Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La muerte no da señales de vida 

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Por un momento, el mundo se olvidó de Supermán, Batman, el Hombre Araña y demás personajes del cómic, producto de la imaginación de los gringos y empezó a reconocer a un nuevo villano cocinado en olla para todos los comensales de la sopa de murciélago y/o del estofado de pangolin. Claro que no faltan las malas lenguas que afirman que el virus se escapó de un laboratorio por medio de un conejillo de Indias, quién sabe con qué maléficos fines.

De todos modos, al principio se sabía que el tal COVID no era más que un producto chino y por eso la gente dudaba de su eficacia, más al pasar el tiempo el virus se escabulló cual polizón en puertos y aeropuertos, y empezó a contagiar a medio mundo, demostrándonos que se trataba de un producto de primerísima calidad. Se encendieron las alarmas, reventaban las emergencias de los hospitales con contagiados multiplicados a montones, por lo cual, no nos tocó más remedio que buscarnos nuevos héroes, unos de carne y hueso y de humanidad comprobada. Olvidados por Dios y los políticos, la ciencia era la única salvación que nos quedaba para retardar tal marcha funebre. Es así que, buenos y malos, altos y bajos, ricos y pobres, socialistas y humanos, hacían calles de honor al paso de los héroes sin capa. Los mensajes de gratitud circulaban por cientos en las redes sociales. En los balcones las multitudes aplaudían a rabiar la labor de los galenos y hasta hicieron canciones que premiaban la sacrificada labor del personal médico y de sus auxiliares.

Más por acá, el gobierno no daba señales de vida y a pesar de que tenemos a Alvarito para salvarnos de los huracanes, sus poderes eran insuficientes para detener la propagación del letal virus que a sus anchas seguía enviando a las ánimas a purgar en el Infierno de Dante mientras las empresas y negocios esperaban en fila el turno para lanzarse al vacío. Claro que otra cosa hubiese sido con Correa, pues de un grito hubiese puesto en su sitio al COVID, lo hubiera metido preso o lo repotenciaba con sobreprecios y en sabatinas o cadena nacional daba al virus por terminado.

Pero como el Estado no es ingrato y no se olvida de nuestros héroes, en  reconocimiento a su titánica tarea, todavía les adeuda buena parte de sus contratos e ingresos y para sellar con broche de oro, el alma en pena que representa a la salud, les endosó parte de los contagios a su irresponsable contacto social que conlleva a infectar a sus pacientes el mortal COVID.

Con escasas neuronas, producto del alzheimer social, ya acostumbrados a la pandemia y pasado el susto inicial, nos olvidamos del fantasmal virus y  poco a poco nos distendimos y empezamos a ver de lejos y sin lentes los mensajes del ECU – 911, pero en cambio, estamos reconociendo la inigualable y titánica labor de nuestros pillos. Vivísimos, ellos  son los únicos que se han entregado en cuerpo y alma a combatir el virus haciendo el trabajo sucio.

De pronto nos enteramos de que El Fantasma ‘’X’’ había salido a dar una vuelta en avioneta al Perú en compañía de una modelo clase A, pero con tanta mala suerte que apenas traspasó la frontera se estrelló contra el piso con todo su historial punitivo. Igual nos enteramos que el Fantasma ‘’Y’’y sus hijos estaban involucrados en la venta de medicinas e insumos en el IESS y que hasta negociaban la venta de bienes patrimoniales. Y ni qué hablar del Fantasmagórico ‘’Z’’ que organizó a río revuelto el reparto de los hospitales contando con el gentil auspicio de varias almas en pena que recogen los pasos en la Asamblea Nacional. Muertos de la risa, todos se declaran perseguidos políticos y amenazan con mandar al infierno  a cuánto demonio se les cruce en su camino, no sin antes deshacerse de la Romo utilizándola como chivo expiatorio para purgar sus hazañas.

Incuestionablemente que robar está contemplado dentro del presupuesto de la función pública; quien no sepa de memoria las trampas de la contratación pública de la A a la Z debería ser despedido por inepto, y en tiempos de pandemia, aquel que quiera robar, que lo haga, pero en silencio, para no despertar la paz sepulcral de la Justicia. Tieso el gobierno, el Ministerio de Salud tampoco da señales de vida y ni siquiera lo acompaña en su dolor.

Y para colmo de males, estamos en campaña electoral y los angelicales candidatos hacen malabares para captar el voto zombi de cautos e incautos. A algunos les importa un comino las mascarillas, a otros les importa un pepino el país, a la mitad les vale un rábano el COVID- 19, más a todos, aprovechando que los ciudadanos estamos noqueados mentalmente por el virus, solo les interesa el poder, porque el contagio es lo menos importante de lo más importante en estas elecciones. Conseguir votos sin importar cómo cuándo ni cuánto es la vacuna de algunos candidatos de dudosa reputación que no saben lo que es la moral porque nunca la tuvieron, ni saben lo que es la ética porque prefirieren no toparse con ella.

Los electores no tenemos la esperanza de  un futuro mejor ya que el presente marcó un antes y un después del Covid -19. Los candidatos al menos tienen la esperanza de aumentar su ego o las cifras de sus cuentas bancarias y como el voto es obligatorio, no tenemos otro remedio que salir del encierro, vivos o muertos a las urnas y escoger bien a nuestros ladrones para nuestros próximos cuatro años de vida. No nos confiemos pensando que los zombis son pocos, porque después de las elecciones comprobamos que son millones. Mientras tanto, el CNE tampoco da señales de vida. Silencio sepulcral sobre el padrón electoral y electores post morten. 

Unos encerrados como pájaros y otros libres como el viento, todos esperamos en este camposanto que la vacuna nos libre de todo mal. Los contagios aumentan. Hasta ahora no sabemos las cifras exactas de infectados. ¿Cuántos muertos? Ni siquiera la muerte lo sabe. Ella, la suprema igualadora de los hombres, hace muy bien su trabajo, porque para eso le pagan. Hemos tratado de contactarla para aclarar las cifras oficiales pero no da señales de vida.

Ilustración Marcelo Chamorro. 

3 Comments

  1. Muy acertada su opinión y a pesar que sonara como algún texto imaginativo de algunos favelas de antaño nuestra realidad es esa, nos conformamos en pensar que algún día esto pasará, que vendrá dentro de 15 o 20 años alguien que nos pueda rescatar, héroe imaginario como Avengers, depende de nosotros mismos saber elegir bien y enseñarles a la juventud actual y venidera en depositar acertadamente su voto

  2. Muy buenos sus comentarios Marcelo Chamorro, como siempre muy buenas sus caricaturas, ¿Qué bien! que haya vuelto a esta página, pero siga participando más de seguido.

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