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Explorando el futuro post pandemia

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El coronavirus casi paralizó las actividades económicas de todo el mundo: comercio, turismo, inversiones, construcción, servicios financieros y múltiples actividades del quehacer económico de los países. Aún persiste el dilema no resuelto para encontrar el equilibrio entre defender la vida y la economía. Las vacunas son un paso gigante para vencer la pandemia. Sin embargo, la incertidumbre sobre el futuro de la humanidad post pandemia hiere nuestros destinos.

No cabe duda de que el mundo post pandemia será distinto, con otras relaciones económicas y sociales, y una mejor apreciación del valor de nuestras vidas. Nouriel Roubini, el economista que predijo el colapso financiero de 2008, incursiona de nuevo en el apasionante ejercicio de imaginar el futuro económico del mundo.

Para Roubini, hace rato que el mundo caminaba hacia una “tormenta perfecta” de desajustes financieros, económicos, políticos y sociales. El coronavirus ha sido  un trágico agregado en esta dirección. En consecuencia, durante toda la década de 2020, el mundo profundizará su camino hacia la desglobalización y la automatización. Aún si en este año se observará cierta recuperación, una “gran depresión” en forma de L podría marcar la economía mundial durante esta década. Roubini sustenta su predicción en diez tendencias ominosas y peligrosas.

Para enfrentar la pandemia los países han exacerbado sus déficits fiscales, en algunos casos con aumentos superiores al 10 % del PIB. Los niveles de endeudamiento, que ya eran elevados, pueden volverse insostenibles y ocasionar episodios de cese del pago de las deudas.

La pérdida de ingresos en innumerables hogares y empresas puede impulsar las deudas del sector privado a niveles insostenibles, lo cual podría conducir a defaults en masa y bancarrotas. Tal perspectiva, agregada a la elevada deuda pública podría conducir a una más anémica recuperación económica que la consecuente de la gran recesión de hace una década.

Una mayor esperanza de vida en las economías avanzadas es una bomba de tiempo demográfica. Se debe destinar más gasto público a los servicios de salud, atención médica universal y otros imperativos servicios públicos. Como la mayoría de países desarrollados tienen sociedades envejecidas, tales gastos agigantan los desfinanciamientos de los sistemas de salud y seguridad social.

Existe un creciente peligro de deflación. La crisis, además de provocar recesión, ocasiona el aumento de la capacidad ociosa de máquinas y equipos. El desempleo crece. Colapsan los precios de los commodities como el petróleo y los metales industriales. Por tanto, la deflación es una cierta probabilidad, acompañada de un aumento en el riesgo de insolvencia.

Se avizora también la disrupción digital de la economía. Millones de personas han perdido sus empleos o trabajan pero ganan menos. Las brechas de ingresos y riqueza en la economía del siglo XXI se ampliará. Para protegerse de los golpes en la cadena de suministros, las economías avanzadas volverán sus miradas a los mercados internos. Se acelerará la automatización con la inherente presión a la baja de los salarios. Se avivará la llama del populismo, nacionalismo y xenofobia.

La desglobalización es otra tendencia a considerar en el futuro, con la balcanización y fragmentación. Según Roubini, los EE UU y China serán los primeros en separarse. La mayoría de países adoptará políticas proteccionistas a fin de ofrecer a las empresas locales y trabajadores un escudo contra las disrupciones globales.

En el mundo post pandemia habrá limitaciones más estrictas a la circulación de bienes, servicios, capital, trabajo, tecnología, datos e información. Algo similar ya ocurre con las restricciones a la exportación impuestas por los gobiernos en los sectores de fármacos, equipos médicos y alimentos, a fin de responder a la crisis.

Habrá reacciones contra la democracia. La debilidad económica, desempleo masivo y creciente desigualdad, son caldo de cultivo para líderes populistas. La intensa inseguridad económica puede convertir a los extranjeros en chivos expiatorios de la crisis, al impulsar propuestas para restringir las migraciones y el comercio.

Otro importante devenir puede ser el duelo geoestratégico entre los EE UU y China, el cual intensificará el desacople entre los dos países en cuanto al comercio, tecnología, inversión, datos y acuerdos monetarios. También puede estar en ciernes una nueva guerra fría entre EE UU, Rusia, Irán y Corea del Norte. Otro riesgo futuro será la disrupción ambiental. Las pandemias y los numerosos síntomas mórbidos del cambio climático serán más frecuentes, con más caos económicos que una crisis financiera.

Para Roubini los elementos citados pueden combinarse en una tormenta perfecta que podría arrastrar a la economía global a una década de desesperanza. El Ecuador tiene sus particulares y profundos desajustes económicos, sociales e institucionales, que debe superar en los próximos años. Para hacerlo, no puede soslayar los retos globales citados por Roubini. Esta no es tarea para los populismos con su estela de destrucción. La decisión para salvar al Ecuador está en el voto responsable de cada ciudadano el 7 de febrero.

Jaime Carrera es economista.

2 Comments

  1. Los países desarrollados pueden emitir deuda a baja tasa de interés y producir un gran impulso fiscal que es la receta para salir de la crisis sanitaria y fiscal. El servicio de la deuda es mínima que no afectara’ a la poblacion.Para gozar de este privilegio tenemos que ordenar nuestra economía de suerte que el riesgo país se ubique alrededor de los que tienen nuestros vecinos.De esta manera generamos confianza para que los inversionistas vengan e inviertan con reglas claras y si desean someterse a la justicia exterior hay que aceptarlo por que la nuestra es coja y en ciertos momentos corrupta.En el momento que los organismo internacionales,NO LENIN MORENO QUE ES MENTIROSO, nos digan que en Ecuador hay cero corrupción entonces podemos endeudarnos para reactivar la economía.Endeudarse no es malo siempre y cuando se maneje con prudencia y responsabilidad.

  2. Muy interesante! Seria conveniente desmenuzar las implicaciones en el Ecuador y en Latinoamérica.

    El aspecto central es el colapso de sectores enteros de la economía (turismo, transporte, construcción, manufactura), el cual se ha expandido a los demás sectores (servicios profesionales, seguridad social, banca). El resultado es desempleo masivo. Pero no solo eso, sino también la explosión de la delincuencia, la violencia doméstica, y el crimen organizado.

    Para atacar el problema hay que entender que…. el desempleo NO fue causado por el virus sino por las restricciones impuestas por los gobiernos. Evidencia #1: el hundimiento del turismo a causa del estado de emergencia decretado por el gobierno para el navidad y año nuevo.

    Es obvio que estamos ante una Gran Depresión.

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