Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Qué votará el país ante la desesperanza?

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Si dos y dos son cuatro, a nadie debería sorprender que la campaña electoral no despegue. No lo hará. No hay condiciones para concentraciones, tarimas, fanfarrias, festones, banderas desplegadas y populistas blandiendo látigos o cinturones. En esto -al fin en algo- coinciden los sondeos: hay preocupación, hay temor, hay desesperanza. El pesimismo es, por ahora, el estado de espíritu más compartido por los ciudadanos.

El desencanto (para aquellos que consideraron que la bonanza sería eterna), el balance raquítico del gobierno de Lenín Moreno, la falta de empleo, la crisis económica, la inseguridad, el terror al coronavirus con su estela de muertos y afectados, la crisis económica, la perplejidad ante el embrollo electoral, el rosario de candidatos…  explican -como si hiciera falta- por qué la campaña electoral no despega. El país no está para fiestas. Y ese ambiente sombrío, que se agravará en enero, como usualmente ocurre tras los gastos de fin de año, incidirá en el voto del 7 de febrero.

Estas comprobaciones desembocan, como es natural, en las preguntas de siempre: ¿Qué harán los electores? ¿El cabreo los llevará a un voto castigo del establecimiento, favoreciendo así a outsiders de todo pelambre, incluyendo actores de segunda y aventureros? ¿O esta vez -porque alguna vez tendrá que ser- los electores privilegiarán los discursos sobrios más conectados con el principio de realidad y el sentido común? ¿Volverán al voto testimonial que aúpa la dispersión o, presionados por las urgencias, premiarán el voto útil que podría dotar al ganador de mayor legitimidad política?

No hay antecedentes que permitan articular respuestas. Esta elección tendrá lugar casi un año después de que el mundo entró en un confinamiento histórico. Ese hecho puso sobre la mesa elementos de la realidad-real que en muchos países erosiona los discursos ideológicos. Algunos conceptos mutaron: el rol del Estado, la salud e Internet como bienes de interés público, la producción privada y sus mecanismos, los métodos de trabajo y de enseñanza, los sistemas de solidaridad y protección…

El año de confinamiento puede ser visto como un año de vivencias y reflexión cuyo alcance sólo podrá ser medido cuando la vacuna ponga fin al coronavirus. ¿Cómo ha aquilatado esta experiencia tan brutal como extraordinaria la sociedad ecuatoriana? El resultado de las elecciones será un termómetro.  Si se juzga por el discurso de la vieja izquierda -economistas mamertos, sindicatos y Conaie incluidos- el resultado es decepcionante. Nada pasó: el FMI es lo más parecido a Drácula. El trabajo debe regularse por códigos laborales de hace cien años. El país nada en dinero y para solucionar los problemas basta con copiar la película de Robin Hood. Y en vez de conquistar mercados en el mundo, lo único que hay que hacer es estimular el consumo interno.

El gobierno de Lenín Moreno, con estrategas miopes, nada hicieron para contribuir a que, en este año de confinamiento, el ciudadano promedio tuviera más elementos sobre la condición global del país: cifras de las cuentas nacionales, del endeudamiento producto de la gestión del correato y del morenismo, consecuencias fatales del coronavirus sobre el empleo y la salud y, claro, también sobre la agenda urgente que deja la pandemia y la crisis fiscal. Todo esto como corolario natural al necesario acuerdo que el país debe hacer (y debía hacer desde hace lustros) para dinamizar la producción y el empleo, proteger el tejido social, poner coto al populismo que destroza al Estado y al erario nacional, potenciar las pocas oportunidades que tiene el país y proteger a los más desfavorecidos. Moreno no hizo ese trabajo. No sinceró las cifras: las ocultó. Como Correa. Y nunca explicó que el FMI, tan denostado, fue, curiosamente, la boya de salvación de su gobierno y del país, pues prestó 10200 millones de dólares… que han servido incluso para pagar funcionarios y gobiernos locales. No dijo, lo que es increíble, que el FMI pidió (violando la soberanía, dirán los correístas) que la Asamblea vote una ley contra la corrupción. A ese extremo ha llegado el país.

El baño de realidad, con eventos tan mortíferos como el coronavirus, tiene deprimido al país. No se sabe es si esto hará madurar a los electores. O los llevará a otra huida hacia adelante.

Foto: Criterios

2 Comments

  1. La situación de Ecuador no es normal y hace falta responsabilidad en las decisiones que tomemos.En 2021, en la primera o la segunda vuelta, todos los demócratas debemos unirnos para impedir que ingrese el populismo, aunque eso signifique hacer acuerdos con adversarios de toda la vida. Será imprescindible para que la pesadilla «revolucionaria» acabe para siempre.Hay antecedentes que Ecuador podría observar. A finales de los ochenta, la oposición a la dictadura militar en Chile logró unir a partidos de izquierda, centro y derecha comprometidos con la democracia. Esa alianza derrotó al dictador en el referéndum de 1988 y ganó en 1989 las primeras elecciones presidenciales libres desde el golpe de 1973.
    Si en Ecuador no fuese posible una concertación a la chilena, al menos debería haber un compromiso para enfrentar al pupilo del Mashi y apoyar a quien llegue a la segunda vuelta para derrotarlo.»El de las manos limpias» es muy hábil en sacar rédito político al resentimiento de los más necesitados con un discurso lleno de odio.Parece que su niñez y juventud lo golpeo’ muy duro.

  2. Para tener una idea de qué va a pasar en estas elecciones, necesariamente hay que retroceder en el tiempo: la elección para alcalde de Quito, el fraude que puso a Moreno en el poder y la última consulta popular; esos tres eventos, nos da una idea de que el correismo ya no tiene el poder que tenía cuando había bonanza y el pillo podía gastar el dinero a manos llenas y enriquecer a sus cómplices y conste que todavía la banda no había sido juzgada.
    Una vez analizados todos estos eventos, creo sinceramente que Lasso ganará está contienda electoral y de manera contundente, sea en una o dos vueltas y la verdad, de manera desapasionada, tengo ese pálpito; Arauz no tiene nada que hacer, logrará tal vez un 20 a 25% no más allá y en la segunda vuelta hasta podría sumar 10 puntos ese será el último clavo en el ataúd correista y nos tocará ahora si, reconstruir el país tras 14 años de corrupción y desastre económico.

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