Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Lassistas no; sencillamente demócratas

en Conexiones4P/Elenfoque por

Los populistas y autoritarios, entre ellos Trump, Bolsonaro, Chávez y Correa, lograron instalar en la realidad un imposible: que el mundo sea tan maniqueo como lo fue en el imperio romano. Si no eres trumpista, eres de Biden. Si no eres chavista, eres del imperio. Si no eres correísta, eres de Lasso. Así leen la política, así catalogan a los ciudadanos y, por supuesto, al periodismo. Fuera de esa disyuntiva no hay salvación.

Esa lectura que les es funcional solo deja vivos a los actores políticos que ellos necesitan como contrincantes. A los verdaderos actores y a todos aquellos que ellos trepan a la tarima. Y trepan a todos aquellos que no hacen parte de sus coros. Y al hacerlo, niegan la existencia de la sociedad, de los mediadores sociales, de lo colectivos cívicos, de las organizaciones sociales, de la prensa, de los colegios profesionales, de los gremios… No solo ellos. El populismo autoritario desaparece el interés general, el espacio público, los terrenos neutros de las mediaciones, la democracia participativa, las prácticas sociales, la deontología particular a cada colectivo, el debate… Todo queda reducido a esa lógica binaria y medieval en la cual salvan a sus amigos y para el resto (concebidos como enemigos) cabe todo tipo de atentados y patrañas pensando en desaparecerlos, en provecho de su lógica unívoca.

Eso hizo el correísmo. Así dejó al país. Y no hay posibilidad de ser sociedad civil, activista social, representante de una minoría o periodista. No. El que no es correísta, es empleado de Guillermo Lasso. Lacayo suyo. El mismo dilema vivieron las sociedades tras la cortina de hierro cuando empezaron a sublevarse contra los gobiernos comunistas de corte estalinista. Para esos gobernantes, si los activistas no eran comunistas, eran lacayos del capitalismo salvaje. Ninguno de los grandes disidentes (desde Solzhenitsyn, Pliutch, Bukovsky, Gorbanevskaya… hasta Václav Havel) cayó en esa trampa. Todos, a su manera, entendieron, escribieron y explicaron que los ciudadanos no pueden ser rehenes de ninguna visión maniquea. Y que las sociedades y sus ciudadanos existen y se fundamentan en valores y principios que están más allá de las lógicas políticas, el destino de los políticos (que son pasajeros) y sus idearios partidistas.

Es falso que los ciudadanos estén encerrados en el dilema ser correísta o Lassista. Correísta o nebotista. O cualquier otro apelativo. Y es falso porque los marcos democráticos de convivencia, de derechos, de principios, de respeto a las diferencias, de transparencia, de pesos y contrapesos no pueden ser instrumentalizados por los partidos políticos. No son de su propiedad. Esos partidos y esos líderes no pueden poner las sociedades y a los ciudadanos a su servicio. Es al revés. Por eso, las críticas y condenas a las que se hizo acreedor el correísmo no surgen de la lealtad al programa, la visión o el ideario de un político: provienen del conjunto de convicciones, valores y principios que sustentan el modelo democrático y el respeto de los derechos humanos.

Defender ese marco, ese modelo es innegociable. Ese es el referente que sirve para comparar los programas partidistas y las promesas electorales. Y no solo eso: también las prácticas que han tenido los actores políticos. Es indudable que el correísmo no sale bien parado en ese examen. El modelo que pregona no es condenable porque Lasso, o quien sea, lo critica: es condenable porque ya fracasó. Porque en vez de servir la sociedad, quiso someterla y desaparecerla. Porque ni cree ni respeta la pluralidad. Porque piensa ser el dueño del poder y lo quiere para siempre. Porque en vez de la complejidad prefiere el odio y el odio sistemático contra el contradictor. Porque no cree en la libertad de expresión, sino en poner la prensa a su servicio. O perseguirla. El país ya vivió todo eso. Ninguno de aquellos que se opuso al correísmo -entre ellos 4P- lo hizo por ser anticorreísta: se opuso porque el correísmo violentó la democracia, aupó la corrupción y persiguió a muchos ciudadanos.

Criticar el correísmo no es ser lassista: es ser demócrata. Porque si Guillermo Lasso, o Yaku Pérez, llegaran al poder y atentaran contra el marco democrático, deben ser sujetos de las mismas condenas y las mismas críticas. No, el país no está en el dilema de ser correísta o ser Lassista, como quieren hacer creer los amigos de Arauz y Rabascall.

El único dilema que tiene Ecuador es saber si quiere defender la endeble democracia y tratar, cuidando a los más vulnerables, de sacar adelante al país. O seguir apostando a ser el eterno desmemoriado.

Foto: El Telégrafo. 

9 Comments

  1. Gracias por decir sin tapujos lo que muchos opinamos. Debemos votar por la democracia, por la opción que respete los derechos de todos y sepa como gobernar.

  2. Personalmente no me importa que me llamen lassista, nebocista, derechoso o lo que sea por defender con mipensamiento y mi voto la democracia en mi país pero entiendo perfectamente que como libre pensador se debe mantener los escrúpulos y aclarar su línea editorial o de pensamiento ante los continuos ataques de troles e hinchas del totalitarismo disfrazado de «progresismo».
    Muchos de sus lectores quedamos a a la expecativa de su próximo artículo de la excelente serie: ¿qué pasa si gana Guillermo Lasso?, agradecemos los continuos aportes de 4pelagatos a la lucidez y la libertad en el Ecuador.

  3. Cuando la indecencia a gobernado 14 años, se niega a dejar el poder que considera suyo, e ahí que por mas malo que haya sido el gobierno de Moreno , le debemos haberse sacudido del dueño del piais, y haber puesto en la cárcel al segundón de Glas y su secuaces , ya es digno de entrar en la Historia de hombres ilustras en el Ecuador.

  4. A rechazar en las urnas a estos populistas , demagogos , autoritarios y seudo revolucionarios , y a votar de manera contundente por GUILLERMO LASSO !!!!!!!!!!

  5. No olvidar tampoco el populismo narcoparamilitar de Uribe, en Colombia. El caso es que existen dos razones para evaluar la posibilidad de votar por Lasso. La primera, el resto de candidatos son una vasta y profunda expresión de feliz ignorancia en pos de una aventura de alto riesgo para el país. Es decir: caer en manos de uno de ellos. Y la segunda, el más perverso criminal que engendró este país le robó las últimas elecciones presidenciales de la manera más ramplona imaginable. En otras palabras: en buen romance, Lasso debió haber gobernado los pasados cuatro años.

  6. Los pseudos revolucionarios confunden libertad con libertinaje,paciencia con intolerancia,humildad con sometimiento y no se dan cuenta que en un mundo civilizado todos somos iguales en dignidad y derechos y dotados como estamos de razón y conciencia debemos comportarnos democraticamente.Muchos de nuestros políticos buscan el poder por el poder y al poderoso caballero DON DINERO. Que’ les importa el pueblo…lo que buscan son sus bastardos intereses.

    • Claro que lo entienden.. lo entienden perfectamente.. la conocen pero no les conviene…. la democracia no es lo que buscan quieren que pseudo escogidos por los Dioses.. gobiernen indefinidamente nuestros paises. VIVAN LAS MONARQUIAS DEL SIGLO XXI !!!!!

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba