Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Campaña: más de lo mismo

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Como era de esperarse, la campaña electoral comienza a abrumar la cabeza de los ecuatorianos; y lamentablemente, con más de lo mismo. Entre frases vacías, versos destemplados y bailes de tick tock, los ciudadanos van  poco a poco perdiendo la esperanza de ver  políticos que se toman en serio el ejercicio de la política, más aún en momentos de COVID 19.

Es evidente que los consultores políticos están haciendo su agosto, y les están dando consejos desatinados a los candidatos, haciéndoles cometer grandes errores, porque ser buen paso no garantiza nada cuando se ejerce un cargo tan importante como la Presidencia, por ejemplo. Además, parecería que se minimiza a la juventud, creyendo que su voto se gana haciendo el ridículo en redes sociales; cuando en realidad, no saben que hay una masa crítica bien interesante en ese grupo etáreo que sí espera recibir planteamientos de altura.

La realidad política, económica y social del Ecuador, daba de largo, para que quienes estaban genuinamente interesados en alcanzar un cambio cualitativo en esas tres dimensiones trabajen propuestas técnicas posibles y alcanzables.

La pandemia ha desnudado los problemas que hay que resolver, e incluso, muchos de ellos los ha  profundizado. La sofisticación de la corrupción requiere pensar medidas serias para combatirla; la violencia de género es otra pandemia social; la pérdida de empleos amerita un análisis cuantitativo y cualitativo de planes de  reactivación económica; la salud está en permanente emergencia y la educación refleja la enorme inequidad social que reina en el país. Estas elecciones,  por lo tanto, eran una buena oportunidad para que los ciudadanos puedan recibir propuestas para mitigar estos  problemas y los políticos se luzcan con proyectos innovadores y ejecutables.

Para muestra de las realidades que hay que cambiar, se puede citar como ejemplo la situación de los  sectores rurales, especialmente el acceso a la educación de los niños. En pleno siglo veintiuno, la ausencia de tecnología ha hecho prácticamente imposible continuar con su educación y muchos de los niños rurales han desertado del sistema educativo por no poder acceder a redes de internet.

A propósito de esto, viene a la memoria el inocente relato que  los ecuatorianos pudieron escuchar en un audio que recorrió el país entero. Este, nos mostró una foto de la realidad de los niños en la ruralidad, que tienen que combinar sus quehaceres agrícolas con el  chispazo de educación que les llega por un celular básico.

Esa estampa de la desigualdad y pobreza en la que se debate la niñez, es un duro ejemplo que podría ser tomado como motivación suficiente para que los candidatos trabajen en un plan y propuestas serias de alivio de pobreza.

Sin embargo, hasta ahora, -salvo muy contados candidatos-, los actores políticos que han intervenido en los espacios de debate, no logran dar pie con bola. 16 almas aspiran a Carondelet y, casi todos, inundan sus discursos con lugares comunes y muestran la poca preparación de sus propuestas. Los hay también aquellos que se burlan de la ciudadanía y pretender vendernos canciones como mensajes democráticos y los otros que no quieren debatir.

Así las cosas, estamos en una disyuntiva grande. Votar con responsabilidad hoy más que nunca es vital para el país. Hasta ahora, se podría decir que hay algunas pistas de por quién no hay que votar: sin lugar a dudas por aquellos que su pereza no les ha permitido pensar en soluciones claras y efectivas y cuyas ofertas no son otra cosa que más de lo mismo.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA. 

1 Comment

  1. Gracias por poner en palabras un sentimiento que comparto y preocupa. En el último debate (15 de enero) ante preguntas específicas, algunos candidatos respondieron con la pregunta y se fueron por las ramas. Otros con un discurso aprendido de memoria. Uno más pillado en un plano abierto, buscando entre papeles las respuestas y un último que no alcanzo a decir parte de su discurso y utiliza el comodín. Una pobreza de ideas y planes. Cómo dicen por ahí…que Dios nos coja confesados.

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