendo en España, país en el que el gobierno conformado por Socialistas y Podemos -asesores de Correa y Chavez-, han llevado a cabo una gran maniobra para justificar una rancia misión: coartar la libertad de expresión.

La propuesta nació de una encuesta que realizó el CIS (lo que para nosotros es el INEC) en plena pandemia: ¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?

Evidentemente, en las circunstancias en las que se hizo esta pregunta cuya redacción revela sus malas intenciones, al 66,7% de los aterrados entrevistados les pareció que sí se deben restringir y controlar las informaciones.

A partir de lograr esta respuesta mayoritaria, el ejecutivo español justificó su “Plan para luchar contra la desinformación”. Esta norma ministerial publicada esta semana, está siendo vigilada por la Unión Europea pues sospecha de su legitimidad, sobre todo después de las declaraciones de la Ministra de Asuntos Exteriores:

“no se trata de limitar la libertad de expresión, pero sí de limitar que se puedan vehicular falsedades a través de los medios de comunicación que ahora son periódicos, radios, tv y plataformas digitales que falsean el debate público, manipulan a nuestra población y que pueden causar un gran quebranto en la democracia.”

Así, toma cuerpo en España una forma de control ciudadano, advertida por George Orwell en su fantástica y premonitoria novela 1984: la del “Ministerio de la Verdad”. Han aprendido recientemente los megalómanos que a la fuerza les termina yendo mal. Y han decidido implementar una estrategia más pacífica y paciente, pero de resultados garantizados a largo plazo: la de controlar lo que la gente piensa, habla, escucha y lee.

Ese país se ha ido muy lejos institucionalizando el abuso, y está por verse si Europa se lo permite. Pero debemos advertir que, en otros países, sin tanta estructura y direccionamiento, la gente tampoco es libre de decir lo que opina.

Y es que cada vez con más frecuencia se va imponiendo como “pensamiento único” el discurso de lo “políticamente correcto”. Lo pregonan y defienden unos afortunados seres, gentes diversas y dispersas que no pertenecen a un grupo, pero que con su percibida moralidad superior, coinciden en su afán de censurar a los demás, cuando se atreven a dar opiniones “inadmisibles”, sobre todo en ciertos tópicos. La censura, la exclusión, el bullying mediático, incluso la violencia física y el escrache, son permisibles y justificados si de lo que se trata es de callar a los disidentes de sus verdades absolutas.

Esta forma de dominio ejecutada por miles de personas anónimas y apartidistas, que censuran gratuitamente a sus pares, sin darse cuenta, son soldados que poco a poco van conquistando voluntades. Una vez que todos estemos alineados por oír las mismas cosas, leer los mismos textos, ver las mismas películas y seguir a los mismos héroes, habremos sido dominados sin violencia ni fuerza.

Bárbara Terán es abogada y académica de la USFQ.

1 Comment

  1. Deberíamos hacer entender eso al gobierno de Moreno,
    El argumento de lo políticamente correcto tiene su raíz en la justicia y respeto que nos debemos. El concepto de políticamente correcto surge como forma de agrupar características ideológicas y políticas para plasmarlas como las «aceptables socialmente» Es decir que este concepto se debe a fines tan nobles como justicia o respeto es demostrar desconocimiento del tema. Por otro lado se refiere a algo específico y comprobable y demuestra precisamente cómo este concepto se usa para maquillar macabros planes políticos encaminados a la censura.

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