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2021, ¿el año del reinicio?

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Cuando dábamos la bienvenida al 2020, nadie o quizás muy pocos en el mundo, podía prever lo que se vendría después de pocas semanas. Si bien en algunos círculos circulaba ya información divulgada por periodistas chinos -ahora encarcelados y condenados por ello-, era imposible imaginar la magnitud de la pandemia que terminaría por matar a casi dos millones de personas, clausuraría la vida cotidiana tal como la conocíamos, encerraría casi toda la humanidad y pondría la economía la borde del colapso.

Aún no tenemos muy claro lo que ha sucedido, porque la mayor parte de las reflexiones y el pensamiento que se ha generado alrededor ha estado marcado por una visión moralista que llega a un delirio casi medieval. Solo se debe reemplazar el “castigo de Dios” por el “castigo de Gaia”, y tenemos que la COVID-19 es “el desquite del planeta ante las atrocidades que comete la Humanidad contra su entorno”. O también la otra interpretación que es su prima hermana: “el egoísmo del capitalismo, la antinatural globalización nos han conducido a esta catástrofe”. Lo cual es muy curioso, cuando vemos que el origen está en un país con dictadura de partido único agravado por la absoluta ausencia de estándares de transparencia y libertad de expresión.

Pero aquí estamos, 1 de enero de 2021, con 1 millón 825 mil muertos y casi 84 millones de casos en 191 países y territorios, pero iniciando el Nuevo Año montados a lomo de la de esperanza que traen las vacunas que ya comienzan a entregarse por todo el mundo. Aún con lo terrible y doloroso de lo sucedido, de alguna forma es interesante mirar que incluso en los casos más extremos de mala administración de la crisis por parte de distintos gobiernos, de alguna manera, en lo macro, las cosas siguen funcionando.

Pese a lo nefasto que ha sido el populismo autoritario para manejar la pandemia, en casos como los de Estados Unidos, México o Brasil, la existencia de instituciones, organismos internacionales y consensos científicos ha servido para evitar una catástrofe de dimensiones aún mayores de lo que hemos visto. En los países desarrollados de Occidente, la fortaleza de la economía y de las instituciones estatales ha permitido sostener empleos y beneficios sociales, incluso con la entrega de cheques directamente a millones de ciudadanos. En Asia, varios países son modelos en el manejo de la COVID-19. África nunca fue la catástrofe que se esperaba y América Latina, pese a que ha sido el Continente cuyos gobiernos peor han gestionado la crisis entre todas las regiones del mundo, se ha podido preservar cierta estabilidad, aún bordeando el precipicio.

En el 2021, los mayores retos están allí. Es claro que los latinoamericanos no sabemos elegir bien y que contamos con sistemas políticos sumidos en hondas crisis. Ya para finales de 2019, la Región había vivido estallidos sociales de distinta dimensión en varios países, incluido Ecuador. En el 2020, la continuidad de esos estallidos se pausó como todo durante la pandemia. Pero, la situación, no ha hecho más que agravarse.

Lo previsible es que la mayor parte del mundo acelerará los procesos de vacunación masiva, y tratará de reiniciar vidas y economía lo más rápido posible, mientras en América Latina todo será mucho más lento, profundizando aún más el abismo. Se está viendo. La mayoría de gobiernos de la región no tienen planes claros de gestión de las vacunas y de los procesos de vacunación masiva. Será un sálvese quien pueda, situación en la cual volveremos a ver el eterno círculo de corrupción y brechas sociales que generará las condiciones para quienes puedan pagar por la vacuna o puedan viajar a un país dónde obtenerla fácilmente, se salvarán antes.

En Ecuador tenemos un proceso electoral cuya primera vuelta se debe realizar el 7 de febrero, una segunda vuelta en abril y el cambio de Gobierno en mayo. La campaña electoral en medios, oficialmente, arrancó este 31 de diciembre, aunque en la realidad estamos en campaña desde hace meses, aún sin papeleta electoral cerrada.

Pese a todos los problemas del proceso electoral y el lento y penoso ocaso del actual gobierno, un proceso electoral es siempre una oportunidad de reinicio y más aún si están, aparentemente, en competencia la continuidad de un modelo autoritario y corrupto vs. Los planteamientos democráticos y de reactivación económica.

César Ricaurte es periodista y director de Fundamedios.

2 Comments

  1. Excelente reflexión Don César.Sin ética, en nuestro diario vivir, imposible que prosperemos y peor si tenemos gobernantes insolentes e indolentes.Sin ética,un gobernante deviene en un ser amargado,rabioso e insoportable.El covid 19 como la corrupción han revelado el núcleo podrido de los farsantes que nos gobernaron por casi 15 años.Milton Friedman,premio Nobel de economia, más o menos deci’a » Pongan a un populista a gobernar el desierto del Sahara y en 5 años no hay arena.»

  2. Como siempre, Doctor Ricaurte, excelente análisis.

    Si supiéramos invertir de VERDAD en educación y tener la capacidad de concebir y planificar proyectos con un horizonte muy amplio, tal vez décadas o siglos por delante y, por supuesto, basado en la idea de los países nórdicos, la república de Dinamarca por ejemplo. Ahí, la gente es la más feliz del mundo, Transparencia Internacional la declara como el país menos C O RR U P TO, y todo gracias a la Educación, pero Educación de Calidad.

    Se debería tratar de hacer algo con una visión a muy largo plazo. Los ecuatorianos nos fascinan que nos mientan, somos muy buenos en ese tipo de pensamiento, mucho más de lo que nos imaginamos.

    Un ejemplo muy específico: ¿recuerda las dizqué Universidades emblemáticas, en donde aquí se formas los ¡MEJORES PROFESORES DEL MUNDO!! ? F A L S O.

    EL Sistema educativo en el país ya estuvo colapsado, en el período de gobiernos anteriores (Lucio y compañía, Noboa, Palacio, y con el heterosaurio Gadafi y su cómplice Moreno se remató y provocó un desastre, y por más de que la prensa independiente, nos informaba a cada momento lo que sucedía alrededor de todas las Funciones educativas, administrativas, etc, allí están las consecuencias. El país es un Estado fallido.

    Con esta pandemia devastadora en todo el mundo, los daneses no suspendieron las clases, sabían que podría llegar un efecto como lo que estamos viviendo, aunque en ese momento quizás no había una posibilidad muy elevada. Ese es un pensamiento a largo plazo, es el tipo de pensamiento que necesitamos: Educación, educación y educación.

    Países que de verdad, sí invierten en educación, país D E S A RR O LL A D O.

    Lástima, si Ecuador retrocede 100 años más.

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