Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Qué dice, ¿nos odiamos otro poquito?

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Odiar y destilar odio en redes no es nuevo. Lo nuevo es preguntar si eso produce algún resultado. Por supuesto el interrogante tiene sentido según a quién va dirigido. Porque hay usuarios, comunidades o empresas de troles que buscan erigir en tendencia sus causas o las de sus clientes, quedarse con la última palabra, arruinar la imagen y el prestigio del otro, triturarlo como persona, desaparecerlo del escenario público y declararse vencedor.

Para ellos, las redes son campos de batallas en los cuales se mueven con estrategias y puestas en escena planificadas y concertadas para pelear y ganar. Para estos casos, se han votado leyes (NetzDG en Alemania, Avia en Francia), se ha pedido boicotear las plataformas, (#StopHateForProfit en Estados Unidos), retirar la publicidad (Starbucks, Coca-Cola y Ben & Jerry’s lo hicieron con Facebook), o aplicar las leyes existentes (en ningún lado son suficientes y en todas partes los ciberviolentos se esconden tras el anonimato)… En definitiva, para estos casos no hay, por ahora, una solución cierta, a pesar de las medidas que han tomado las grandes plataformas. Youtube retiró en 2019 más de cien mil videos, 17 mil canales y alrededor de 500 millones de comentarios que calificaron como suscitadores de odio. Facebook depura y cierra cuentas, al igual que twitter.

La pregunta de si el odio provoca resultados para quienes lo practican (fuera de dañar y dañarse) está dirigida a otros ciudadanos. A aquellos que, habiendo sucumbido a la lógica más perversa de las redes, a la cultura de lo políticamente correcto y de la llamada cancelación, han convertido la conversación pública en un terreno minado. Es impresionante ver a académicos, abogados, periodistas, profesionales de toda clase, políticos… enfrascados en batallas campales por una palabra, una frase, un chiste, una tesis, un comentario. Batallas que terminan mal, con el bloqueo a veces mutuo de sus cuentas e insultos poco dignos para los que los profieren y totalmente injustos para aquellos que los reciben. Ahora resulta, viendo ese espectáculo, que el género humano, y sobre todo los hombres, son peores que las peores pesadillas que cualquiera podía albergar. Hay más racistas, más machistas, más colonialistas, más violadores, más acosadores, más misóginos, más hijosdesumadre… de lo que cualquiera podía imaginar. Calificativos por montones llueven en las redes y son usados como si, en alguna parte, alguien -algunos y algunas- tuvieran un diccionario nuevo al cual hay que adscribirse so pena de ser candidato a cualquier acepción que ellos prodigan contra todos aquellos que no calzan en su códigos.

Y no se trata por supuesto de negar ninguna tara heredada de una sociedad en la que, en efecto, hay víctimas por montones, sobre todo mujeres. Se trata de señalar que esa cultura de la venganza, el odio y la guerra, incluida la guerra de sexos, no propicia los cambios que la sociedad necesita. Es curioso cómo tampoco el país profundo ha sacado las conclusiones del espejo que es, en ese campo, la era Trump. Ese señor fue elegido a la Presidencia de Estados Unidos por la crisis económica y otros malestares políticos y culturales sin importar que fuera el ícono mismo de lo políticamente incorrecto. Es decir, ciertos prototipos que se vuelven imposiciones y empiezan por el lenguaje y que, en vez de procesar los problemas y ayudar a resolverlos, conducen a su represión y encapsulamiento.

Tras cuatro años de trumpismo, con todo lo que eso ha significado, ese señor aumentó en seis millones sus votos. Es decir, cerca de la mitad del electorado estadounidense vota por un político que es racista, misógino, machista, imperialista… Por eso JoAnn Wypijewski, periodista estadounidense, entrevistada por 4P, mostró la total desconexión que hay entre los partidarios de lo políticamente correcto y la cultura de la cancelación con la política real. La gente busca políticos que les aporte soluciones a sus problemas y todas las guerras de los propietarios del lenguaje correcto se vuelven piruetas simbólicas sin anclaje en la realidad.

Nombrar los problemas de otra forma no basta para resolverlos. Y declarar la guerra a aquellos que rehusan someterse a la dictadura de la nueva jerga, solo produce triunfos pírricos. En Ecuador, buena parte de sus mejores mentes está metida en guerras absurdas en redes sociales, mientras los verdaderos odiadores y promotores de violencia y dictaduras, esas sí reales, engatusan a los más pobres haciéndoles creer que ellos sí solucionan sus problemas básicos. Que no son simbólicos: son dramáticos.

Ilustración: Giovanny Verdezoto.

12 Comments

  1. El odio humano en masa, el odio político, puede justificar la acción violenta contra el otro y dar el paso necesario para justificar la humillación, el maltrato físico y hasta la discriminación humana, que normalmente terminan afectando a los más débiles o a los más indefensos. El odio se construye, solo necesita un lenguaje y una persona o un grupo de personas para mentir, engañar o despreciar. Quien odia tiene la necesidad de fortalecer pensamientos o visiones de la vida en términos absolutos, de desarrollar convicciones donde no es posible permitir la tolerancia, el perdón o la humildad

  2. El odio humano en masa, el odio político, puede justificar la acción violenta contra el otro y dar el paso necesario para justificar la humillación, el maltrato físico y hasta la discriminación humana, que normalmente terminan afectando a los más débiles o a los más indefensos.
    Es por eso que hoy en día el odio existe en todas partes mediante maltratos, humillaciones y otro tipo de violencia tanto psicológica como física. El odio se construye, solo necesita un lenguaje y una persona o un grupo de personas para mentir, engañar o despreciar. Quien odia tiene la necesidad de fortalecer pensamientos o visiones de la vida en términos absolutos, de desarrollar convicciones donde no es posible permitir la tolerancia, el perdón o la humildad.

  3. Generar odio a una persona o a un grupo de personas es un grave problema, ya que gracias a el odio hemos conseguido nuevos estereotipos, como »el que dirán», es un problema demasiado grande que ha ido creciendo bastante en Latinoamérica, en especial en Ecuador, siento que cada vez esta en aumento, en especial el racismo, el acoso, y la homofobia, los cuales son tres pilares fundamentales con los cuales se consigue el odio, al igual que la obesidad se ha convertido en símbolo de burla, con lo cual generaremos criticas y burlas a dicha persona, acabando con su confianza y haciendo que todos la odien y que aquella persona se odie por no ser suficiente y no tener la aceptación de la sociedad, acabando en una depresión y probablemente en un suicidio.

  4. Es indignante saber que hay gente que emana odio es estos medios, la sociedad ha hecho que las redes sociales tengan un fin distinto, ahora también la utilizan para poder insultar, ofender y dañar con comentarios y críticas fuera de lugar a otras personas que tienen un pensamiento diferente o solo porque sí. Hay que saber expresarnos en las redes, ser tolerantes y flexibles a cualquier tipo opinión porque de eso se trata la libre expresión, aceptar lo diferente.

  5. Las redes sociales son tan útiles y eficientes si la sabemos utilizar de buena manera pero esta sociedad ha hecho que las redes sociales sean un medio para insultar, para ofender y hacer daño con comentarios abruptos, sin razonamiento alguno y así convirtiendo a la sociedad en intolerable. Las personas que emanan odio deberían aprender a aceptar otras idelogías asi no esten de acuerdo, porque las redes sociales nos dan la oportunidad de expresarnos pero con respeto y coherencia sin ofender a nadie.

  6. Es increíble como ciertos grupos de personas con ideologías diferentes a los demás ,utilizan las redes sociales para generar odio y a mas de generar un daño a si mismo, lo hacen a la sociedad. Lastimando a varias personas con sus comentarios.
    Lo olead seria utilizar las redes oscilase par mostrar un punto de vista claro y con mucho respeto siempre y cuando no lastime a los demás y de esta manera legar a la persona, y dar a la sociedad un aporte y esta en cada persona aceptarlo, utilizarlo, y crear un nuevo pensamiento.

  7. El odio que genera las redes sociales se basan en las ideologias tan erradas que se dan en la sociedad y es que desde los llamados influencers tomamos en cuenta como en varias ocaciones van generando odio hacia otra persona y lo mas sorprendente es que odiamos a personas que no las conocemos es decir solo tenemos en cuenta un perfil social que no nos dice mucho sobre el otro, para que esto pare debemos aprender y enseñar a manejar correctmente las redes sociales y como la palabra dicha en las mismas pueden llegar afectar el nivel emocional de una persona.

  8. Sr. Hernández.
    Muy preciso y claro su análisis. FELICITACIONES!!!!
    Es preciso mejorar nuestra postura política de respeto en los desacuerdos, y no enfrascarnos en absurdos muletillas del «yo tengo razón» al fin nuestro paso por este mundo es tan ligero y éfimero.
    saludos cordiales.

  9. Excelente enfoque y muy necesario hoy en día, sólo discreparía en que » En Ecuador, buena parte de sus mejores mentes está metida en guerras absurdas en redes sociales».
    Hace mucho que las redes son destilerías de odio alimentadas por troles, sus financistas y mucho dinero sucio por lo que casi ninguna mente que se pueda considerar iluminada estaría en trincheras virtuales cuando la verdadera batalla debería darse con ideas frente la sociedad y no con ataques anónimos con fecha de caducidad: el próximo tuit.
    Hace poco un seudo «influencer» atacaba por redes a las «élites» porque según él eran responsables de traer con su decadencia al correismo.

  10. Completamente de acuerdo con lo que dice el Dr Hernández, pero no solo odiar y destilar odio en redes es todo. En todo el Ecuador y en Latinoamérica, domina la irracionalidad de expresar contrariedad u odio contra todo lo que no esté de acuerdo con alguna persona, y peor aun cuando afecta sus intereses, sus sentimientos o ideas. Esto para mi tiene su antecedente en falta de moral, de respeto hacia las demás persona y sobre por la falta de cultura y conocimientos. Toda esta gente odiadora o grosera, son incapaces de emitir una sola idea, no pueden discutir o contradecir a otros, generando conceptos con inteligencia sino solo con la superficialidad de las palabras
    Así es en redes sociales, cómo en política y en todas partes. Esta incapacidad cultural se manifiesta en los programas de gobierno, – he leído algunos- con los que supuestamente se va a dirigir a los ecuatorianos, y representarnos a todos, son solo enunciados superficiales de derechos. En ninguno encontramos la forma o maneras como van a realizar de manera práctica esos enunciados , lo cual constituiría realmente un programa de acción.
    Estos proyectos de programas aprobados sin ningún estudio ni observación por las autoridades electorales, que siendo gente improvisada, tampoco les interesa, que se engañe al pueblo ecuatoriano, quienes seguirán eligiendo personas con voto carismático y no con un voto fundamentado en un real programa de acción y gobierno

  11. Excelente enfoque y muy necesario hoy en día, sólo discreparía en que » En Ecuador, buena parte de sus mejores mentes está metida en guerras absurdas en redes sociales».
    Hace mucho que las redes son destilerías de odio alimentadas por troles, sus financistas y mucho dinero sucio por lo que casi ninguna mente que se pueda considerar iluminada estaría en trincheras virtuales cuando la verdadera batalla debería darse con ideas frente la sociedad y no con ataques anónimos con fecha de caducidad: el próximo tuit.
    Hace poco un seudo «influencer» atacaba por redes a las «élites» porque según él eran responsables de traer con su decadencia al correismo, me pregunto: ¿no era ese ataque cuasi cobarde a unas élites sin nombre ni apellido parte de lo que se supone ese «influencer» llamaba decadencia?.
    Esa frustración podría canalizarse perfectamente por vías más productivas, un enfoque como este por ejemplo.

    • Coincido: una de las características de las «mejores mentes» es la capacidad de discernir si un «debate» es o no constructivo. Más que nada el discernimiento te permite identificar discusiones que son impulsadas por el odio, los prejuicios y las emociones negativas. Esto por sí solo es motivo más que suficiente para dejar de perder el tiempo y tu esfuerzo en discusiones ociosas y estériles, cuya consecuencia es envenenar y nublar aún más tu juicio.

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