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Caos electoral: el juego de Pacmans

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Caos, relajo, desbarajuste… y campaña electoral ya son sinónimos. El país lleva meses viendo cómo se alarga la lista de binomios presidenciales, cómo se violan las reglas, cómo se agrava el enfrentamiento entre el Tribunal Contencioso Electoral y el Consejo Nacional Electoral que son los jueces de la contienda… Meses de sorpresas, perplejidad y asco. Lo que no saben los ciudadanos, o no se confiesan, es que ese desbarajuste ha sido previsto: está organizado. Si se analizan la Ley Orgánica Electoral, el Código de la Democracia, la Ley de Partidos Políticos, los métodos para asignar escaños… en fin, la forma como está pensado el ejercicio democrático, el caos es la posibilidad más segura.

Pero, curiosamente, así como las revoluciones devoran a sus hijos, este tinglado electoral se traga a sus principales promotores. La primera víctima es el correato. Rafael Correa pudo diseñar un sistema político racional, compuesto por las pocas tendencias que pueden observarse en el panorama político. Tener alrededor de 280 partidos y movimientos en el país es una aberración. Ahí está pintada de cuerpo entero la principal causa del inmovilismo nacional.

Reunir las tendencias, obligar a la sociedad política a consensuar primero entre sus pares políticos e ideológicos es una necesidad. El correísmo hizo lo que mejor sabía: poner todas las ventajas políticas, comunicacionales, logísticas que le ofrecía el Estado a su favor. Y dividir el resto del espectro político. Así acarició el ego de cuanto cacique local hay, incluidos todos los de las minorías, que aman su sigla y verse -cada cierto tiempo- retratados en algún afiche. Mientras tanto, Correa se quedó con el poder.

Hoy el correísmo es una inclinación política más, con algún porcentaje de voto duro a su favor, pero sin la hegemonía que le granjeó la utilización de la maquinaria del Estado. Eso lo pone entre los favoritos en la primera vuelta, pero desnuda su soledad para una eventual segunda vuelta. Aquellos que maltrató, que se encuentran todos en alguna capilla política, pueden ser perfectamente parte de sus enterradores.

La miríada de partidos y movimientos políticos que estarán en la papeleta son parte del mismo drama. Fuera de Guillermo Lasso, Andrés Arauz y Yaku Pérez, sobran dedos en una mano para contar aquellos candidatos que superan el 1% de intención de voto en los sondeos. Extraño deporte querer figurar en una sociedad de pigmeos políticos. Extraña actitud querer contribuir, en forma tan denodada, a la inestabilidad política del país y al debilitamiento del sistema democrático, que la mayoría de esos candidatos dice defender. Extraña vocación inventar diferencias irreductibles para justificar una retahíla de candidaturas.

El sistema funciona como un Pacman: cada jugador juega a tragarse al resto. Todos fingen ignorar que quien gana, no suma: se convierte en rehén de los perdedores, en su víctima propiciatoria. Todos saben que el juego no para. Y que los perdedores harán lo imposible por devorar al ganador. Y que pondrán tanto empeño, y que chantajearán tanto, con mecanismos tan insospechados, que el ganador cederá para no caerse. Que negociará con el Estado, despedazándolo, entregándolo por partes a los otros Pacmans: eso explica por qué no hay instituciones, por qué la corrupción está siempre tan aceitada y por qué el país no progresa.

El Código de la Democracia creó estímulos para suscitar alianzas: no funcionaron. Y es lógico que así sea: son aderezos al lado del juego mayor que, por ser más seductor, sigue intacto.

Caos, relajo o desbarajuste: nada de aquello es, entonces, una novedad. Es el ecosistema natural de la política nacional. Ecuador está programado para lo que está viendo. Hasta la sorpresa, la perplejidad y el asco son parte consustancial del juego de Pacman que es el sinónimo que mejor sienta al juego político. Lo único alucinante es que jugadores y espectadores se digan sorprendidos. No hay razón: así ha sido y así es.

Cambiar de juego sería la única noticia. Pero no hay atisbo alguno de que se pueda ni siquiera imaginar.

Fotomontaje: 4P.

5 Comments

  1. Verdaderamente que hemos llegado a un estado de descomposición institucional que deprime. Cunde la trampa, la «sapada», la corrupción. Funcionarios de organismos del Estado que están para poner orden con sus veredictos hacen lo contrario: acentúan los conflictos. Las leyes las hacen (o no las hacen), interpretan, aplican a su gusto y sabor. Todo se somete al juego de intereses particulares, de grupúsculos. La patria les importa un rábano. Y una parte importante de los ciudadanos, y de los sectores que más sufren las consecuencias del relajo, no diferencia el bien del mal: «políticos» que destrozaron al país, reciben todavía su apoyo. ¡Qué verg…üenza de país!

  2. Caos , desbarajuste , relajo , asco , perplejidad , y todos los adjetivos calificativos de nuestro prolífico idioma , no alcanzan para definir con claridad lo que pasa en esta contienda electoral . Y este gran absurdo , jamás se arreglará desde la Asamblea Nacional , porque precisamente ahí están muchos de los que se benefician de lo señalado . La única opción posible , que el próximo Presidente , que deberá ser un ciudadano serio y honesto (Guillermo Lasso ) , convoque a una Consulta Popular , para que los ciudadanos cansados de tanta ignominia , con su voto , cambien radicalmente esta triste realidad .

  3. Si los políticos no entienden entre más de 280 movimientos, el voto opcional es el camino que queda. Nuevas generaciones lo valorarán. Así acabamos con la trampa de derecho – deber

  4. Excelente artículo. Eso explica por que, pillos como Juan Velasco se mueren por participar. Saben que aunque sea el cero cinco por ciento de votos que saquen les sirve para dizque sumar al que pase a segunda vuelta y con tremenda contribución sacar tajada ellos y su banda de asesores pillos en cualquier posición que los ubique el ganador. No puede haber mejor explicación, pues de andar tocando la guitarrita de pueblo en pueblo por cuatro centavos a manejar millones como en el ministerio de cultura hay una distancia mas que de aquí a la luna.

  5. Somos el hazmereír del mundo, 16 candidatos a presidente, en un diminuto y pobre país de apenas 16 millones de habitantes.
    Seguro estamos en Guinnes,

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