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El acertijo del nivel de la deuda pública

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El nivel de deuda pública de un país, interna y externa, generalmente se mide en relación a su producción anual. Por la deuda se pagan intereses y las amortizaciones del capital. Es secular la discusión del nivel adecuado de deuda de los países, hoy, muchos de los eternos axiomas sobre el nivel de deuda pública y su sostenibilidad se han vuelto carentes de sentido ante las destrucciones económicas, fiscales  y sociales producto de la pandemia.

Todo déficit fiscal representa más deuda pública. Para enfrentar los desequilibrios producidos por la pandemia, los déficits fiscales en la generalidad de países del mundo se han desbordado, impulsando a la deuda pública a niveles nunca vistos desde la segunda guerra mundial. En países como Italia, España, Grecia, Portugal, EEUU y otros, la deuda/PIB será superior al 120 %. Japón convive con una deuda pública superior al 200 % del PIB.

El déficit fiscal global se produce cuando los gastos superan a los ingresos. Si los ingresos son menores que los gastos, excluyendo el pago de los intereses de la deuda, se obtiene el llamado déficit primario. Si los ingresos son superiores a los gastos, excluyendo el pago de intereses de la deuda, se obtiene el llamado superávit primario. En la teoría económica se asume que los superávits primarios son imperativos para la sostenibilidad de la deuda pública. Mientras más bajos sean los intereses de la deuda pública en relación con el crecimiento de la economía, menor será el saldo primario necesario para que la deuda sea sostenible.

La generalidad de países europeos puede sostener elevados niveles de deuda pública/PIB por cuanto el Banco Central Europeo ha anclado los tipos de interés en extremos inusualmente bajos. El rendimiento de la deuda pública de Japón es del 1 % desde hace una década. Dinamarca y otros países tienen tasas de interés negativas, menores que la inflación, lo cual produce la denominada represión financiera. Hay quienes argumentan que más allá del tamaño de la deuda, es importante la calidad de la misma y la solidez de la economía que la respalde.

El Ecuador desde hace varios años, décadas, ha mantenido importantes déficits primarios, en consecuencia, han sido reiterados los impagos de la deuda pública externa. Desde 2014 la economía creció cada vez menos, hasta el 0,1 % en 2019. Mientras, se emitieron bonos basura con tasas de interés de hasta el 10,75 %. Al mismo tiempo, los déficits primarios fueron cuantiosos. Era evidente la insostenibilidad de la deuda pública.

En 2020 la pandemia profundizó los saldos rojos. La economía decreció alrededor del 9 % y el déficit primario del presupuesto se acercó a los $4.000 millones. Los bonos basura fueron reestructurados y comenzó otra historia. El bono soberano 2040 por $3.403 millones tiene una tasa de interés de 0,5 % en 2021, llega al 5 % en 2025 y se estabiliza en el 6,9 % desde 2030. El bono soberano 2030 por $3.701 millones, comienza con el 0,5 % de interés en 2021, aumenta al 5 % de interés en 2022 y se estabiliza en el 6,9 % de interés a partir de 2025. El bono soberano 2035 por $8.459 millones demanda una tasa de interés de 0,5 % en 2021, alcanza el 5,5 % de interés en 2025 y se estabiliza en 6,9 % de interés a partir de 2027.

En el período 2021-2025 el Ecuador no tiene otra opción que no sea institucionalizar la sostenibilidad de la deuda pública, por tanto, la sostenibilidad fiscal. Si bien en el presente año las tasas de interés de los bonos basura son en promedio 0,5 %, algo inferiores al esperado crecimiento de la economía, persistirá un déficit primario superior a los $3.000 millones, incompatible con la sostenibilidad de la deuda pública/PIB, ratio que en 2020 aumentó 12 %.

Urge a partir de 2022 cambiar el color del saldo rojo primario, anhelo solo posible con mayores ingresos tributarios y un menor gasto público. De otra parte, si el promedio de tasas de interés de los bonos basura en 2022 será 2,2 % y alcanzará el 5,8 % en 2025, es imperativo que la economía crezca a tasas elevadas superiores a las tasas de interés. Recordemos que a partir de 2026 comenzarán pagos importantes de intereses y capital de los bonos reestructurados.

Si la economía no crece progresivamente en los próximos años, a la par que conforma el superávit primario, estará latente la posibilidad de volver a no pagar la deuda externa en 2026. Si en el mediano plazo serán titánicos los esfuerzos para que la economía crezca por encima del 5 % y mantener superávits primarios, tasas de interés superiores al 6 % ya lucen incompatibles con las perspectivas económicas y fiscales del Ecuador. En este entorno, el nivel de deuda pública/PIB compatible con la realidad del país, es un acertijo. En cambio, es una certeza que el país debe conseguir superávits primarios y reducir el ratio deuda/PIB por debajo del 40 %.

El relato que antecede, en extremo técnico y complejo, enfrenta el imperativo de ser asimilado por la sociedad y armonizado con la satisfacción de las crecientes demandas sociales magnificadas por la pandemia. Dicho de otro modo, preservar la sostenibilidad fiscal y de la deuda pública, al tiempo que las exigencias en educación, salud, bienestar social, seguridad pública y otras demandas sociales, se someten a las limitaciones del inevitable rigor fiscal. La respuesta: GOBERNABILIDAD.

Jaime Carrera es economista

2 Comments

  1. THE NEW YORK TIMES.

    El ‘sálvese quien pueda’ electoral no sacará a Ecuador de la crisis.La campaña electoral en Ecuador ha revelado el estado actual del país: se vive un espíritu de resignación y apatía.
    Ecuador está ya adentrado en el ciclo electoral. El 7 de febrero serán las elecciones generales —en las que se elegirá al nuevo presidente y a los miembros de la Asamblea Nacional— y el camino para llegar a ellas ha sido revelador. Nos ha mostrado el estado actual del país: con las elecciones a la puerta, y en medio de un panorama económico y de salud desolador, en Ecuador se vive un espíritu de resignación.Ya, qué chuchas’”. Ese “ya, qué chuchas” significa “ya nada importa”. Sin alternativas políticas con plataformas claras en medio de una sobreoferta de opciones en la boleta, la frase accidentalmente condensa el espíritu de la democracia en Ecuador rumbo a las elecciones: apatía, escepticismo y desgaste. En Ecuador no existen 16 visiones de país. Tampoco hay una contienda de ideas y proyectos, sino la “ley del sálvese quien pueda” entre la clase política y la indiferencia de una parte de la población (aunque el 90 por ciento de los encuestados en un sondeo opina que el rumbo del país está equivocado). El voto “ya, qué chuchas” es una advertencia de lo que sucede cuando la democracia y sus instituciones pierden credibilidad. Una cultura democrática débil cede terreno, voz y legitimidad a las propuestas más estridentes y demagógicas. Es un peligro real ante el que estamos ahora los ecuatorianos.
    La falta de alternativas se puede traducir en una democracia frágil en medio de un escenario poco favorable: con el desafío sanitario de la pandemia y la economía profundamente golpeada en 2020. Según el Banco Mundial, la ecuatoriana fue la tercera economía que más decreció de Sudamérica el año pasado.
    La frase que le endilgó Lasso al voto por Noboa se convirtió en un espejo para Ecuador. Por un lado, refleja una disputa entre las fuerzas políticas dominantes de los últimos diez años y, por otro, el caos. Y, entre los ciudadanos, un cierto aire de apatía reflejado en el voto nulo y el escepticismo.

  2. En países como Italia, España, Portugal, EEUU y otros, la deuda/PIB será superior al 120 %. Japón convive con una deuda pública superior al 200 % del PIB.Todos estos países manejan con mucha responsabilidad sus economías, lo que no sucede en nuestro pais.No soy partidario de traer más deuda, esto da lugar a corrupción.Mejor traer capitales extranjeros, que inviertan en nuestro pais,asegurando un menor costo de producción comparado con nuestros vecinos y sobre todo SEGURIDAD JURIDICA.Lo importante es reactivar la economía sin olvidarse que tenemos un ejército de pobres que necesitan alimentarse todos los días.

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