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Nadie está sobre la ley

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Los recientes acontecimientos en Estados Unidos ponen a prueba algunas de las premisas fundamentales de la institucionalidad republicana, como ningún otro acontecimiento en su historia reciente. Los disturbios de la toma del Capitolio por una turba azuzada por el presidente Trump retratan el dilema al que se enfrenta la institucionalidad democrática norteamericana.

Estos eventos tensan los hilos del sistema cerca de su punto de quiebre y ponen contra las cuerdas los supuestos básicos sobre los cuales se ha construido la sociedad norteamericana. Entre los más importantes el de la democracia como un valor supremo y el  reconocimiento de que nadie está sobre la ley. Y decir que nadie esté sobre la ley no es un mero enunciado. Es sobre todo el reconocimiento expreso de la independencia judicial y la funcionalidad del sistema de pesos y contrapesos constitucionales.

Sin embargo la excepcionalidad de estos eventos de inicios de enero sorprendieron a Estados Unidos dejando a muchos sin referencia para el análisis. Lo que ha obligado a mirar hacia latinoamérica para explicar la naturaleza de estas revueltas y las características de los autócratas y figuras mesiánicas que las promueven. Así  de repente, la región latinoamericana aporta en el siglo XX y XXI una la larga lista de líderes autocráticos, dictadores y  caudillos  de derecha e izquierda para el estudio, que ayudan a predecir lo que podría ser el futuro de ese país, en ausencia de contrapesos institucionales y de un poder judicial altamente independiente.

Se conoce que cuando los autoritarios y caudillos persisten en sus afanes por alcanzar el poder, la democracia se debilita. Y si estos autoritarios o caudillos logran acumular suficiente poder para proteger sus intereses, erosionan el sistema democrático, creando excepciones para ellos en leyes y normas. Buscando desconocer los resultados de una elección legítima, acumulando poder, buscando quedarse más tiempo a través de alargar sus periodos o enmendando las constituciones para ser reelegidos. Esto lo hacen también para librarse de la justicia. Acá en la región es cuento viejo. En la historia reciente lo han intentado presidentes como Uribe, Evo Morales, Fernández de Kirchner y Rafael Correa, entre otros. Y ahora en Estados Unidos, Trump.

Si a los primeros atisbos de autoritarismo y abusos de poder, como el ataque al poder judicial y la persecución a la prensa y otras libertades, éstos pudieran ser removidos de sus funciones siendo procesados con un sistema que trabaje sin excepciones, se cree que se pudiera evitar todo lo que viene luego.

Pero no es fácil. El sistema tiene que funcionar como un reloj y ser altamente respetado por todos los sectores políticos. Implica un renunciamiento responsable sin cálculos e intereses políticos. Eso es lo que la lección latinoamericana deja en claro ahora a Estados Unidos. Que solo hay una oportunidad para hacer bien la tarea en materia de autoritarios y caudillos. Si estos no son sancionados con todo rigor sentando así un precedente, con certeza regresarán por más poder en un interminable espiral populista altamente desestabilizador. Esa es ahora la tarea del país del norte.

Y de eso podemos dar fe hoy en el Ecuador, donde los caudillos y autócratas ya no solo buscan acceder de forma directa al poder, sino  que incluso lo intentan mediante obsecuentes terceros que prestan el nombre. Lo hizo Cristina Fernández, Evo Morales y es lo que ocurre acá con la candidatura de Andrés Arauz.

Sobre esto precisamente escribe la  renombrada revista Foreign Affairs estos días. Ojalá pudiéramos seguir el consejo que sale de  nuestra propia historia latinoamericana: a los autócratas y caudillos no se les puede dar una segunda oportunidad, explica la publicación. Estos deben primero saldar sus deudas con la Justicia ya que solo esto fortalece la democracia.  Sin excepciones por partidos o ideologías porque no podemos olvidarnos que la democracia es el valor supremo. Y  que nadie está sobre la ley.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

2 Comments

  1. Bueno, esos países fundamentan su desarrollo en la disciplina. Por estos lares, el Homo sapiens es más desarrollado; los más sapiens evolucionaron a H. sapos y estos al Homo politicus y así: «Hecha la Ley hecha la trampa». Basta revisar el fichero electoral, individuos con cuentas pendientes con la justicia en el listado de aspirantes para seguir «enalteciendo» a la patria. Sentenciados, de iconos de partidos políticos que en grandes mallas publicitarias los agrandan más. Porque no importa la «capacidad moral», que en otros países sirve para destituir presidentes, las instituciones creadas para vigilar la idoneidad de los candidatos «no pueden obstaculizar la participación y poner límites a los diferentes movimientos políticos» y coartar sus aspiraciones «de servir a la patria» . Creo que la diferencia parte desde el origen: acá, don Colón, el descubridor de América, vino acompañado de tripulantes reclutados en las cárceles. Que el pueblo aguante no más la carga de los cargosos.

  2. Concuerdo y qué pena que nuestra región está llena de estos parásitos populistas que pueden «dar cátedra» sobre cómo destruir la democracia y el imperio de la ley a favor de sus mezquindades y perversiones. Ojalá que nuestro país se salve en estas elecciones de estos ineptos, corruptos e inmorales que desdichadamente son mayoría en la papeleta electoral.

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