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Elecciones: ¿se viene una guerra contra la verdad?

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En los últimos años la sociedad contemporánea experimenta un proceso acelerado de desvalorización de la verdad como concepto. A esto le acompañan algunas herramientas venidas hoy a menos, como son la evidencia que aportan los hechos y la ciencia.

Preocupa que la epistemología en la época moderna se halle sumida en una gran crisis y que la interpretación del mundo hoy sufra una avalancha de subjetividad. Es importante entender el trasfondo de este suceso que no solo impregna la vida cotidiana sino que, fundamentalmente, ataca al mundo político con objetivos impredecibles. Y que tiene la capacidad de alterar nuestro destino como nación.

El relativismo posmoderno y la alta dosis de individualismo de la sociedad contemporánea ha desdibujado el camino al conocimiento. El gran desarrollo de maquinarias informativas y tecnológicas han suplantado el rol de la academia en la educación de las masas y han logrado que la inmediatez en la información se transforme en el objetivo primigenio del conocimiento. La pastilla informativa es rápida y eficaz, pero a menudo priva del más elemental ejercicio lógico. Por el contrario adquirir conocimiento hoy en día, y comprobar hechos especialmente para las nuevas generaciones, resulta un proceso gravoso e innecesario cuando el conocimiento se valora en número de caracteres.

Surge así una tremenda desconfianza en la honestidad y la exactitud así como en la intelectualidad. Los hechos objetivos son suplantados por opiniones públicas alimentados de creencias personales y amparados en la amplia difusión que las redes sociales les ofrecen. Aquí se elaboran argumentos y opiniones emocionales, acrecentando el descrédito y desconfianza por la verdad que ofrece la ciencia, a menudo codificada en documentos que pocos pueden descifrar. Aquellos poseedores de conocimiento otrora reconocidos, son vistos con gran suspicacia al momento de interpretar la realidad. La crisis de autoridad hoy en día no solo es política, es sobretodo intelectual.

Hoy estamos viendo cómo este fenómeno es aprovechado por los actores políticos que usufructúan de él para fines propagandísticos y personales en la búsqueda del poder. Ejemplos como lo ocurrido en las elecciones recientes en los Estados Unidos, donde se niega hechos electorales comprobables y ampliamente difundidos son un ejemplo. Los mensajes que circularon frente al proceso del Brexit en Gran Bretaña son otros, pero también localmente falsos mensajes se repiten como herramientas de campaña. En Ecuador vivimos, durante años, un sistema de verdades fabricadas por sofisticadas maquinarias interesadas en un cierto relato para alterar las percepciones de la realidad.

Frente a este ataque sistemático a la verdad tenemos hoy la difícil obligación de contribuir a hacer viable una vida pública más transparente especialmente al inicio de una campaña política cuando los electores se encuentran a oscuras dispuestos a dar crédito a los más extraordinarios e increíbles relatos. Los anuncios recientes sobran, y hablan de la necesidad de actuar urgentemente. El “Fact Checking” o comprobación de información que se comienza a dar en algunos medios, es solo un pequeño paso. Se requiere más.

Se necesita una masificación de alertas frente al riesgo que supone un consumo informativo sin comprobación. Pero no solo eso. Es además indispensable requerir de las propuestas políticas el sustento necesario, como ya se ha intentado otras veces. Es decir no solo importa la veracidad de las afirmaciones sino demostrar la viabilidad de las propuestas. Son dos cosas que van juntas.

Así, mensajes como el del candidato Yaku Perez que esboza en su plan que “reconocerá la economía del cuidado basada en la acción de las mujeres como el fundamento de la reorganización de la economía y el trabajo” como base de un gobierno ecológico. En realidad no explica nada. O los discursos del candidato Arauz que esboza generalidades como “un cambio de fondo en las relaciones laborales, para abarcar el reconocimiento y la reciprocidad en la distribución de los tiempos dedicados al cuidado y el disfrute”, tampoco dice nada. Inclusive la campaña de Guillermo Lasso que es la más estructurada, tiene que hacer mejores esfuerzos por dar sorporte a su propuesta en temas como el rol de la minería, sobre lo que se han articulado mensajes contradictorios.

Como sociedad es lo único que nos mantendrá lejos del populismo. La gestión del Estado que se persigue en campaña debe estar acompañada de la coherencia en el mensaje. De la autoridad y seriedad de la propuesta. Pero sobretodo, del compromiso ineludible de los actores políticos y candidatos con la verdad.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.

2 Comments

  1. Las votaciones que son el próximo año se debe tomar con la seriedad del caso y no dejarse llevar solo por los discursos que ofrecen los candidatos a la presidencia sino analizarlos con profundidad si podrán ser cumplidos, ver la situación que el país se encuentra, analizar varios aspectos que nos ayuden a tomar la mejor decisión para escoger el presidente. Y nosotros como ciudadanos debemos exigir al Estado que el proceso de conteo sea con la mayor claridad, honestidad y objetividad que pueda ser en el caso, en donde no exista irregularidades o fraude y se cumpla la democracia en nuestro país.

  2. Efectivamente , la verdad debe ser la norma que rija el comportamiento de toda autoridad o candidato a ocupar dignidad de elección popular ; pero en el Ecuador que distantes estamos de cumplir esta exigencia básica para toda persona de bien . Por eso en las próximas elecciones a desechar a los charlatanes y embaucadores , que mienten y ofrecen el oro y el moro sin ruborizarse , y elijamos a aquel que habla y obra con la verdad : GUILLERMO LASSO .

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