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El debate imposible y sin antena a tierra

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Causa curiosidad el número de decepcionados que dejó el debate de El Comercio con los candidatos presidenciales el fin de semana. Algunos se fueron contra los candidatos; otros contra los organizadores. Hay ciudadanos desilusionados por haber dividido a los candidatos en dos grupos. Por no haber profundizado los enunciados recitados como lección de escuela. Por no haber escudriñado cómo van a ejecutar lo que prometieron. O por haber limitado el debate a cuatro temas…

Pero causa curiosidad el número de decepcionados porque lo que ocurrió estaba anunciado: poner a debatir a 16 candidatos (14 se presentaron) es imposible aquí y en cualquier parte. A menos que el país se paralizara algunos días… Además, hay en la lista de candidatos personajes que nadie sabe por qué están allí. Isidro Romero, por ejemplo. En el primer minuto, él perdió 44 segundos reconviniendo a Guillermo Lasso por no haberlo saludado. No es un accidente. Él es así. Chabacano, ridículamente pomposo, vacío. Se encargó de ratificar los temores que sembró desde que apareció con traje de presidenciable.
Giovanny Andrade probó que es el defensor de la minería y que cuando se extravía en otros temas tiene problemas de sindéresis y las palabras le son esquivas. Gerson Almeida corroboró, con creces, que un pastor nada tiene que hacer en una papeleta presidencial. César Montúfar certificó que un candidato que no logra ganar una alcaldía, debe perseverar en vez de aspirar a la Presidencia. Carlos Sagnay es una contradicción insalvable: se pone de ejemplo de transparencia siendo el candidato del partido de Abdalá Bucaram… Paúl Carrasco quiere ser presidente tras haber perdido la prefectura del Azuay y llegó al debate presidencial convertido en maniquí de exhibición de bisutería artesanal.

Formas y contenidos, imagen y discurso, lemas y gestos… Es obvio que la presentación de los candidatos ante sus pares y ante las cámaras se presta a una multiplicidad de miradas. En el campo del discurso hay pendientes análisis lingüísticos, retóricos, argumentativos, estratégicos… Lo cual facilita la comprensión de la propuesta política de cada candidato. Sin embargo, muchos de esos discursos fueron de una simpleza monumental. Oír a Carlos Sagnay decir, por ejemplo, que bajará las tasas de interés al 2% y 3%. Oír a Romero decir que traerá la mayor inversión extranjera de la que tenga memoria el país… De estas ofertas, hubo rosarios. Los ciudadanos que las oyen deben preguntarse por qué si es tan sencillo, los gobiernos no lo han hecho.

Sagnay por supuesto sabe que las tasas de interés no bajan por decreto. Y Romero debe saber que para que venga la inversión, debe bajar el riesgo país, desaparecer el impuesto a la salida de capitales, cambiar la legislación laboral, ofrecer ventajas tributarias, fortalecer la seguridad jurídica… No lo dicen. Y nadie les empuja a que lo hagan. A que vuelvan complejo lo que parece tan simple.

El formato del debate en este punto, sí tiene problemas. Porque en vez de formular preguntas abiertas que invitan a respuestas plagadas de generalidades, un debate con tan poco tiempo debería invitar a respuestas concretas en las que se incluya el qué, el cómo, el cuándo y con qué dinero. No serían muchos los temas debatidos, es cierto, pero ese ejercicio permitiría evaluar el conocimiento del candidato, la forma de abordar un problema, encarar su solución, planificar ese proceso e insertarlo en el presupuesto real del país. No en sus sueños.

Decir, como dijeron Guillermo Lasso o Gustavo Larrea, entre otros, que hay que cambiar el modelo de contratación pública, se antoja una propuesta pertinente. Pero, ¿qué quieren modificar exactamente? ¿En qué modelo probado se están inspirando? No lo dijeron. Si esa es una herramienta para detener la corrupción en el Estado, vale la pena que el formato del debate obligue a los candidatos a concretar sus propuestas. Nadie lo hará si solamente se pregunta qué quieren hacer. Maravillas, es obvio. Más aún si nadie les pone antena a tierra. Y de eso se trata cuando de por medio está poner en manos de alguno de ellos el destino del país, durante cuatro años.

Foto:  El Comercio.

3 Comments

  1. Si tan viable creen los candidatos que es su programa de gobierno, deberían notariarlo asumiendo que su incumplimiento, evaluado a los 2 años de gobierno, daría lugar a su inmediata renuncia.
    Deberían los candidatos explicar si en su organización cuentan con alrededor de 5000 personas probas y capaces para desempeñar, durante los 4 años de gobierno, los cargos de libre nombramiento y remoción que competen al Ejecutivo, y no estar compartiendo las conocidas y corruptas cuotas de poder con otras organizaciones.

  2. Es lamentable decirlo pero ciertos sectores de la prensa no aprenden y más allá de las buenas intenciones, siguen cometiendo los mismos errores cuando convocan a un debate, que de debate tuvo lo que yo de astronauta.
    Hace 4 años, cuando el delfín (hasta ese entonces) del prontuarido Correa ofreció maravillas: construir 350.000 viviendas y de esas, regalar la mitad a los más pobres; bono universal de $ 150,00; construir 40 universidades y limpiar el país de la corrupción a todo nivel, jamás hubo algún periodista acucioso que le preguntara al menos por compromiso de donde sacaría el dinero suficiente para cumplir sus ofertas, nadie lo hizo y con fraude y todo, el incompetente no cumplió nada de lo ofertado, al contrario, la corrupción se multiplicó y la pobreza aumentó y esa lección no aprendieron los organizadores del debate, debate? Eso fue un remedo de ofertas de campaña llenas de demagogia e inclusive con garrafales errores de dicción; aparte de la consabida lógica de Lasso y la retórica medio seria de Larrea, el resto de «presidenciales» daban pena por sus ínfulas para ofrecer algo mejor que el de al lado.
    De ese ramillete digno de un circo, hay que destacar la soberbia y vanidad del «catalán» Romero: este tipo que no conoce ni la provincia que lo vio nacer (Chimborazo), ahora quiere ser presidente de su país sólo para demostrar que la plata manda en toda instancia, sin importar que hasta habla como español, joder!!.

  3. Se debió abordar la discusión con otro enfoque. No tiene sentido reunir a 6 candidatos para que respondan lo que quieren hacer sin cuestionar sus propuestas, porque solo en el cuestionamiento aparecerá la realidad de sus planes, su sostenibilidad que bien sabemos entre nos es muy pobre.
    Lo apropiado era darle un espacio de dos horas a cada candidato para que exponga sus planes en economía, seguridad, política social, medio ambiente. No más. Hubiese invitado a un panel de periodistas escogidos al azar con estudiantes universitarios y docentes públicos y privados para que en conjunto cuestionen los planes de cada candidato. En ese ejercicio creo que hubiese salido la verdadera naturaleza de los candidatos si nos dejamos de sandeces y aplicamos realismo puro a esta elección.
    Y no era algo imposible. En la semana se podia asignar unos tres días a la discusión, esto es tres candidatos distribuidos uno el martes, otro el jueves y uno el domingo. Pero no se hizo.
    Claro, el comercio también necesitaba hacer pantalla del evento como si se tratara de una premiación de los Óscar, lo cual es ridículo si entendemos que estas elecciones definen el futuro del Ecuador.
    Una lástima, espero que en la segunda vuelta los candidatos tengan el tiempo para exponer y desnudar sus verdaderos planes.

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